Juré que jamás dejaría mi portátil Toshiba. También juré que nunca tendría BlackBerry, y tengo uno… pero estoy a un paso de divorciarme de él. Dejé mi portátil en casa para siempre y me matriculé con una Samsung Galaxy Tab 10.1. Es como si toda la vida hubiera entrenado ping-pong con pesas en las muñecas y estuviera libre de ellas para la gran final: este aparato no pesa un carajo. Me mortificaban las tabletas sin puerto USB. Esta tiene una salida compatible con USB. Eso, para mí, es como tener a Scarlett Johansson en una isla desierta, lejos de mi mujer y, sobre todo, de mi suegra.


Veo todo muy claro. Como si hubiera tenido una revelación… aclaro que no soy muy religioso que digamos, pero sí soy medio cegatón y en este aparato las cosas se ven nítidas, como si hubieran hecho la pantalla con trozos del alma de Teresa de Calcuta. Acabo de recorrer la galería de fotos de la sección Modelo, de la versión Galaxy de SoHo y, gracias al cielo, la protagonista no se parece a Teresa de Calcuta, ni el apellido de la inmortal monja rima con nada (cada edición de SoHo se descarga en pocos minutos y queda archivada en la memoria de la tableta… que sí rima un poco con teta).

No he encontrado el primer video que no reproduzca bien este aparato y, debo decirlo, puede uno ver, por ejemplo, la edición del noticiero del Canal Caracol sin interrupciones, baches o demoras: como si fuera un televisor. No he podido ver SoHoTV, porque ese programa lo pasan tan tarde que ya no sé si todavía lo pasan (en cualquier momento desbanca al Radar). Esto lo maneja hasta un niño… o un fronterizo tecnológico como yo: el menú, un ícono en forma de casa para ir al principio, una flecha táctil para devolverse y un cuadrado para visualizar todos los programas y aplicaciones que están abiertas. Eso es todo.

El teclado es, como todas las tabletas, el paraíso del chuzógrafo, pero tiene un sistema, el Swype (evolución del Qwerty), que permite deslizar el dedo por las letras para formar las palabras sin golpear la pantalla. Es bastante cómodo y mucho más rápido. La Galaxy tiene algunos detalles que, a mí por lo menos, me llegaron a lo más profundo del alma de consumo: sonido estéreo (dos altavoces), providencial Android, Flash sin líos, Samsung App (que permite descargar gratis aplicaciones especialmente diseñadas para la tableta), Social Hub (para organizar correos y redes sociales), Readers Hub (para acceder a 2,3 millones de libros que no tengo pensado leerme), cámaras frontal y trasera y video de HD y, que no está nada mal, un ícono para capturar instantáneamente cualquier cosa que aparezca en la pantalla.

Ahora sí creo que los días de los portátiles están contados, y que, con máquinas sofisticadas y ligeras como la Galaxy, los fabricantes de computadores y de otros aparatos como este van a tener que tomarse una tableta para el dolor de cabeza. Por mi parte, me tomaré muy en serio esta Galaxy, que no es 10 sobre 10, sino 10.1 sobre 10. 

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