Es increíble que en un mismo barco coexistan una piscina de olas, una pista atlética y otra de hielo. Además, cancha de tenis, muro de escalar, teatro, cuadrilátero de boxeo, centro comercial, casino, doce discotecas y, por si fuera poco, una cancha de golf. Parece mentira pero es real y usted, siempre tan buenavida, lo puede disfrutar.

Se trata de una prestigiosa y elegante línea de cruceros de origen noruego, Royal Caribbean International, que lleva casi cuarenta años descrestando a viajeros por el mundo entero. Tanto, que hace un mes inauguró su obra de arte más grande, la número 21, Liberty of the Seas, una pieza que mide lo mismo que la Torre Eiffel pero que pesa veintidós veces más: 160.000 toneladas. El Titanic, que usted bien lo debe conocer, se queda en pañales al lado de esta joya de la ingeniería universal.

Si existe monotonía es porque uno se acostumbra al mismo plan todo el tiempo. Aparte de las escalas y excursiones que hace el crucero durante un día en diferentes ciudades y puertos, dentro del mismo barco resulta difícil aburrirse. ¿Es posible con tantas alternativas? Pero si le pasa, y como dicen que el hambre es producto del aburrimiento, hay restaurantes 24 horas con todo lo imaginable. Por las noches, eso sí, las fiestas y cenas son al estilo del Titanic. Y por si acaso, no le extrañe si se encuentra con un fiestón de matrimonio ya que, como se sabe, casarse a bordo es de buena suerte.

Esto es toda una cultura de la que usted puede hacer parte. Diversión y entretenimiento para todos los gustos sin tener que mover un dedo. Porque de los casi cinco mil habitantes que tiene esta metrópoli oceánica, dos mil están a su servicio. Tome impulso, escoja el destino, el barco, su suite, reserve y buen viento y buena mar.

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