Sé que para muchos, las fotografías de la Pasión de Alejandra Azcárate y el texto de Fernando Vallejo no reúnen en sí una afrenta al sentimiento religioso, pero para otros, entre los que me cuento yo, ¡sí! Pues no es aceptable el proceder de un medio que utiliza de esta manera los íconos sagrados de una religión para buscar, en lo que para ellos se denomina "propuesta artística", una invitación a la tolerancia con sentido del humor. Por tanto, debemos mirar más allá, no tragar entero, ya que a buen ojo de lupero se advierte una segunda intención, la que espero, señores lectores de SoHo, sepan captar y en igual orden de ideas asimilar, así entenderán el porqué de mi actuar.

Es obvio que la publicación vulnera el tipo penal consagrado en el artículo 203 del estatuto represor colombiano, causando daño a los símbolos del catolicismo y del cristianismo en general, agraviando públicamente para nuestra religión aspectos de altísima importancia como son la última cena y el vía crucis en donde los cristianos evocamos el nacimiento del sacerdocio y de la eucaristía y los padecimientos sufridos por Jesucristo desde el pretorio de Poncio Pilato en donde fue condenado a morir, cuyo significado es sagrado para los creyentes, hasta el calvario, donde entregó su vida por nuestra salvación, en suma la pasión y muerte de Jesús, implicando ello, que si se configura una ofensa al sentimiento religioso al hacer uso de representaciones sagradas de manera irrespetuosa e indecorosa, no por el desnudo de una mujer, pues el cuerpo humano es bello en su anatomía independiente del género, sino por la burla que se refleja en el manejo ilustrativo, en los ingredientes que lo acompañan, como son sus supuestos discípulos, que bien califica Salud Hernández-Mora como los de la infamia, aunado a ello el texto, que, por sí, es incisivo, ofensivo e irrespetuoso, y sobre todo intolerante, algo de lo que es muy fácil hablar pero muy difícil aplicar.

Razones, válidas o no, ciertas o desproporcionadas, ajustadas a derecho o estimuladas por ficción, sea lo uno o sea lo otro, la verdad es una, ante tanta desviación, y no hay aquí persecuciones políticas, o impulsos fascistas, menos aún extremismos religiosos o fundamentalismos radicales, solo la sensación de no poder dejar pasar inadvertido un agravio de tal condición. Es simple, a todos nos duele cuando se nos insulta el honor, ¿quién no ha protestado al ver cómo otro le ofende la mujer que lo parió?, así mismo, no es otro el motivo de mi dolor al ver cómo se maltrata, se ridiculiza, se agravia, un sentimiento, mi devoción, la enseñanza de mis padres, y la de los padres de mis padres; ver cómo el respeto inculcado desde niño por lo que significa la Pasión se pisotea como si nada, invocando para ello que es un estilo de creación literaria y de expresión artística con humor, ¡no! Eso es otra cosa. El arte es arte, y no podemos escudarnos en él para justificar una acción que, meridianamente, esconde una agresión.

Pero de todo se aprende, y más de los errores, por ello creo que la experiencia que nos arroja esta situación, incómoda para todos, para mí, por mis convicciones religiosas, para SoHo, por las consecuencias jurídicas, y para otros por diferentes motivos, lo importante es saber comprender y entender los intereses ajenos, SoHo tiene los suyos y, claro, también yo, por ello lo resuelto en la conciliación.

Y es que no podía ser otro el escenario luego de interpuesta mi acción legal, que la de cumplir con la Ley, y atender el llamado de la Justicia para buscar una fórmula de resolución al conflicto generado por la publicación. Qué mejor escenario para demostrar lo efectivo y positivo que ha sido el Sistema Penal Acusatorio, que hacer uso de la herramienta jurídica de la conciliación como requisito de procedibilidad de la acción penal, y en ella encontrar alternativas, que en consideración de las partes, satisfagan a las mismas, y evitar así el desgaste de la administración; buen augurio para el esquema incorporado de Justicia Restaurativa en nuestro procedimiento Penal, gracias a ello, logramos un acuerdo: Daniel pide perdón y yo les cuento lo que pasó, por mi cabeza, en mi corazón, al ver las fotos y leer lo impropio de un texto, que no enseña ni genera debate, sino que solo insulta y da tristeza, cuando debería al menos plantear una discusión, una polémica, algo que motive crecimiento y formación.

Al menos, ya algunos se preguntan: ¿hay afectación de la libre expresión?, ¿se vulnera la libertad de prensa? Y citan la Constitución, artículo 20 en particular, pero se nos olvida que en materia de derechos hay límites que no pueden ser ignorados y pasados por alto, pues tenemos que acostumbrarnos a ver las cosas como son, integralmente; los derechos cohabitan, por ello uno no puede estar por encima del otro, de ahí la ponderación. Y es que fuera de ello la misma norma en cuestión establece el alcance de la libertad de los medios en materia de información y comunicación, la cual debe ser siempre veraz y ejercerse con responsabilidad. Aspecto que posiblemente no se observó, creo yo, y sea esta la consecuencia.

El perdón, el más grande atributo o legado que Jesús nos dejó, pero no es fácil para los mortales aplicar la enseñanza maestra y abrir el corazón, para albergar en él la grandeza que significa perdonar, que es la remisión de la ofensa recibida. ¿Cuántas veces no exclamó Jesús "perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen"?, siendo en tal sentido el camino a seguir, ¡quiénes somos acaso para juzgar, si no simples mortales movidos por la ley del hombre!, pero es más fuerte y supremo el mensaje que nos da el creador por intermedio de su hijo hecho hombre, lo anterior unido a la invitación de amar al prójimo como Dios nos ama, no puede arrojar otro destino en esta situación, que la de encontrar el camino del bien, la ruta que nos conduzca a la contrición; no busco con esto indulgencias, pues claro tengo que soy un pecador, solo quiero ser un soldado, un abanderado de la compresión. Entiendo y acepto la línea comunicativa de SoHo, así como espero que la revista y sus lectores acepten, comprendan y, por qué no, apoyen mis letras como canal de expresión, de una idea, de un sentimiento, de una propuesta, todo dentro del ejercicio válido y fructífero, que emana del diálogo, pero no del intercambio de opiniones viscerales sin motivo ni fundamento, ausentes de ilación, sino de la crítica constructiva derivada o resultado de los canales participativos que en toda civilidad deben facilitarse para que la diferencia, en lugar de procrear más diferencia, por el contrario, termine en episodios ricos en valores, en el fomento de verdaderos compromisos en pro de una mejor sociedad.

¡Vamos! Que no pasa nada, todo es el resultado de nuestra participación en lo que consideramos viable, legal, apócrifo, blasfemo, moral, sacrílego, artístico, literario, banal, agraviante, delictivo, corrupto, injurioso, estético, contestatario, agresivo, insultante, tendencioso, ofensivo, sin contemplaciones, uno o varios de los adjetivos me permiten calificar, lo que por agua viene por agua se va, no busquemos en río revuelto, más vale pájaro en mano que cien volando, por todo aquello, que ensalza nuestra condición de colombianos, de humanos, de católico en mi caso, es por lo que debemos procurar siempre, en aras de evitar cualquier afrenta, en pos de consolidar una mejor convivencia. Tolerancia, ¡sí! Arte, ¡sí! Humor, ¡sí! Y también. Respeto, ¡sí! Sin olvidar hasta dónde podemos ir sin afectar a los demás. Sigamos adelante. Hagamos paz.

Finalmente, no en vano, los invito a reflexionar, a procurar siempre y ante todo, dentro del marco de cultura que nos debe caracterizar, a respetar a mi igual como mi igual, al feo, al gordo, al flaco, al bello, al Vallejo, al Marulanda, al blanco, al rojo, al azul, al desadaptado, al abogado, al médico, al peluquero, a la Azcárate, a Uribe, Mancuso o Petro. A todos, a mí por supuesto. Un ejercicio democrático de aceptación, de tolerancia, de respeto y, por qué no, de amor.

Simón se ha dormido., así he concluido con mi misión, manifestarles a ustedes, señores lectores de SoHo, la razón, ¡mi razón! Dios nos bendiga a todos.

Nota del editor: El texto de Sergio Reyes se publica tal y como lo envió a SoHo. Se le hizo únicamente una revisión ortográfica.

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