Amigos hasta para compartir
Por Adolfo Zableh 


No entiendo a esa gente que pone la amistad por encima de todo. Los amigos son importantes, cómo negarlo, pero nada es sagrado y la vida se compone de muchas más cosas.

Lo curioso de la amistad es que, si se mira bien, sí puede ser lo más grande que tenemos porque los amigos se eligen mientras que la familia es impuesta. Pero, paradójicamente, es una cosa de cuidado que se puede dañar por lo que sea.

“Ninguna amistad soporta un dosis exagerada de franqueza”, decía un filósofo. Aterrizada esa frase a la vida cotidiana, ¿cuántas veces no han peleado dos amigos por cantarse la tabla así sea con la mejor de las intenciones?

Vea usted, la amistad es tan frágil que una mujer puede ponerla en peligro, cuando no debería ser así. Y no se trata de que ella manipule la situación para que dos amigos de toda la vida se enfrenten. Basta con que uno de los dos sienta que es una ofensa que un amigo se meta con su pareja del pasado para que la relación de años se dañe.

Y yo sigo sin descifrar cuál es el problema con eso, si la gente tiene derecho a tener pasado y a enamorarse, y a cambiar de opinión y de gustos. Yo creo que es posible salir con una mujer que ha estado enredada antes con un amigo. Claro, toca hablar con él primero, ir de frente, porque hacer las vainas a escondidas siempre va a traer problemas.

Llámeme civilizado o pendejo, pero yo no tengo problema con que una mujer se meta con un amigo mío, siempre y cuando lo nuestro sea cosa del pasado. Es más, le hallo más lógica a que una exnovia se meta con un amigo que con un extraño. Eso es demostrar cariño por el amigo, ¿no?

Así que use la cabeza, sea amplio. ¿En qué lo afecta? ¿Cuál es el asco? ¿Cuál es el miedo? Esa gente que no permite que un amigo se meta con una pareja del pasado tiene inseguridades serias que solo las cura un siquiatra, y eso. No lo haga por ella, sino por él. Deje la bobada y haga feliz a un amigo, ¿no y que lo quiere tanto? 

La amistad por encima de todo
Por Andrés Rios


Había una película ochentera que se llamaba: “Quién encuentra un amigo, encuentra un tesoro”. La protagonizaba Terencil Hill al lado del gordo Bud Spencer, eran de esas cintas fáciles de hacer pero que uno de pelado se gozaba.

Me quiero es pegar al título de la película para decir que si la verdadera amistad pululara, pues uno andaría por la vida “espantando” amigos, es decir: este cuento de la verdadera amistad es algo de escasez, por eso, las pocas o únicas que uno tiene, las debe cuidar.

Cuando uno encuentra un verdadero amigo (y sabrán ustedes excusar el cliché) encuentra fidelidad, complicidad, lealtad, buen humor, apoyo, consejo, peleas, reconciliaciones y hasta envidia, de esas envidias que uno tolera y solo las concibe con los verdaderos amigos.

De ahí que el tema de las mujeres y los amigos es algo sagrado para mí. Si uno desea la mujer de un amigo pues simplemente uno no es amigo, uno es medio cafre, o, cafre y medio.

Es más, por lo regular uno como amigo ayuda a su amigo a conseguir las mujeres. Es parte del manual de actividades que debe existir entre dos verdaderos amigos.Ya si pasan años, décadas o lo que el grado de madurez indique, estoy de acuerdo con Adolfo en que es válido uno “meterse” con alguna mujer con la que se haya metido su verdadero amigo.

El punto también se puede centrar en un análisis que por primario que sea, es válido. Viejas hay por miles en esta comarca, amigos de verdad, a veces puede pasar una vida sin encontrarlos. Por eso es mejor tener lealtad, eso fundamenta cualquier amistad, sin eso no hay nada de nada. La amistad está por encima de cualquier ‘levante‘.

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