Es muy probable que la próxima presidenta de Estados Unidos sea Hillary Clinton. A pesar del inexplicable auge de Donald Trump, su imagen negativa es tan alta (llega casi hasta un 70 %) y ha ofendido a tantos sectores de la población (mujeres, latinos, musulmanes, minusválidos, etcétera) que no parece posible que pueda derrotar a la ex primera dama. Hillary también tiene resistencias, pero es enormemente competente y ninguno de sus rivales puede competir en experiencia con ella. Por lo tanto, a pesar del fenómeno Trump, es casi seguro que Estados Unidos tendrá por primera vez en la Casa Blanca a una mujer.

Sin embargo, este no sería el único hecho por el que Hillary podría pasar a la historia. También lo haría por haber sido la protagonista indirecta del mayor escándalo sexual del que se tenga noticia en los anales de la mansión presidencial. El protagonismo de ella no fue como participante, sino como víctima. Pero aunque el cuento es bien conocido y el nombre de Monica Lewinsky es hoy famoso mundialmente, los detalles de lo que a la esposa de Bill Clinton le tocó vivir fueron censurados por la gran mayoría de los medios en ese momento.

Y la razón era porque se trataba de descripciones de sexo explícito que rayan en la pornografía. El fiscal de Estados Unidos Kenneth Starr, quien le tenía bronca al presidente, había descubierto el affaire que este tenía con la joven practicante de 22 años. Funcionarios de la Fiscalía la acorralaron en un cuarto de hotel y le dijeron que por tratarse de una investigación oficial ella tenía que decir toda la verdad y que si no lo hacía podría ir a la cárcel.

El chantaje tenía algo de absurdo, pues la expresión “toda la verdad” nunca se había utilizado para obtener detalles de actividad sexual, un tema considerado de la órbita privada de las personas. Sin embargo, ante el susto de acabar en prisión, la ingenua de Monica procedió a hacer un inventario milimétrico de las cosas que ella le hacía al presidente de Estados Unidos y que él le hacía a ella.

Monica asegura que él la ilusionó con casarse, diciéndole que después de la presidencia podían tener un futuro juntos.

De esa confesión surgió el denominado Starr Report, que en el fondo era una acusación formal a Bill Clinton por perjurio, ya que negó haber tenido una relación sexual con su practicante. Como el perjurio es un delito, el episodio terminó en un juicio al presidente que podía haber desembocado en su destitución. Eso no sucedió por el absurdo que implicaba tumbar al hombre más poderoso del mundo por cuenta de un flirteo erótico. Al fin y al cabo, nadie tiene que dar detalles sobre su vida sexual y, de por sí, los caballeros no deben tener memoria. Sin embargo, el juicio tuvo lugar y Clinton salió exonerado, pero la telenovela pornográfica consagrada en el Starr Report fue publicada y por lo morboso de su contenido, solo fue parcialmente revelada a la opinión pública.

Cuando Hillary Clinton sea nominada candidata a la presidencia en la Convención Nacional Demócrata el 28 de julio próximo, en Filadelfia, ese informe será otra vez noticia. En Estados Unidos, a diferencia de los países latinos, se considera que la vida privada no puede ser desvinculada de las responsabilidades de los hombres públicos. Por eso, habrá debates sobre cómo pudo la mujer del presidente continuar su matrimonio después de esas revelaciones. Las feministas hablarán de falta de dignidad y los cristianos, de las bondades del perdón. Sin embargo, los hechos que ella perdonó y que están en el Starr Report serán uno de los elementos que saldrán a flote durante la campaña.

Para la mayoría de la gente, el recuerdo de ese escándalo es que el presidente de Estados Unidos era un mujeriego impenitente que había seducido a una practicante gordita que se había convertido en el símbolo del sexo oral ante el mundo. Igualmente, quedó en la memoria que él se volvió famoso por la frase: “Nunca tuve sexo con esa mujer”. Y tal vez los únicos detalles que circularon por esa época fueron el de un vestido azul con una mancha de semen y el de un tabaco que el juguetón de Clinton le insertó a Monica.

Después de que Clinton negó el affaire al lado de Hillary, ella le creyó. Cuando supo la verdad, pensó en divorciarse.

Los que se han leído el Starr Report, sin embargo, se sorprenden con la combinación de minucia morbosa que la Fiscalía le sacó a Lewinsky. Lo que llama la atención es cierta actitud zanahoria y hasta puritana de Clinton. Tal vez el dato más diciente es que, según la propia Monica, los dos se reunieron solos en la oficina presidencial más de 30 veces, pero solo mantuvieron contacto sexual en diez. Esto significa que Clinton estuvo en más de 20 ocasiones a solas con una practicante que estaba locamente enamorada de él y se limitó a conversarle.

Otra información que desconcierta es que él nunca la penetró y que los encuentros sexuales se limitaron a sexo oral. Pero tal vez lo más sorprendente de todo es que, según ella confesó, en esos diez encuentros él siempre se negó a venirse y solo por insistencia y presión de ella pudo eyacular en dos oportunidades. En otras palabras, la relación de dos años que sacudió a la potencia más poderosa del mundo y que monopolizó los titulares de todos los medios de comunicación solo tuvo dos finales felices para el principal protagonista.

Todas las anteriores revelaciones no vienen de la prensa amarillista, sino del documento oficial de la justicia norteamericana con que el presidente fue acusado de perjurio, obstrucción de justicia y manipulación de testigos. Esos cargos obedecían a que Clinton había negado la relación y posteriormente le había pedido a Monica que tuviera discreción. Sin embargo, como ella fue objeto de un chantaje de la Fiscalía, acabó traicionando a su amor creyendo que así no acabaría tras las rejas.

Lo que declaró Lewinski

Las declaraciones de Lewinsky en el Starr Report son tan íntimas y tan gráficas que pocos medios las publicaron en su momento. Ahora, con el transcurso de los años y con la campaña presidencial en pleno furor, están en su totalidad en internet, y estos son algunos de los apartes más jugosos:

El presidente y Lewinsky tuvieron su primer encuentro sexual el 15 de noviembre de 1995. Ella era una practicante que contestaba el teléfono, hacía de mensajera y en una ocasión le llevó una pizza. Hubo química inmediata entre ellos, y ella, cuando él le hizo un cumplido, se levantó la chaqueta por detrás y le enseñó las tiras de la tanga que sobresalían por encima de los pantalones. “Ante ese mensaje —según Monica—, él me preguntó si podía besarme. Le dije que sí y más tarde acabamos en un estudio privado adyacente al Salón Oval”.

En la Oficina Oval, donde fue tomada esta foto, tuvieron lugar todos los retozos sexuales de la pareja.

El Starr Report registra que una vez allá, ella se desabrochó la chaqueta y él le levantó el brasier. Luego, le acarició el pecho con las manos y la boca. “Creo que recibió una llamada telefónica. Mientras hablaba, me estimuló la zona genital y yo le hice una felación. Cuando colgó el teléfono, me dijo que parara. Le dije que quería que se viniera. Él me contestó que prefería no, que todavía no me tenía la suficiente confianza. Pero para compensar esa frustración, me dijo que hacía mucho tiempo no le hacían eso”.

Durante los primeros ocho encuentros sexuales que tuvieron, él nunca aceptó eyacular con la excusa de que lo hacía por respeto a su matrimonio. “Un día él estaba fumando un tabaco y entonces lo cogió y empezó a mirarlo de forma traviesa. Tomé el puro, lo miré a él y le dije: ‘Algún día podemos jugar con esto, si quieres’”.

Ese día llegó en una ocasión posterior y quedó registrado así en el documento oficial: “Nos estábamos besando en la antesala del estudio. Él me besaba los senos y me acariciaba los genitales. En un determinado momento, me introdujo un tabaco en la vagina. Después se lo llevó a la boca y dijo: ‘Sabe bien’”.

Además de las reuniones cara a cara, según Lewinsky, habló con el presidente aproximadamente unas 50 veces, a menudo más tarde de las 10:00 de la noche y a veces después de la medianoche. Según el Starr Report, entre 10 y 15 veces el presidente y ella practicaron sexo telefónico. Esa modalidad consiste en excitarse verbalmente a través de conversaciones eróticas para que cada una de las partes se masturbe. La conclusión de ella es que a Clinton le molestaba venirse en su presencia, pero telefónicamente no tenía esas inhibiciones.

Un párrafo que no le debió haber gustado mucho a Hillary paradójicamente no incluía sexo. En uno de los veintipico encuentros que tuvieron sin tocarse, el presidente fue “más afectuoso que nunca”. Le cogió la mano y alabó su inteligencia y su belleza. Ella, emocionada, le dijo que esperaba que cuando saliera de la Casa Blanca pudieran tener más tiempo juntos. Él le contestó: “Bueno, no sé, puede que dentro de tres años yo esté solo”. Ante esa bomba, Monica le dijo: “Oh, creo que seríamos un gran equipo”, a lo que él contestó: “Bueno, ¿qué haremos cuando yo tenga 75 años y tenga que hacer pipí 25 veces al día?”. Según sus propias palabras, ella le contestó: “Ya nos encargaremos de eso”. Terminó esa declaración a la Fiscalía diciendo: “Aquel día me marché emocionalmente aturdida porque supe que estaba enamorado de mí”.

En medio de esa ilusión llegó el día de San Valentín, y ella decidió publicarle un aviso en The Washington Post, con un mensaje cifrado de amor. El anuncio decía: “Guapo. Con las alas ligeras del amor me asomé a estos muros, pues no hay límites de piedra que puedan contener el amor. Y el amor se atreve a intentar todo lo que puede hacer. Feliz día de San Valentín. Romeo y Julieta”.

Tal vez el capítulo más conocido de este escándalo fue el famoso vestido azul. Unos días después de enviar ese mensaje, Monica llegó con un vestido azul marino de marca Gap a ver a su amado, a quien hacía un tiempo no había tenido acceso. “Al entrar al estudio —según ella—, el presidente comenzó a decirme algo mientras yo lo acosaba para que me besara porque me había hecho mucha falta”. Clinton le dijo que le tenía unos regalos atrasados. Le dio un broche para el sombrero y una edición especial del libro Hojas de hierba, del poeta Walt Whitman. El presidente le dijo entonces que había visto su anuncio en el periódico del día de San Valentín y le habló de su afición por Romeo y Julieta. Ese día estaban románticos y sintonizados, y volvieron al pequeño salón donde siempre se encontraban.

Según Monica, la mancha de semen en el vestido azul fue un accidente que tuvo lugar el primer día que el encuentro tuvo final feliz.

“Nos besamos y él me acarició y besó los senos. Entonces le empecé a acariciar su zona genital a través de sus pantalones y comencé a hacerle sexo oral. Entonces él, como siempre, me separó antes de venirse. Yo me descontrolé y le dije… ‘te quiero demasiado’… no entiendo por qué no me dejas que te haga eyacular. Para mí es muy importante pues me desconcierta que no te vengas y quiero hacerte feliz”. Entonces él la abrazó y le dijo: “No quiero hacerme adicto a ti ni que tú te hagas adicta a mí”. Sin embargo, Clinton estaba tan excitado que le agregó: “Esta vez no voy a llevarte la contraria”. Esa fue la primera vez que ella pudo hacerle sexo oral hasta el final. Cuando volvió a ponerse su vestido azul marino, notó unas manchas blancas sobre la cadera y en el pecho. Las pruebas del laboratorio del FBl revelaron posteriormente que eran manchas del presidente de Estados Unidos.

Pero sucedió lo inevitable y Clinton decidió terminar la relación. Fue el día que ella le llegó con un ponqué de cumpleaños a cantarle el Happy Birthday. Ella comenzó a tratar de acariciarlo y abrirle la cremallera del pantalón. Esta vez él no se dejó y le dijo: “Por favor, no me toques, estoy intentando ser bueno”. Según ella, parecía visiblemente enfadado. Después de esa frustración solo volvió a ver a Clinton una vez. Ese día, él le comunicó que tenían que poner fin a sus relaciones íntimas. Le agregó que había tenido muchas aventuras en épocas anteriores de su matrimonio, pero que desde que había cumplido 40 años estaba esforzándose por serle fiel a su esposa. Le pidió que respetara ese sentimiento. Ella comenzó a llorar y le pidió que no finalizaran su relación sexual. Él se mantuvo inflexible y a partir de ese momento los dos se dieron cuenta de que su romance había terminado.

Los anteriores son solo algunos apartes de un documento de la Fiscalía de 445 páginas. No es exagerado decir que nunca un jefe de Estado había sido sometido a un escándalo tan humillante. Como ya se dijo, los detalles de la vida sexual son considerados normales cuando se practican, pero presentados de forma sensacionalista, explícita y pública llegan a tener un sabor de morbo y hasta de perversión, sobre todo al haber asociado la majestad de la Casa Blanca, del Despacho Oval y de la bandera de Estados Unidos con los retozos eróticos de Clinton y Lewinsky. El presidente sobrevivió al intento de ser destituido y, milagrosamente, también sobrevivió su matrimonio. Pero no debe ser fácil cerrar las cicatrices de una mujer que ha leído todos los párrafos contenidos en este artículo y que se refieren a su propio esposo. Más diciente aún es una confesión que Clinton hizo algún tiempo después de los hechos. Cuando le preguntaron cuál había sido el día más infeliz de su vida, contestó: “Fue el día que mi hija, Chelsea, me contó que había leído el Starr Report. Exploté en llanto y le pedí perdón”.

Cuando Hillary y su esposo no se hablaban, Chelsea trató de unirlos, como se evidencia en esta foto del día después de que Clinton confesó su affaire con Lewinsky.

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