Un hombre entra a una cantina en el centro de Bogotá, pide un trago doble y, llorando, le cuenta a la señora detrás de la barra que está enamorado de una mujer que no es su esposa. Ella rebusca entre su colección de más de tres mil discos un tango de Gardel y le dice: “Mejor váyase para donde su señora, mi amor”.

Esta es una escena típica en la vida de Mariela Cruz, la consejera de cientos de hombres desde hace más de treinta años. Marielita, como es conocida, abrió a finales de los setenta El Viejo Almacén, un bar de tangos por donde han pasado varias generaciones de estudiantes, poetas, pintores… Dicen que hasta un presidente, Belisario Betancur, iba a su local disfrazado.

Originaria de Pijao, Quindío, Marielita llegó a Bogotá hace cinco décadas y montó junto con su esposo, Pachito, una tienda de barrio. Cuando él murió, decidió darle un giro al negocio y abrió El Viejo Almacén. El nombre lo encontró en la carátula de un disco que mostraba la famosa tanguería homónima de Buenos Aires. 

“Mis muchachos vienen todavía —cuenta Marielita—. Y lloran más que las mujeres. Pero yo ya no les doy consejos, ahora los regaño”. Esos “muchachos” la han seguido, fieles, pese a que el lugar ha cambiado de sede varias veces. Lo triste para ella es que muchos ya murieron. Otros se casaron y sus mujeres no los dejaron volver. Algunas porque le tienen celos a “esa tal Marielita” que tanto quieren sus maridos. 

Dónde: Cl. 15 n.° 4-12, barrio La Candelaria

Teléfono: 3417362

Horario: De lunes a sábado, de 6:00 p.m. a 2:00 a.m.

Una recomendación: Déjese enseñar por alguna de las bailarinas de tango que frecuentan el lugar.

10 tangos de marielita para la tusa

Lejos de ti (Raúl Garcés)

“Pero estoy lejos de ti sin saber cómo estarás, si estarás pensando en mí o no me recordarás…”.

Nostalgia (Charlo)

“Quiero emborrachar mi corazón para apagar un loco amor, que más que amor es un sufrir…”. 

Qué falta que me hacés (Andrés Falgás)

“Si te encuentro seremos nuevamente, desesperadamente, los dos para los dos...”.

Volver (Carlos Gardel)

“Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez…”.

Ahora no me conocés (Jorge Ortiz)

“Aunque dejes mi alma trunca no podrás olvidar nunca lo de nuestra juventud…”.

Garúa (Roberto Goyeneche)

“Pensando siempre en lo mismo, me abismo, y aunque quiera arrancarla, desecharla y olvidarla, la recuerdo más…”. 

Cuesta abajo (Carlos Gardel)

“Era para mí la vida entera, como un sol de primavera, mi esperanza y mi pasión…”.

Los ejes de mi carreta (Edmundo Rivero)

“Es demasiado aburrido seguir y seguir la huella, andar y andar los caminos sin nada que me entretenga…”.

Malevaje (Azucena Maizani)

“Decí por Dios qué me has dao que estoy tan cambiao, no sé más quién soy…”. 

Caminito (Libertad Lamarque)

“Desde que se fue triste vivo yo, caminito amigo, yo también me voy…”.

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