Es la noche del 8 de octubre de 2016. En la plaza de Güepsa, Santander, hay casi 5.000 asistentes, más del número de personas que viven allí. La mayoría está de pie, pues la alcaldía no alquiló suficientes sillas, pero aun así la gente aplaude, grita y ríe cuando ve a un conocido o se ve a sí misma en la pantalla. La emoción se debe a que tanto el director como los actores de la película Pariente son güepsanos. La producción promete visibilizar a Güepsa, un municipio de Santander que, según Iván, “no se encontraba en los mapas antes de que existiera Google Maps”. (Así se hizo Dunkerque, la nueva película de Christopher Nolan)

El público aplaude mientras sigue la historia de Willington, un transportador de caña de azúcar que fue abandonado por su novia Mariana. Sus vidas aparecen ante sus ojos: vuelven a sentir cerca la desmovilización del paramilitarismo en 2005. El evento termina y los güepsanos aplauden. Iván, contento, piensa que valió la pena. “Mire muchacho, yo no sé usted por qué hace esto. No entiendo por qué viene a filmar acá. Si esto es hasta feo. Pero gracias por venir”, le dijo una abuela.

El trabajo de Iván cuenta historias que reflejan la cultura de su pueblo, que reivindican los lugares poco conocidos y que demuestran que no solo en la capital o las ciudades importantes del país se hace cine. Precisamente obras como estas muestran que es importante apostar por un cine descentralizado que recree el universo rural del país y que elimine, poco a poco, la brecha social entre el campo y la ciudad.

Un ejemplo de lo anterior es que antes de Pariente ninguna “película 100 por ciento santandereana”, como llama Iván a un trabajo grabado solo en este departamento y con interpretes naturales de la región, había llegado a la cartelera nacional y mucho menos a festivales internacionales como el de Venecia y Toronto. Además, en marzo Pariente fue preseleccionada para representar al país en Los Premios Platino en ocho categorías y ganó el premio Fipresci en el Festival Cinélatino de Tolouse. Pero el logro más reciente de Pariente se dio este mes: la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas seleccionó esta película para representar a Colombia en los Premios Oscar 2018. Sin embargo, en su momento, la cinta solo estuvo un mes en las carteleras de Cine Colombia.

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Iván nació en septiembre de 1980 en Güepsa. Sus padres, ambos profesores, decidieron, ocho años después de que él naciera, mudarse a Bucaramanga para que sus cuatro hijos tuvieran más oportunidades. Los dos hermanos mayores y la menor son médicos, y él, saliéndose del camino, estudió ingeniería civil en la Universidad Industrial de Santander. Sus años como estudiante los recuerda como momentos felices, pero no por la profesión que escogió, sino porque con algunos compañeros, también güepsanos, conformó Los Resbaladores, una banda de música norteña y rock, gracias a la cual conoció artistas de Bucaramanga.

La mezcla entre música norteña y rock no parece verosímil, pero Iván, entre risas, me cuenta que Güepsa pertenece a la provincia de Vélez, una zona donde todos tocan algún instrumento y donde se escucha música andina colombiana y rancheras. Admite, sin embargo, que le gustan el power y el hardcore, y que de ahí viene su barba tipo chivera. (Las mejores películas de guerra de la historia)

Cuando la banda se desintegró en 2003, la vida de Iván se trastocó. “Ese año fue un caos. Ese espacio creativo que tenía se quedó en nada”. Finalmente, en marzo de 2004 se graduó de ingeniería, no sacó la tarjeta profesional y, sin saber bien qué era el cine, asistió a un taller para realizar cortometrajes organizado por el Ministerio de Cultura en Bucaramanga.

Iván tenía 25 años cuando empezó a estudiar cine en la Universidad Nacional y 4 años después, en 2008, se graduó con un cortometraje llamado El pájaro negro, que realizó con su amiga Diana Pérez, productora de La Banda del Carro Rojo donde en la actualidad ambos trabajan.

“Ellos son un ejemplo de personas que se reunieron para aprovechar los estímulos de la ley colombiana de cine”, me dijo Santiago Chaves, quien conoció a Iván en la escuela de cine a la que ambos asistieron. Después de El pájaro negro, Iván y Diana, él como director y ella como productora, han realizado juntos 6 cortometrajes y un largometraje, todos en Güepsa. “El punto de partida de Iván es lo que conoce y siente, y reconozco que creó un universo”, continúa Santiago.

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Pero antes de graduarse, Iván tuvo un encuentro con los lugares perdidos e historias olvidadas que cambiaron su rumbo cinematográfico: Ciro Guerra preparaba su nueva película, Los viajes del viento, y la Universidad Nacional dio fondos para la cinta con la condición que aceptara pasantes. Entre ellos se encontraba Iván como asistente de cámara. Por un golpe de suerte, el primer asistente de dirección renunció y el segundo asistente pasó a tomar ese puesto. Con la vacante de segundo asistente (quien se encarga de coordinar a los actores), Iván les dijo a la productora Cristina Gallego y al nuevo primer asistente, Jacques Toulemonde, que quería ocupar ese puesto. Sin saber sobre el tema se sentía capaz de hacerlo, pues conocía a los actores. Cristina y Jacques siguieron buscando, pero como no encontraron a nadie le dieron la oportunidad a Iván.

El equipo de Los viajes del viento viajó por el Caribe varios meses, e Iván debía procurar que los actores, naturales todos, estuvieran listos en el momento de grabar. Estos no siempre dimensionaban la importancia que tenían en la obra. Una vez Iván tuvo que ir a la finca de uno de los actores a las 5 de la mañana para ayudarle a ordeñar las vacas porque este no actuaba sin primero haber hecho sus labores diarias. Ese contacto directo con ellos llevó a Iván a apreciar el cine desde otra óptica: “Yo nunca imaginé que eso también era el cine. Que no fuera solo contar historias, sino que también implicara vincularse las personas de una región”. Iván veía a los actores felices porque la película trataba de su mitología vallenata. Esto lo motivó a hacer El Pájaro Negro, un cortometraje con personas de su pueblo.

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El Pájaro Negro no pasó desapercibido: Daniela Berrío, la protagonista, ganó el premio a mejor actriz protagónica en In Vitro Visual 2009, algo que Iván no esperaba: “Cuando uno es de la provincia siente un complejo de inferioridad creativo donde cree que las cosas de la capital son mejores”. Desde entonces creó un universo cinematográfico compuesto por su pueblo natal y sus paisanos. No obstante, esto no deja de generar críticas: “La actuación natural para ellos es una bandera, pero a veces esta no alcanza. Un actor debe dar varios matices a un personaje, pero en este caso los actores son los personajes y no hay espacio para que este último crezca”, me dijo Santiago cuando le pregunté qué no le gustaba de la obra de Iván. Y agrega: “Yo tuve problemas con Pariente: con su verosimilitud, la forma en que está alineada y las diferentes tramas que se abren en la película y no se cierran”.

Para los güepsanos el hecho de que Iván, a lo largo de su carrera como director de cine, realizara seis cortometrajes y un largometraje de su pueblo es una oportunidad para que este empiece a ser reconocido nacional e internacionalmente. Ya no les es necesario decir que son de Barbosa para que la gente tenga una idea de su procedencia. (La Defensa del Dragón, una película colombiana que no habla de guerra)

—Muchacho, ¿que nos vieron en Italia? —pregunta un abuelo a Iván.

—Sí, señor.

—Ah, me parece muy bien que nos vean en Italia.

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