Conocí al entonces viceministro de Agricultura Andrés Felipe Arias en el Senado, precisamente cuando el ministro de aquel entonces, Carlos Gustavo Cano, decía que no se firmaría un TLC con Estados Unidos que perjudicara a la agricultura colombiana. Se firmó un TLC que perjudicaba a nuestra agricultura, Cano se fue y Arias se convirtió en ministro.

Arias le dio impulso al cultivo de palma africana y otras materias para biocombustibles usando valiosas tierras fértiles que, en mi opinión, deberían haber sido destinadas exclusivamente al cultivo de alimentos para los seres humanos en un país que cuenta hoy con el 12% de su población sumida en la desnutrición crónica. Es decir que consume parte de su masa ósea, muscular y cerebral para poder subsistir.

El gobierno decidió el subsidio a la producción de biocombustibles en detrimento del subsidio a la producción de alimentos, dejándolos expuestos al contrabando, la importación y al mismo TLC. El gran ganador con esta política fue el gran poseedor de tierras y capitales líquidos en el campo, necesarios para la producción en masa de biocombustibles, que (y me gané por decir esto una denuncia ante la Corte Suprema interpuesta por el mismo Arias) es en muchas ocasiones el narcotraficante.

El gran perdedor: el campesino y el empresario agrario productor de alimentos y alguien que desconoce esta política: el ama de casa que encuentra cada vez más caro el mercado de su familia. Se produjo la carestía: escasez de alimentos con altos precios. Aumentó la desnutrición del colombiano pobre.

Al tiempo que se expandió el cultivo de la palma y el potrero en contra del cafetal, el maizal, el arrozal… Se expandió la mafia y el desplazamiento.

De los 15 millones de hectáreas fértiles con que cuenta Colombia, solo se cultivan cuatro millones y de estas solo dos en alimentos; 10.000 personas se quedaron con el 62% de la superficie cultivable, sin cultivarla. Quince millones de campesinos bordean gracias a esto en un 80% la pobreza, la mitad están en la miseria. Aquí está el origen de nuestra violencia agraria y el fundamento que nos convierte en uno de los países más desiguales socialmente de la humanidad. Aquí está el fundamento de tanta barbarie, de tanta sed de venganza agraria, poco entendida por el ciudadano urbano.

Arias presenció impávido este panorama y lo acentuó.

Colombia tiene una gran oportunidad como productor de alimentos e industrias agroalimentarias, su reto está en tener un Banco Agrario capaz de financiar los 15 millones de hectáreas fértiles, de tener un capítulo presupuestal de subsidios a la producción de alimentos de más de 15 billones de pesos anuales, de vincular el saber a la tierra fértil. Para ello es indispensable que buena parte de esta pase de las mafias que la poseen ilícitamente a los productores de alimentos. Arias no se atrevió a acometer este reto.

El resultado hubiera sido un empleo cada cinco hectáreas, es decir: tres millones de familias integradas a la prosperidad rural, que es el verdadero nombre de la paz; una producción de 90 millones de toneladas anuales de alimentos, es decir una Colombia sin hambre; y un modelo de desarrollo que nos articulara productivamente con el mundo a partir de la producción de alimentos y la industria agroalimentaria urbana. Arias no quiso ver esta posibilidad democrática, moderna y pacífica de sociedad colombiana.


Lea la revancha de Arias contra Petro aquí.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.