1. No volver a leer nada sobre los mayas. Ni libros de personas que charlan con los ángeles o los ven o los sienten o los interpretan (excepto si, y por motivos de mi oficio periodístico, hablamos de Angelino Garzón).

2. No creer en las pancartas que dicen “últimos apartamentos” y “últimas oficinas”.

3. Pronunciar correctamente las palabras aeropuerto y meteorólogo, y no seguir diciendo areopuerto y metereólogo.

4. No preguntarle a la gente “¿cómo va la causa?” y no responderle a nadie “ahí, llevándola por la buenas”.

5. No pronunciar la letra “m”, al final de las palabras, como si fuera “n”. (v.g. Caprecón, telecón y punto con por Caprecom, Telecom y punto com)

6. Quedarme en Caracol Radio.

7. Pedir en una droguería que me muestren cuál es la presentación de Anuais.

8. No empoderarme de nada.

9. Ver más cine nacional… pero sin alardear mucho en público.

10. No mandar chistes en largas cadenas del chat de BlackBerry. Y tratar de vivir sin el chat de BlackBerry.

11. No decirle “maestro” a ningún reggaetonero que anuncie su trabajo como “música urbana”.

12. Comerme un Herpo. Si aún existen.

13. No volver a pensar que Shakira está comprando el tinte de pelo en una miscelánea del Restrepo.

14. Seguir creyendo que las cuñas de Sabina sobre chakras y brujería barata son un atentado contra las buenas costumbres y un atraco a mano armada.

15. Ir a Quibdó.

6. No pensar más en la cola de Jessica Cediel. Ni seguirla en Twitter. Ni continuar charlando en reuniones sobre biopolímeros como si yo fuera un experto en el tema.

17. Continuar ejerciendo una crítica objetiva y constante a las camisas que usa Charly Sweet, presentador de El dulce sabor del chisme.

18. No criticar a Marlon Becerra por haber pasado de la Unidad de Estética Dental a la OMD (Odontología de Marlon Becerra). Ni recordarle lo bien que sonaría en inglés: ouemdí.

19. Aprenderme los nombres de los nuevos integrantes de Los 50 de Joselito y de Alquimia.

20. No visitar la casa de mujeres que dicen haber visto a la Virgen y hacen rezos comunales del Rosario.

21. Decirle a Ricardo Calderón que lo admiro profundamente.

22. Lograr que los colegas dejen de decir “se incautó de” y prefieran formas más sencillas para referirse a un decomiso.

23. Convencer a mi mujer de que, cuando los niños quieran ir al baño, deje de apurarlos con palabras como “corre, corre, que se te espanta el bollo”.

24. Volver al Quindío de vacaciones.

25. No tomar un curso sobre maridaje de vinos.

26. Probar la arracacha.

27. No molestar más de la cuenta a los dirigentes conservadores por tener moteles o armar banquetes a parapolíticos detenidos en las cárceles. Entender que la política es flexible y dinámica.

28. Decir en alguna parte, por ejemplo aquí, que a Andrés y a María Estela les quedó precioso Andrés D.C., y que es un gusto pasar por allí a comer calentao.

29. No contar que uno de mis amigos del alma tiene en la cocina una lora que se llama Shakira.

30. Regañar al próximo funcionario que hable de “mitigar el riesgo” después de una tragedia.

31. Creer en Dios.

32. Creer que Dios cree un poco en mí.

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