Vaya uno a saber por qué a los periodistas les encanta dedicarles páginas y más páginas de análisis a los primeros 100 días de un gobierno. Viene siendo como el período de prueba en las empresas. Tiene 100 días para mostrar de qué es capaz.

Además del recuento de los hechos más destacados en tres meses y diez días y del listado de nombramientos, en estos informes  aparecen frases del tipo "si bien es cierto que por lo hecho hasta ahora se perfila como un gran presidente, también es cierto que por lo hecho hasta ahora puede estar abocado a un gran fracaso".

¿Qué irán a decir los analistas políticos cuando se cumplan los primeros 100 días de Juan Manuel Santos, por allá a mediados de noviembre? Que Chávez en Santa Marta, que Jojoy, ni idea qué más. Pero como al nuevo presidente le dio por pasar de candidato de las picardías para transformarse en estadista que aspira a ser clon… Pero no de Uribe, del que se acolinchó para hacer realidad su sueño de toda la vida de ser presidente. Clon de Alfonso López Pumarejo, cuya política de interés social y colectivo se encargó de destrozar a las patadas Álvaro Uribe.

Miren no más las guachadas que les ha hecho Santos a Uribe y a los millones de furibistas que lo eligieron. Normalizar relaciones con Venezuela y Ecuador. Darle a Brasil la importancia que merece como socio comercial y estratégico de Colombia. Ley de tierras. Reparación de las víctimas. Además, es un presidente que no habla de mulas ni de arrieros sino de locomotoras.

Por eso resulta muy fácil hacer un balance de los primeros días de gobierno. Es más, puede hacerse hoy mismo, cuando apenas van 52 días, que serán unos 15 más cuando circule la revista.

Y, a menos que de aquí al 14 de noviembre estalle el supervolcán de Yellowstone y la civilización humana desaparezca de la faz de la Tierra, este es el balance de los primeros 100 días de Santos.

 (Como diría don William Vinasco Ch., "¡Final, final, no va más!"):

 No más "esta carnita y estos huesitos".

No más hazañas financieras de Tom y Jerry enriqueciéndose a costa de favores que les hacen los subalternos de su padre.

No más "le rompo la cara, marica".

No más shows de yoga y goticas homeopáticas en el despacho del primer mandatario.

No más caras de jartera de doña Lina Moreno en actos oficiales en que acompaña a su marido.

 No más subsidios de Agro Ingreso Seguro para las prestantes familias del departamento del Magdalena.

No más "sea varón".

No más recolectas de firmas para reelegir al Mesías.

No más Mesías.

No más El Ubérrimo.

No más presidente de la República con sombrero aguadeño y poncho.

No más los Nule.

No más la Far. Estas vuelven a autodenominarse las Farc.

No más entrevistas desde la casa de Nariño de dos horas de duración con Vicky Dávila en horario triple A.

No más alusiones al sótano de la Casa de Nari como centro de reunión entre el poder ejecutivo y el único otro poder público que reconocía Uribe: el de Job y sus amigos.

No más alias ‘el Curita‘.

No más recomendaciones de cuidar los tres huevitos.

No más presidente que pone las manos en el fuego por la honorabilidad de personajes siniestros como Jorge Noguera.

No más Uribito opcionado para ganar unas elecciones presidenciales.

No más Ministerio de Obras Públicas y Transporte al servicio de los negocios de William Vélez.

No más alias ‘Job‘ en el palacio presidencial.

No más lagartos recogiendo firmas para promover referendos reeleccionistas.

No más Roy Barreras ni Luceros Cortés con ínfulas de estadistas.

No más presidente de la República arrodillado ante la imagen de  Marianito.

No más vallas publicitarias pagadas vaya uno a saber por qué fuerza oscura que dicen "¡Adelante, presidente!".

No más presidente de la República con frac tres tallas más chiquito.

No más consejos comunitarios.

No más presidente de la República montado en un caballo de paso fino sin que se le riegue el tinto.

P.S.

Han pasado apenas 52 días y todo lo anterior parece sacado de periódicos amarillentos y ajados y recopilado por alguno de los invitados de la sección ‘Me acuerdo‘ que publica esta revista. En vez de titularse ‘Los primeros 100 días‘, esta columna también habría podido llamarse ‘Me acuerdo‘ y comenzar así: "Me acuerdo del presidente que se refería a sí mismo como esta carnita y estos huesitos. Me acuerdo de Tom y Jerry enriqueciéndose a costa de favores que les hacen los subalternos de su padre. Me acuerdo del presidente que le gritó a un subalterno le rompo la cara, marica. Me acuerdo de…". ?

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