Hace unos años, me encontré con Catalina Mesa, directora de publicidad de Davivienda, y me dijo: “Me encanta su voz y la quiero para el Teléfono Rojo”. Me sorprendí muchísimo, pues hasta entonces no sabía que mi voz era bonita. Le propuse que hiciéramos algo diferente, más amable y menos robótico, que fuera un teléfono con corazón, y ella aceptó. Aunque ha pasado mucho tiempo, la gente me recuerda mucho por programas de televisión como Magazin 7:30 o Qvorum. Ahora me dedico a la presentación de eventos y me encanta, porque ahí nuevamente la voz es un plus. Para muchos es una sorpresa identificarme en los cajeros. Hasta para Miranda, la nieta de mi prometido, que un día me llamó a España muy emocionada y me preguntó si era yo la que le decía a su tía Caro en el cajero, luego de haberla obligado a repetir la operación varias veces, “por favor retire su tarjeta”. No importa dónde esté, nunca estoy en el lugar equivocado, porque siempre tengo a mano un estudio para hacer la grabación y enviarla. En locución, Davivienda es mi “cliente” consentido. Y creo que más que parte de mi trabajo y que mi banco, Davivienda es mi gran “casita roja”, a la que pertenezco hace más de 20 años, y esto es una absoluta bendición en mi vida.

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