Desde que era un simple cerrajero, Karl Benz quería construir un “carruaje sin caballos”. Y logró cumplir su sueño cuando en 1886 terminó el Motorwagen, el primer vehículo de gasolina en ser patentado en la historia. Por esa misma época, Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach ya habían diseñado un motor aún más potente, que habían instalado en una lancha y en una bicicleta. Independientemente de cuál de ellos haya sido el inventor del carro, lo más impresionante fue que estos señores solucionaron, paralelamente y sin conocerse entre sí, el mismo problema: transmitir la potencia del motor de combustión interna a un vehículo para calle. Y, de paso, sentaron las bases para la creación de uno de los íconos de elegancia e innovación del mundo automovilístico: la Mercedes-Benz.

Cuando en 1926 se unificaron la Benz & Cie y la Fábrica Daimler de Motores (DMG según sus siglas en alemán), decidieron nombrar la compañía siguiendo una tradición muy exitosa. Emil Jellinek fue un diplomático multimillonario aficionado a los deportes, que se interesó en la DMG cuando en 1897 compró su primer carro. Sin embargo, el desempeño y la velocidad del automóvil que recibió al comienzo no le parecieron suficientes. Entonces se involucró no solo en la distribución, sino también en el diseño de nuevas versiones de su carro. Usando el seudónimo Mercedes, en honor a su hija, estos nuevos diseños lo hicieron merecedor del primer puesto de la Semana de Niza, una de las carreras de automovilismo más prestigiosas de la época. En 1901, Jellinek pagó 550.000 marcos (aproximadamente 2,3 millones de euros) para que le otorgaran la distribución de 36 de estos vehículos y además el derecho de llamarlos Mercedes. Incluso cuando se unificaron las dos compañías originales en la Daimler-Benz, todos sus productos mantuvieron ese nombre de mujer, que hoy en día hace parte del nombre oficial de la célebre marca alemana.

El diseño del símbolo de la Mercedes-Benz corrió un destino similar al de su nombre. Con el paso de los años, la forma de la estrella fue perfeccionada hasta alcanzar la que tiene hoy en día. Al principio, la Benz & Cie utilizaba una corona de laureles que rodeaba su nombre; luego la DMG presentó en 1916 el primer prototipo con un símbolo muy parecido al actual. Diez años después, al fundarse la empresa Daimler-Benz AG, se unificaron los símbolos combinando la corona de laurel, la estrella y las palabras Mercedes-Benz. Para 1933, se dio con el diseño perfecto: la estrella de tres puntas que simbolizaba el sueño de Gottlieb Daimler de crear máquinas para el cielo, el mar y la tierra. Finalmente, en 1989 se le dio más profundidad a la estrella, que actualmente sigue siendo un símbolo de elegancia y poder. ¿Alguna duda? Para que siga fiel a esta marca, le presentamos lo último de Mercedes. Si nunca ha tenido uno, está a tiempo de hacerlo.

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