La fantasía masculina más soñada es la que más pesadillas me produce. Y es que cuando un par de mujeres descubren que la pueden pasar mucho mejor sin un hombre, ¿cuál es el proceso mental que nos hace pensar en que el mejor regalo para ese shower de progesteronas es uno? (Las partes del cuerpo más efectivas para besar a una mujer)

Pero vamos a darle un chance. Supongamos que uno está detrás de unas cortinas espiando a dos hermosas y delicadas mujeres que están desnudas en una cama, dándose un tierno besito. Una de ellas descubre que detrás de las telas hay alguien doblemente parado. Ambas, en vez de enfurecerse por la intromisión, lo invitan para que se una a la fiesta porque están tan excitadas que no les importa ver desnudo a alguien con bronceado de sótano, seis pelos en el pecho y el abdomen con forma de esfero Liquid Paper.

Como son muy dulces, no se asustan al ver un flan gigante que tiene ganas de tirar. Así que uno les sonríe, se les acerca, besa dos teticas izquierdas y, como andamos tan pornográficos, empieza a sonar esa música que les ponen a los programas de recetas. El saxo algo debe tener que ver con el sexo. Parece que los productores de programas de cocina también trabajaran poniéndoles música a esas películas donde se comen otra cosa. Pero volvamos a la escena del crimen. Para no descuidar a las besuconas, se valdrá todo lo que tenga una superficie pronunciada: dedos, talón, mentón, codo, codito y, por supuesto, lengüita. Uno planea cómo serán el 69 y el 72, en este jueguito del dos contra uno. Luego, uno se acuesta boca arriba y como un Cristo que da la vida por las demás, extiende sus brazos para que cada una de ellas ponga su cabeza y de esta manera las pueda abrazar al tiempo. Uno memoriza la fecha y la hora en la que está sucediendo todo. Hace una lista mental de amigos que se van a enterar de lo que está a punto de suceder y, entre los tres, le damos como perro a cojín de sala porque lo que Dios ha unido, ahora no lo separa el hombre.

Claro, después de los gozosos y los gloriosos, vienen los dolorosos: ¿qué pasa si a uno le queda gustando, a pesar de que a las mujeres les suenan más las relaciones extensas y los hombres somos los mejores intérpretes de tocata y fuga? ¿No las llamaríamos otra vez? Como el caballero repite, seguramente así será: los tres podríamos hacer una bonita pareja. Y lo que empezó con un par de mujeres besándose, puede terminar en una tesis laureada de psicología de tripa-reja.

Después de que ellas se han pasado a vivir a su casa, es decir, después de que a usted le tocó meter su ropa entre el depósito porque la de ellas ocupa todos los clósets, empieza la vida cotidiana de cualquier relación. ¿Ya se le olvidó cuál es la respuesta que da una sola mujer cuando usted le pregunta a dónde vamos a comer? Se imagina a dos metidas entre su carro diciéndole al tiempo: "No sé, Chiqui. A donde tú quieras". (Los mejores besos lésbicos de la televisión colombiana)

Sin embargo, ya no va a volver a ser "donde tú quieras". Con dos en la casa, eso se acabó. Las decisiones de pareja por simples que sean, se toman gracias a un 50% y otro 50%. Con una mujer adicional, a usted se le bajaría su participación a un penoso 33,3% y como ellas se amangualan para todo, a usted le va quedar imposible luchar contra el otro 66,6%.

¿Otra noche lujuriosa? ¡Qué delicia! Pero cuando terminen con aquello, si usted se acuesta en medio de ellas a ver televisión, se acabaron esos momentos felices que algún día vivió con su viejo amigo, el control remoto. De manera sistemática usted va a terminar dañando su gusto gracias a la dosis intensiva de telenovelas nacionales. Los partidos de fútbol quedarían para el recuerdo y en vez de ver uno de eliminatorias al mundial, tendría que ver por tercera vez a Mel Gibson en Hallmark con medias veladas, electrocutándose entre una tina en Lo que ellas quieren. En el mejor de los casos, lo dejarán ver canales internacionales en los que todavía hacen realities con cambios de casas, nacimientos de bebés, novias malgeniadas, niñeras rabonas, matrimonios emproblemados y cocineros que, con música porno, preparan esos platos que lo dejan a uno cagado del hambre.

En su casa le tocará usar el baño de visitas para mojarse el cuerpo con un vasito de agua en el lavamanos y vestirse sentado en el inodoro porque el baño principal estaría repleto de tratamientos para la piel, rinses, splashes de Victoria´s Secret, jabones de avena, exfoliantes, dos secadores de pelo, un juego de 11 cepillos de pelo gigantes, dos guantes para la celulitis y dos calzones colgados en las llaves de la ducha.

Olvídese de volver a comer tamal un domingo. De lunes a lunes: su nueva dieta será una porcioncita de frutas, café descafeinado, queso desquesado, una tostada sin mantequilla y un huevo (solo de gallina) a la semana. ¿Ya se le olvidó que las mujeres nunca van solas al baño? Entonces, usted tendrá que quedarse muchas veces solo, sentado en la mesa, jugando con el salero. Y si un buen fin de semana le da por hacerles una sola sugerencia sobre la comida, le tocará lavar la loza durante el resto del mes. Se meterán en la cocina a hacer una vaina que usted solo podrá probar sentado en la mesa y sin derecho a repetir porque como el 66% de esa casa no lo hace, el 33% restante, tampoco debe. Y eso que esta es una situación especial en la que uno necesita muchas calorías para poder echarse al bolsillo a dos suegras.

¿Saliditas a cine? Claro. El problema es que usted se volverá el rey de la comedia romántica. Se acostumbrará a mojar pupila desde los créditos iniciales, se reirá de cualquier bobada, terminará metido en un grupo de Facebook de fanáticas de Sex and the City y, poco a poco, Hugh Grant le empezará a parecer un muy buen actor.

Los planes de los sábados terminarán siendo en un centro comercial con muchas bolsas llenas de ropa y zapatos que uno les carga y que debe meter entre el baúl de ese carro que paga a cuotas y que ahora tiene un tierno llavero de Winnie Pooh, y una antena de radio con esa bolita negra que tiene las orejas de Mickey Mouse.

En una noche de plan de peliculitas y de pizza a domicilio no se olvide que solo se puede pedir de dos sabores. Así que adivine quiénes los van a elegir. Y si le preguntan por la marca de la gaseosa, dese por bien servido y, eso sí, se acabaron los sorbos a pico de botella.

Y mientras se toma unos tragos con sus amigos y les chicanea sobre su estado marital, sobre su logro, sobre esa gran hazaña de tener un par de hembras a su servicio en la casa, le tocará poner su celular en modo "silencio" o "reunión" porque ellas se turnarían para encenderlo a llamadas cada 20 minutos en las que dirán frases como: "¿En dónde estás?", "¿sabes qué hora que es?", "no se oye como si estuvieras en la oficina", o "¿te demoras mucho?".

Las modas vienen y van pero a esta, es hora de acompañarla al aeropuerto. A las mujeres ahora les gusta darse besitos frente a los hombres. Y eso que aparentemente podría verse como una escena de sumisión ante nosotros, solo es una manera aplastante de reconfirmar que la fortaleza de nuestro género es como un beso, algo que está pegado con simples babas. (Tres besos que usted tiene que probar en el sexo)

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