Cuando Alemania y Austria salieron al césped del estadio napolitano “Giorgio Ascarelli” para jugar el partido por el tercer puesto del Mundial de Italia 1934, las dos escuadras vestían sus uniformes tradicionales: camiseta blanca y pantalón negro. La única diferencia estaba en las medias: Las germanas tenían una franja blanca más ancha. Como los capitanes no se pusieron de acuerdo sobre cuál de los dos conjuntos debía cambiar su atuendo, el árbitro italiano Albino Carraro decidió comenzar el juego a pesar del conflicto cromático. La confusión fue tal que el público no sabía qué equipo atacaba hacia un lado y cuál para el otro. Tal vez favorecidos por esta increíble situación, los alemanes se pusieron en ventaja 2-0 en pocos minutos, de la mano, o mejor dicho los pies, de Ernest Lehner y Edmund Conen. Desconcertados, en el entretiempo los austríacos le pidieron permiso a Carraro para sacarse las camisetas albas y calzarse las del equipo local Napoli que había conseguido, de apuro, uno de sus dirigentes. Los tiroleses creían además que, con el celeste en el pecho, obtendrían el apoyo de los espectadores. Sin embargo, el cambio no fue tan efectivo: primero, porque apenas había siete mil hinchas, en su mayoría despreocupados respecto del resultado. Segundo, porque si bien los austríacos lograron marcar dos veces, esto no alcanzó para evitar la victoria de Alemania, que terminó imponiéndose por 3 a 2.

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