Estamos, sin duda, ante una verdadera obra maestra: un libro que habla de dos inquietos ratoncitos, Fisgón y Escurridizo, y dos hombrecillos no menos activos: Hem y Haw, los liliputienses. Los cuatro viven en un laberinto lleno de sorpresas y enseñanzas, en uno de cuyos recodos hay un queso que les da la comida y les presta abrigo. Todas las mañanas, como dice el autor –el psicólogo y médico Spencer Johnson, genio de la ciencia motivacional contemporánea, gurú, uno de los grandes de la filosofía empresarial y para ejecutivos–, estas cuatro y alegres criaturitas se acicalan y se peinan, y salen a buscar su pedazo de queso. Pero un día el queso ya no está, ha desaparecido, y esta novedad plantea una revisión de fondo en el comportamiento de Hem y Haw y de Fisgón y Escurridizo. No hay que olvidar que estamos ante un gran libro, por lo cual todo en él, absolutamente todo, es una metáfora; una sutil evocación de lo que no está dicho. El destino de estos cuatro entrañables personajes que nos han robado el corazón desde la primera línea, es un verdadero “teatro del mundo”, un espejo del alma. El laberinto es la realidad, las dificultades, y la manera en que los dos ratones y los dos enanos sortean sus desafíos da cuenta de las razones por las que la gente suele triunfar o fracasar en la vida real.

Digamos que el tema de fondo en esta magistral fábula que ha vendido millones de ejemplares en el mundo –estuvo cinco años seguidos en la lista de los bestsellers de The New York Times–, es el cambio. Ese desafío constante, ese motor de alegrías y de miedos. Y cada uno de los cuatro personajes encarna una de las posibles actitudes con que en distintas situaciones de la vida, desde el amor hasta los negocios, la gente podría reaccionar al reto de las transformaciones. Porque Fisgón es de los que husmean pronto la llegada de una situación inédita, y la anticipan; Escurridizo es de los que actúan ante la inminencia de lo nuevo y sin pensarlo dos veces se botan al agua; Haw es de los que se adaptan rápido, aprendiendo de las experiencias, dejando atrás los miedos, mientras que Hem es quizás el nudo dramático de esta historia, pues es de los que quieren vivir para siempre instalados en tierra firme, en lo seguro, en las rutinas que garantizan tranquilidad, estabilidad, la ausencia del peligro. Es él quien dice: “¡Acá tendremos queso para siempre!”, y luego, cuando el queso ya no está y se ha ido (esa es la trama), hace la pregunta épica que le da el nombre al libro: “¿Quién se ha llevado mi queso?”.

Lo que viene después es precisamente el relato emocionante de cómo los cuatro personajes deben vérselas con la desaparición de su queso. No voy a contar el final, claro que no, porque este es un viaje que nadie debe perderse, una experiencia de vida que me gustaría empezar a regalar a manos llenas de ahora en adelante; pero sí diré que el pobre Hem, renuente a reconocer que las cosas han cambiado y el queso se ha ido, se queda rumiando sus frustraciones y buscando culpables, mientras los otros tres ya están en un nuevo sitio disfrutando de un nuevo queso, bajo las consignas que Haw ha escrito en un muro: “El cambio ocurre; Anticípate al cambio; Estudia el cambio; Adáptate rápido; ¡Cambia y disfruta del cambio, y así será siempre!”.

La vida te despeina. Yo perdí años enteros dedicado a leer cosas que no servían para nada, filosofía barata. Chesterton, Schopenhauer, Nietzsche: farsantes todos, sacerdotes de la amargura y la quietud y la derrota. Ninguno me enseñó jamás a ver mis potencialidades, a trascender mis miedos, a hacer de mis debilidades fortalezas, de mis muchas crisis una oportunidad; a entender que el cambio, el cambio es lo mejor que nos puede pasar en la vida, y solo quien pueda anticiparlo caminará con el queso. Somos ratoncitos y liliputienses en hombros de un gigante dormido: nosotros mismos, ruta del futuro… 

Esperen: alguien llama a mi puerta. Tengo miedo, pero el miedo nos hace atravesar montañas. Ese toc-toc puede ser una invitación, una nueva aventura…

Firmado en el hospital psiquiátrico Julio Manrique de Sibaté, marzo de 2012.

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