Insoportable, por decir lo menos, el clima de lideritis aguda en que anda sumida Colombia desde hace ya varios años. De un tiempo para acá, líder y liderazgo son palabras que aparecen hasta en la sopa. Talleres de liderazgo. Foros de liderazgo. Conversatorios sobre liderazgo. A diferencia de España, que no necesitaba sabios (y por ese motivo los chapetones fusilaron a Francisco José de Caldas), Colombia parece condenada a una histérica búsqueda y formación de líderes natos. Y los necesita a raudales. Líderes para todo. Para lo que sea. Líderes aquí, líderes allá. Liderazgo aquí, liderazgo allá. Es necesario forjar los líderes del futuro desde el prekínder. Aunque no me consta, nada de raro tendría que en los cursos psicoprofilácticos a las futuras madres les enseñen ejercicios para que el bebé, a través del líquido amniótico, aprenda antes del parto a comportarse como un líder nato.

Porque los líderes y el liderazgo, le hacen creer a uno, son como el jugo de noni. El que (aseguran quienes lo venden) sirve para combatir las adicciones, los tumores, las úlceras, las quemaduras de sol, el sida, las alergias, la artritis, el asma, la presión alta, el cáncer de hígado, el cáncer de riñón…

Mientras más líderes produzca Colombia, mucho mejor. Y de liderazgo hablan todos en foros, seminarios, talleres y conversatorios. Desde políticos hasta montañistas. Desde gerentes hasta futbolistas. Desde generales de la República hasta chamanes mayas y hopis. Todos se las arreglan para encontrarles la vuelta a las palabras líder y liderazgo para captar la atención de los incautos.

Y lo más gracioso es que el líder que allí se promueve, al igual que las conclusiones inevitables de todos esos seminarios, talleres, foros y conversatorios, termina siendo un ente gaseoso, indeterminado, que se adapta a la personalidad de cualquiera que quiera sentirse líder. El líder es agresivo pero amable. Es implacable pero comprensivo. Impone sus convicciones pero sabe escuchar. Asume el mando en todo momento pero sabe delegar. Como quien dice: el líder es como Hitler pero es como Gandhi. Es como Maradona pero es como el ‘Gringo‘ Palacios. Es como John Lennon pero es como Pipe Bueno.

Con la palabra líder ha ocurrido lo mismo que con la palabra genio. De tanto utilizarla, manosearla y abusar de ella, dejó de tener sentido. En tiempos no muy lejanos la palabra líder se usaba únicamente para señalar a personalidades o instituciones de verdad importantes. ‘Cochise‘ Rodríguez, nuevo líder de la Vuelta a Colombia. Esas sí eran palabras mayores. En aquellos tiempos, cuando la palabra no había sido tan manoseada, en varias oportunidades Santa Fe fue líder del Torneo Apertura, del Finalización, e incluso llegó a ser líder del hexagonal final. Ah, tiempos aquellos, en que la palabra líder inspiraba respeto: Ritchie Blackmore, guitarrista líder de Deep Purple. Diana Ross, voz líder de las Supremes. Cadena Líder de Colombia, la encargada de amenizar ascensores y salas de espera de consultorios con su música instrumental y sus noticias para ejecutivos. Pero ahora no. Ahora le dicen líder a cualquiera. Qué tal esa manía de denominar a los personajes del periodismo y la farándula "líderes de opinión". Le dicen líder hasta a Andrés Felipe Arias, el clon de Uribe, o peor que eso, la fotocopia de la fotocopia de la fotocopia de Uribe. Y también les dicen líderes al resto de los dirigentes del Partido Conservador, que no son más que una mano de lentejos que se arrodillan ante cualquier borona, de cualquier limosna que les bote el gobierno.

¿A qué se debe tanto afán de liderazgo? ¿Acaso la proliferación de líderes va a salvar a Colombia de la hecatombe de la que tanto echa mano el presidente Uribe para hacerse reelegir a perpetuidad? Y eso es lo más patético de todo lo anterior. Quienes inventan, promueven y de paso llenan sus billeteras con estos foros, conferencias y conversatorios sobre liderazgo, los que le dicen líder a cualquiera que se les pare por delante, suelen ser los mismos que predican que Colombia debe seguir, a ojos cerrados y con mentalidad de rebaño de mansas ovejas, al Mesías del Ubérrimo, el único líder capaz de salvar a Colombia de la encrucijada del alma.

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