Cómo tocar con arte la pecosa

El fútbol es poema ¡Quien lo niega!
Van palabra y balón como el ovillo
dibujando la red, con tanto brillo
que teje al jugador y al estratega.

Con tretas de rufianes no se juega
por más que se haga bola el armadillo;
no saca el Cid la espada del bolillo
ni el lustre de la ofensa y la refriega.

Ya quisiera el cobarde la risuena
pasión del Campeador, y la grandeza
de dar amor sin palos a la moza.

Y José Néstor Pékerman enseña
con pundonor, con temple y con nobleza
como tocar con arte la pecosa.

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