Sin lugar a dudas, los pastusos somos la raza superdotada de Colombia, solo que funcionamos bajo una lógica inversa, como si el bobo viviera del vivo. Somos tan inteligentes que nos escondemos tras la fama de mensos para ganar unos puntos a nuestro favor.

Llevaba un buen tiempo sin viajar a mi ciudad hasta que recibí la invitación de mi tía a conocer las pirámides de Pasto. Sorprendida porque además de un volcán a punto de explotar también teníamos pirámides, saqué mis ahorros, pedí un préstamo en el banco con un interés de 1,5% y me fui para Pasto a triplicar la platica. Nunca supe quesque hicieron mis paisanos para pagarme un interés del 200% por el dinero que guardé en su misterioso fondo, pero hansido caspas como para que los haya chancuquiado el bámbaro del David Murcia.

La otra vez regresé con George, mi esposo, a visitar a la familia. Fue solo llegar a Chachagüí y notar la cara de envidia de esas guaguas al ver a mi esposo que, aunque entelerido y desgualangado, es gringo. Ya las viera diciendo: “Esa mandinga guaneña cruzó el charco para buscarse ese angarillo”. 

Apenas llegamos a la casa, mi taita, muy cordial, le dijo: “Mijo, no se asuste cuando abra la nevera, la pistola que está en la jarra de agua es para matar la sed”. George nunca entendió por qué, así como tampoco me entendió que las puertas de la iglesia de Las Lajas las hicieron altas para que entre El Altísimo. Y es que los chistes pastusos son creados por nosotros mismos, al parecer es la mejor manera para defendernos de la burla colectiva. Nuestros chistes son tan brillantes como el coro de la barra brava del Deportivo Pasto, los ‘Cuyigans’, que dice: “Trece, catorce, veintiuno, con Pasto no se mete nadie”.

Para poder viajar desde Bogotá hasta Pasto tuvimos que atravesar medio país y tres cordilleras. Llevábamos esas maletas llenas de ruanas porque ¡achichay qué frío que hace por allá!, tan berraco será que George se la pasó chumado a punta de Aguardiente Nariño. Es que viviendo en una tierra tan fría no se puede hacer otra cosa que chumarse y pichar como cuyes. 

Yo todavía no entiendo cómoesquel George se fijó en mí, semejante carisina que soy. Al igual que mis paisanos, no mido más de 1,60, soy morena quemada por el sol de montaña, con los ojos pequeños y los dientes desordenados, ligeramente salidos al frente. Cuando estábamos en Catambuco comiendo cuy, George concluyó que sabe a pollo y se parece a mí, porquesque según él, los pastusos somos igualitos a nuestro plato típico, solo nos falta acostarnos sobre nuestras vísceras con maíz tostado. 

En esas vacaciones estuvimos en los carnavales con el George. Hasta que lo agarraron mis paisanos en una esquina, le bajaron los pantalones, le subieron la camisa y lo llenaron de pintura negra, talcos y hasta aguapicha. Mejor dicho, le hicieron la “operación pupo” y el George no quiso ni volver por allá. ¡Que viva Pasto, carajo!

Glosario (no es necesario si tiene algún conocimiento de quechua):

Chancuquiar: Hacer trampa.

Bámbaro: Marica.

Chachagüí: Municipio aledaño a la ciudad de Pasto en donde se encuentra el aeropuerto Antonio Nariño: el único ubicado sobre una meseta que se levanta a más de 50 metros y cuya pista está frente a una enorme cordillera.

Guagua: Niña.

Entelerido: Flojo.

Desgualangado: Mal vestido.

Mandinga: Maldita.

Guaneña: Mujer pastusa, como dice la canción: “¡Guay que sí, guay que no, la guaneña me engañó!”.

Angarillo: Flaco, esquelético.

Taita: Papá, hombre mayor.

Achichay: Expresión de frío.

Chumado: Borracho.

Carisina: Mujer inútil. 

Catambuco: Corregimiento aledaño a la ciudad de Pasto en donde se come cuy. Para el pastuso, ir a Catambuco el domingo es como para el cachaco ir a la Sabana.

Operación pupo: Práctica peligrosa que les hacen los pastusos a los turistas en el Carnaval de Blancos y Negros. Consiste en levantar la camisa y manosear con pintura el cuerpo de su víctima.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

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