En España lo presentaron como el gran fichaje que sin duda era, marcó algunos goles en los entrenamientos y debutó de inmediato en un partido contra el Valencia, donde no jugó mal y hasta estrelló un remate en el palo. Durante algunas semanas siguió siendo titular, y como no brillaba surgieron algunas tibias críticas, que desechamos de plano, pues había una explicación, o más de una: llegaba a la liga española sin vacaciones, después de un año extenuante en todos los sentidos, a un equipo que jugaba con un esquema distinto al de Colo Colo y, más encima, en medio de la pelea que marcaría la salida de Juan Román Riquelme, quien por entonces veía los partidos desde la tribuna, con una mueca irónica, marginado de las convocatorias.

Luego vinieron algunas buenas actuaciones, pero en cuanto Robert Pires se recuperó de una lesión, Matías pasó a la banca, y aunque pensamos que sería transitorio, durante los dos años y medio que, a la postre, estuvo en el Villarreal, y a pesar de unas cuantas asistencias y algunos goles, Matías nunca volvió a ser titular indiscutido, en parte también debido a una lesión prolongada (consecuencia, para nosotros, de la mentada falta de descanso, es decir, culpa de Pellegrini). Pero nosotros no lo abandonamos: hicimos banca junto al Mati, vimos todos esos partidos movidos por la sola esperanza de que jugara, en el mejor de los casos, los 15 o 20 minutitos finales; cada vez que Santi Cazorla o Pires erraban un pase —lo que, hay que decirlo, no sucedía con frecuencia—, no podíamos evitar alegrarnos, e incluso deseábamos secreta pero fervientemente —sé lo mal que suena esto— que se lesionaran, que los expulsaran.

Quizá lo del Villarreal fue un fracaso, pero preferimos no llamarlo así. Como en ese cuento de Cortázar, Queremos tanto a Glenda, los que queremos tanto a Matías culpamos siempre (y con razón) a los técnicos, a sus compañeros de equipo y, por supuesto, a la fatalidad, a la mala suerte. A pesar de que Matías nunca, en rigor, jugaba mal (el problema más bien era que jugaba poco), la hinchada no hacía otra cosa que criticarlo, por lo que tuvimos que hacernos cargo de su defensa. Confieso que pasé numerosas horas interviniendo en foros de internet donde lo denigraban constantemente, echaban en cara la “pasta” que había costado, pedían que lo mandaran a la filial, y se permitían las menos imaginativas bromas sobre su apodo Matigol (a esas alturas, claro, inoportuno). Recuerdo que, para cumplir a cabalidad mis funciones, estudié la historia del club y elegí un nickname que homenajeaba a una antigua gloria local, procurando que mis observaciones —en apariencia, siempre muy objetivas— sonaran totalmente españolas, para que nadie descubriera mi nacionalidad, aunque más de algún lector avezado de seguro notó que mis comentarios sonaban a veces demasiado españoles.

Más difícil hubiera sido fingir un portugués verosímil en los foros del Sporting de Lisboa, pero no fue necesario, porque en las tres temporadas que el Mati jugó allí, a pesar de las lesiones y del mal momento del club y del desfile de diferentes entrenadores (uno de ellos pellegrineó un poco al Mati, pero la cosa no pasó a mayores), Matías logró consolidarse, al igual que en la selección, donde siguió siendo el indiscutido número 10 del equipo de Marcelo Bielsa. El partido en que Chile consumó la clasificación a Sudáfrica, sin embargo, fue ingrato: venía mal físicamente y Bielsa lo sustituyó en el primer tiempo por Jorge Valdivia, quien las hizo todas y se llevó los créditos.

El presente de Mati en la Fiorentina se ve auspicioso. Compite con Alberto Aquilani, el 10 de Italia, pero Vincenzo Montella parece decidido a incorporarlo a un equipo donde sobra el talento y el buen trato de balón. Ha jugado varios partidos de titular, y cuando ha entrado desde la banca, su aporte ha sido indesmentible. Escribo, de hecho, en una tarde dulce para los matiadictos, recién terminado el partido de la Fiore con el Parma, que terminó en empate a dos gracias a un hermoso tiro libre de Matías: la pelota superó con elegancia la barrera y enseguida bajó vertiginosamente hasta clavarse a la derecha del arquero.

En la selección, en cambio, Jorge Sampaoli no ha disimulado que lo considera suplente y que prefiere al vociferante Valdivia. No voy a terminar este artículo argumentando por qué Matías debe ser titular en Brasil 2014 ni mucho menos denostando a Valdivia. Para qué, no es necesario, los fanáticos no tenemos que justificarnos. Además que ya tengo todo claro, absolutamente claro. Si Chile hace un buen Mundial, será gracias a Matías. Si Chile hace un buen Mundial, pero Matías no juega o juega poco, habremos perdido la posibilidad de un mundial todavía mejor. Si Chile hace un mal Mundial sin Matías, será, naturalmente, debido a esa ausencia. Y si Chile hace un mal Mundial con Matías en cancha, no será culpa de él. Será culpa del entrenador, de los otros jugadores, de los árbitros, qué sé yo: de la Fifa, del destino, del Zodiaco, pero no de Matías.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.