De Han Solo: una historia de Star Wars se saben pocas cosas. Que hablará de la juventud del mítico Han Solo, de cómo conoció y se hizo amigo de su inseparable Chewbacca, de cómo se convirtió en el mejor piloto del bajo mundo intergaláctico y de cómo adquirió una de las naves espaciales más célebres del mundo, el Halcón Milenario. Pero de lo que no hay ninguna duda es que el próximo 24 de mayo, después del estreno mundial, gran parte del público y de los fanáticos más acérrimos de La guerra de las galaxias saldrán a decir otra vez que han sido timados por los productores y que la película, más que al espíritu de la saga original (episodios IV, V y VI), homenajea al mercadeo y a las cajas registradoras de las grandes distribuidoras. Es lo mismo que ocurrió desde los episodios I, II y III (con el mismísimo George Lucas a la cabeza), y tras la compra de Lucasfilm hecha por Disney con los episodios VII y VIII, y el spin off Rogue One.

Y esta vez, más que nunca, el fracaso parece cantado. En junio del año pasado, a menos de seis meses de haber comenzado el rodaje, los productores decidieron sacar del proyecto a los directores Christopher Miller y Phil Lord  porque no les gustó el giro cómico que le estaban imprimiendo a la película. En ese momento, muchos se preguntaron a quién, en primera instancia, se le ocurrió poner el destino de uno de los personajes más queridos de Star Wars en manos de dos directores hasta entonces conocidos por haber dirigido las cintas infantiles Lluvia de hamburguesas y La gran aventura Lego.

Como si fuera poco, se filtró a la prensa que Alden Ehrenreich, el protagonista, necesitó de una asesoría extra en su actuación, pues no estaba logrando ese toque cínico y al mismo tiempo encantador que encumbró a Harrison Ford hace cuarenta años. Son unos zapatos muy grandes para llenar y la nueva película podría significar una nueva muerte de Han Solo, pero esta vez no a manos de su hijo sino de sí mismo. Allí donde un casi desconocido Harrison Ford empezó a cimentar su fama mundial, un casi desconocido Alden Ehrenreich podría pavimentar su camino al olvido.

Claro, el problema no es solo de Ehrenreich, sino de la idea misma de rehacer personajes con los que la gente tiene una identificación tan fuerte. No hay que olvidar que uno de los papeles que más odió el público fue el del niño Anakin Skywalker, del episodio I, y que el joven Obi-Wan Kenobi tampoco despertó grandes pasiones a pesar de haber sido interpretado por Ewan McGregor. Porque quizá no se trate ni siquiera de falencias actorales, sino del hecho incontestable en todas las galaxias de que la gente es mucho menos interesante en su inocente juventud que en su madurez.

Con todo, hay algunos signos esperanzadores en Solo. Tras la salida de los directores originales, Ron Howard, un viejo zorro de Hollywood ganador del Óscar, llegó al rescate. Había rechazado previamente las invitaciones que le habían hecho para dirigir partes de la saga, pero, según dijo, sus ganas de ayudary seguramente un jugoso cheque que no mencionó lo llevaron a aceptar la difícil misión de aterrizar a la mitad del proyecto para rescatarlo. El director de Una mente Brillante, Frost/Nixon y Cinderella Man parece tener la receta del éxito.

El resto de actores, además, no son precisamente los que conformarían el casting de una producción perdedora. Woody Harrelson, Emilia Clarke (la mismísima Daenerys Targaryen de Game of Thrones), Donald Glover y Paul Bettany auguran solidez en la puesta en escena. Los tráileres han servido para calmar a un público nervioso que se ha acostumbrado a preocuparse excesivamente por el futuro de un mundo que ya considera propio.

El éxito o el fracaso de Solo estará marcado por el hecho de que la audiencia pueda entregarse y sorprenderse con la historia, dejando de lado los dramas de la tramoya. Y aún si significa un fracaso unánime para el público, en Disney no deben estar demasiado preocupados, porque entre taquilla y merchandising saben que, por mal que lo hagan, ya ganaron.

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