No se puede ser antiuribista y chavista al tiempo. Es una absoluta contradicción. No entiendo cómo alguien puede afirmar que Uribe es un dictador autócrata y en cambio Chávez es el guardián de la revolución, el salvador del pueblo. La segunda reelección de Uribe es mala, pero la reelección indefinida del caudillo de al lado es buena. ¿Por qué la Revolución bolivariana, que no cree en la separación de poderes ni en la libertad de prensa, ni en el disenso, les gusta? Si piensan hacer una revolución, es muy triste que su modelo sea tan machetero y chambón como el llamado Socialismo del siglo XXI. Chávez además es burdo e ignorante, no se hace muchas preguntas, está convencido de su importancia histórica. Aquellos que sienten devoción por Chávez están a favor de algo tan perverso como la derecha troglodita que dicen combatir.

Es necesario trazar una línea y dos bandos. No me refiero a derecha e izquierda. Me refiero a que de un lado estamos quienes repudiamos el asesinato indiscriminado, el genocidio de indígenas, las minas antipersona que mutilan niños, los atentados con bombas y el asqueroso, repugnante y moralmente injustificable crimen del secuestro. No se puede decir, como desafortunadamente lo hizo Carlos Gaviria alguna vez, que "las Farc usan el terrorismo, pero no son terroristas". Me revuelve el estómago cuando el senador Dussán dice que el Polo "no es amigo de las Farc, pero tampoco es enemigo de las Farc". Lamento también que el señor Athemay Sterling, militante del Polo, llamara "prisioneros de guerra" a los secuestrados. Encuentro muy triste que Piedad Córdoba hubiera hecho una elegía de ‘Tirofijo‘ en una de las tantas incendiarias declaraciones. (Celebro la Piedad 2009 seria y discreta). Me molestó el tibio comunicado en que el Polo condenó la muerte de los diputados del Valle, del 28 de junio del 2007. Si en vez de que los masacraran hubieran muerto en un accidente de carretera o de un infarto colectivo, el texto del comunicado igual habría servido. También me pareció un acto mezquino que organizaran una marcha propia cuando todo el país cerró filas para marchar en contra de las Farc. Eso, claro, les dio el argumento exculpatorio perfecto para decir que marcharon las masas enceguecidas por la oligarquía, el imperialismo, etcétera, etcétera.

A propósito de imperialismo, quien crea que el pueblo norteamericano y sus gobernantes son la encarnación del mal pertenece a la izquierda que leyó El Capital a los quince años y, por principio, no oye música en inglés. Sin ir más lejos, Chávez es imperialista. Interviene en los demás países latinoamericanos sin ningún pudor, tiene su propia doctrina Monroe. Prefiero una Colombia sin injerencias de nadie, pero si no hay más remedio es mejor estar en manos de Obama que en garras de don Hugo.

Odio a la izquierda puestera, burócrata, contratista. Sami siempre me produjo desconfianza. Pero terminé votando en blanco, porque Peñalosa resultó ser un tipo genuflexo, acomodaticio, regalado, sin talla de estadista. Ojalá le vaya bien a Samuel para que no se tire el legado de las anteriores administraciones. Y, si es tan varón, que saque todos esos buses viejos de la séptima, de la once, de la trece, de la décima. Es más barato que hacer un metro pero se requieren cojones. Los mismos que hacen falta para evitar el clientelismo rampante de la izquierda troglodita. A Sami le falta carácter.

Así mismo, la izquierda debería tener un sentido más amplio de sociedad. Defender la igualdad, la diversidad de pensamiento, las libertades civiles y sexuales. El libre desarrollo de la personalidad. Por eso no entiendo, encuentro incoherente que siete senadores del Polo hubieran votado por un procurador como Alejandro Ordóñez. Tan desafortunada fue esta votación, que la comunidad Lgbt, supuesta beneficiaria de las alianzas del Polo con el procurador, repudió la decisión. En ese orden de ideas, la izquierda civilizada debe dar el debate por un nuevo enfoque de las políticas antidrogas y tratar de evitar que las hordas moralistas penalicen el consumo, legado invaluable de Carlos Gaviria.

Por eso quiero que se divida el Polo y que suelte el lastre de la izquierda troglodita, aquella que incluye encapuchados, manes medio punks tropeleros que hacen grafittis, quiebran vidrios y creen en la combinación de todas las formas de lucha; tipejos que justifican el atentado al Nogal porque "es un club de ricos"; senadores, diputados, alcaldes y concejales de Luber habano y corbata vinotinto fraguados en las polvorientas cavernas estalinistas. Es la izquierda que, si no evoluciona, correrá la misma suerte que el long play de 33 revoluciones, la máquina de escribir, los Lada 2121, el Atari y Fidel Castro.

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