• ¿ Recuerda cuál fue la primera ranchera que se aprendió?
Sí, fue esta pieza que se llama El ausente, de Antonio Aguilar.

• ¿Era raro cantar sobre borracheras y despecho siendo una niña?
Claro que era extraño, pero a mí, por naturaleza, me encantaba. Me decían las señoras de mi pueblo —yo vengo de un pueblo muy conservador, le llamaban 'el París chiquito'—: "Oye, niña, esas canciones no son dignas de una niña". Ahora que ya soy grande, ya tengo permiso de cantarlas.

• ¿Qué rituales tiene antes de subir al escenario?
Es bien importante para mí tener el tiempo para recargar. Lo que se entrega es tanto que, cuando canto, necesito estar sola y si alguien viene y me saluda a esa hora, siento que se roban mi energía. Lo cuido mucho, cuido que yo tenga un momento de oración y de respiración muy profunda para poder entrar con unos pulmones bien limpios para entregarme al público.

• Le suena atinado cuando la describen como una nueva Frida o una Chavela moderna?
Es un halago grande. Ellas son unas maestras para mí y han sido personas que me han ayudado a crecer como artista y como ser humano. Especialmente Frida fue muy importante cuando yo estaba en la universidad. Como estudié el simbolismo de los huipiles tradicionales, nosotras compartimos, porque la madre de ella también era oaxaqueña y su padre extranjero. Me di cuenta, con mi música, que soy menos indígena de lo que pensaba, soy menos extranjera de lo que pensaba. Todo ha sido gracias a replantearse el arte y a ver cómo las maestras se plantean sus vidas.

• ¿Cantar en inglés se le dificulta con el escenario actual en la frontera?
Siempre ha sido ir y venir, cantar en inglés, o en español. He pasado etapas en las que me niego a cantar en inglés, pues he tenido problemas porque la relación entre México y Estados Unidos siempre ha sido de amor y de odio. En el último disco ya me encontré un poco más cómoda hablando y cantando en inglés, y especialmente temas que aluden a la inmigración y al salario mínimo.

• De tantos duetos que ha hecho, ¿cuál fue el más memorable?
Con doña Mercedes Sosa. Ella ha sido la maestra de mi vida, del canto y también del canto por convicción, de poder contar historias, decirle al mundo: "Mira, esto es lo que creo".

• ¿Qué quisiera que dijera su epitafio?
"Dulce licor, bello tormento, ¿qué hacesafuera, ¡vamos pa'dentro!"


Una selección de infalibles canciones, según Lila Downs:

Sonidero nacional, de Celso Piña.

La verdolaga, de Totó La Momposina.

Flor de capomo, de Carlos y José, ("Una norteña clásica de los setenta").

Fallaste corazón, de José Alfredo Jiménez, ("La voy a grabar en el siguiente disco").

Tu cárcel, de Los Bukis, ("También la voy a grabar").

Tu recuerdo y yo, ("No sé si nos salve. Creo que nos hunde más en el hoyo, pero es que hay que sacar el mal").

 
Fechas conciertos:

31 de agosto, Bogotá, Teatro Jorge Eliécer Gaitán
Boletería: Desde $80.000 hasta $180.000
1 de septiembre, Medellín, Teatro Metropolitano
Informes: www.teatronacional.com.co

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