¿Es poco profesional que un periodista deportivo confiese cuál es su equipo? ¿Acaso le quita ética o parcialidad a sus comentarios y opiniones? El debate no es nuevo pero en los últimos días parece que volvió a aparecer.

Creo que la respuesta a estas preguntas radica precisamente en los mismos cuestionamientos. Me explico: un periodista —político, económico, deportivo…sea cual sea su especialidad— debe tener la profesionalidad y la ética periodística para transmitirle a su público lo que está pasando. También debe tener la capacidad de dar un análisis sobrio y argumentado, algo que uno busca cuando consume un medio. Eso es, en esencia, lo que un buen periodista debería hacer.

Ahora bien, que lo haga metiéndole pasión, a mi entender, no tiene nada de malo. Todo lo contrario: demuestra el compromiso y la dedicación que un profesional quiere darle a su profesión. Lo que pasa es que como estamos hablando de un periodista deportivo —más específicamente un periodista que habla de fútbol— es supremamente fácil que, al momento de expresarse o de hablar en primera persona de su equipo, moleste al que está del otro lado. Además, en el deporte, en el fútbol, no hay una verdad absoluta y lo que a mí me parece bien, a otros les parece mal, mis opiniones pueden ser amadas por unos y odiadas por otros. Todo es subjetivo y, como vivimos en un mundo en donde todo consumidor tira la piedra y se esconde, los insultos y las críticas son el pan de cada día.

Ojo, no estoy diciendo que toda crítica sea mala, si es constructiva y da un análisis, es más que bienvenida. También es cierto que muchos periodistas se han dejado llevar por ciertos momentos y situaciones que los llevan a escribir o hablar en caliente y pierden la racionalidad. Coloquialmente sería algo así como que se le salió el hincha de estadio que todos llevan por dentro. Y pasa: lo vemos en televisión, lo escuchamos en debates radiales y lo leemos en columnas de periódicos.

La clave está entonces en saber andar por esa delgada línea de informar y opinar mientras uno no esconde su pasión ni su fanatismo. Se puede hacer. Muchos lo hacen y lo hacen bien. Creo que cada vez más periodistas deben animarse a hacerlo porque salvo una orden gerencial (o sea, que el jefe le prohibió decir de qué equipo es), siempre será sano informar y opinar siendo 100% sincero. Demostrar amor por un equipo, si se hace con la capacidad y la técnica apropiada —cosas que un periodista debe hacer— solo llevará a cosas buenas. Así un periodista, que también es hincha, podrá felicitar y criticar su equipo y hacer lo mismo con otros.

Otra cosa: unos piensan que los periodistas deportivos son vacas sagradas y no seres humanos como cualquiera de nosotros. Un comunicador deportivo —a veces llevado por la pasión por su equipo, otras no— se ha equivocado y lo seguirá haciendo. Que pague los platos rotos de una manera más cruel o evidente, esa es otra cosa. Hoy con la inmediatez de las redes sociales pasar de héroe a villano se logra en segundos. Al final del día, las constantes críticas van por sí solas pero los que creen en su trabajo, en su dedicación y en su profesionalismo, se lo harán saber y eso hace toda la diferencia.

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