1. Muchos opinan que Pep Guardiola nació “con una flor en el culo”, una expresión muy catalana para decir que tiene mucha suerte. Casi nadie sabe que su padre, Valentín Guardiola, fervoroso creyente católico y devoto de San Pancracio, pone una vela ante el santo para dar suerte a su hijo en los partidos importantes. Hasta la fecha, este santo de la cristiandad generalmente le ha dado suerte.
  2. Difícilmente se puede ver a Guardiola en una iglesia. Su estilo de vida es cuanto menos agnóstico. De hecho, se casó de manera improvisada y secreta con su esposa, Cristina, con la que tiene tres hijos, en una ceremonia civil en el verano de 2014. Tras la boda, contrató un vuelo chárter para invitar a algunos amigos y familiares a un hotel de lujo en Marrakech. Una luna de miel sacada de Las mil y una noches.
  3. Un rumor sobre su supuesta homosexualidad lo acompañó en los años noventa, generalmente atribuido a sus adversarios en una época en que ser gay (a diferencia de hoy en día) no era socialmente aceptado en España. Pep, por cierto, frecuentaba una zona de saunas para homosexuales en Barcelona, porque allí dejaba su carro para ir a ver a su novia y comer en una de sus pizzerías favoritas. Tal circunstancia casual dio alas al rumor.
  4. Cervecero no ha sido nunca, si bien en su año sabático en Nueva York se aficionó a los vinos caros. Pero dado que la cerveza Paulaner es patrocinadora de su actual club, el Bayern Múnich, Pep no le hace el feo... cuando las cámaras lo enfocan.
  5. Pep es un fiel discípulo de escuchar música y de ir a ver películas. No es un secreto que uno de sus grupos preferidos es Coldplay, que utilizaba para motivar a sus jugadores antes de las citas importantes, tal como lo hizo con la película Gladiador antes de la final de Champions de 2009, que ganó. 
  6. De niño, Pep lloraba a lágrima viva ante el televisor al ver la serie Pinocho. “¿Por qué lloras, Pep?”, le preguntó su madre. Y el niño contestó: “Es que a Pinocho le pasan muchas desgracias. El mundo es muy duro”. El futuro mejor entrenador del mundo evidenciaba una gran sensibilidad que luego aprendió a blindar con un insospechado sentido de la dureza y una gran capacidad de resistencia ante la adversidad.
  7. Apenas llegó al Bayern Múnich, Guardiola exigió al club erigir “un muro de Berlín” en torno al campo de entrenamiento. No quería miradas de curiosos ni que le copiaran las jugadas de estrategia. Al principio, el club no quería. Finalmente accedió. La valla con una densa lona costó 80.000 euros, según la prensa muniquesa. El club solo aceptó tapar el campo en el entrenamiento previo a un partido. El resto de días, no. Forma parte de la cultura de la entidad permitir el contacto entre aficionados y jugadores. Pep, a su pesar, tuvo que dar el brazo a torcer. 
  8. Pep, como buen capricornio, es testarudo. Cuando una cosa se le pone entre ceja y ceja, insiste sin cesar. Y llegó así el día en que descubrió el golf como deporte, una disciplina altamente técnica. Cuentan sus amigos que verlo jugar es un espectáculo. Se obsesiona por hacer los golpes perfectos y los repite mil y una veces. Mientras sus compañeros de juego hace horas que han dejado el campo, él se mantiene allí, intentándolo una y otra vez. La persistencia (quizá un tanto enfermiza) es uno de sus rasgos más marcados.
  9. En la actualidad habla cinco idiomas: catalán, español, italiano, inglés y alemán.
  10. El envejecimiento prematuro del exitoso entrenador se hace evidente repasando las fotos de su cabeza en los últimos siete años. La cabellera brilla por su ausencia, las arrugas son ostensibles y los ojos llorosos denotan horas y horas de esfuerzo al máximo. El nivel de exigencia de Pep es altísimo. Para empezar, con él mismo. Le pregunté a un directivo del Bayern si Pep trabaja tanto como un alemán y me contestó: “Pues no: trabaja mucho más”.
  11. El padre de Pep, albañil jubilado y hombre de carácter y tenacidad, recopila con devoción todos los recuerdos personales de su hijo: zapatillas (guayos), uniformes y trofeos. En la azotea de su casa tiene un auténtico museo que haría las delicias de cualquier aficionado al fútbol, pero es estrictamente privado. Un número muy limitado de personas lo ha podido ver. Si Pep quisiera, el lugar podría convertirse algún día en el Museo Guardiola.

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