Hacer fuerza, mucha fuerza, para que el canciller Maduro pase rápidamente a podrido.

Reglamentar el uso turístico de los Black Hawk por parte de los hijos de los ministros. O, por lo menos, no tanquearlos con extra.

Presentarle una amiga a Juan Carlos Lecompte.

Rogarle a Noemí que no se le ocurra usar más ropa de Agatha Ruiz de la Prada… a menos que se vea obligada a regresar al servicio diplomático.

Aprender a pronunciar "chic" como Silvia Tcherassi.

Entender qué le pasó en la cara a María Mónica Urbina.

Votar por Claudia Rodríguez de Castellanos (previa autenticación en notaría de sus excusas médicas).

Pedirles a Tola y Maruja que no vuelvan a decirle a Gustavo Petro que arme un frente guerrillero con sus hijos. Hasta el humor de tan queridas señoras tiene un límite.

Almorzar con José Obdulio antes de que entreguen el tercer canal y se le apriete todavía más la agenda.

Mandarle decir a Hugo Chávez que rojo y verde no combinan ni en el vómito.

Regalarle a Clara Rojas una armadura para su campaña al Congreso.

No dejar que los piropos al gobierno entorpezcan la normal lectura de las columnas de Alfredo Rangel.

Ir a la inauguración de la calle 116, en Bogotá.

Regalarle a María Emma una blusa que no tenga el cuello parado.

Encontrar a Valerie Domínguez.

Entender a qué horas Piedad Córdoba, que es cero dediparada, terminó siendo una señora tan "estirada".

Sugerir comedidamente a las autoridades competentes que estudien la posibilidad de encomendar a William Vélez, vía contratación pública, la reconstrucción de los puentes artesanales que voló la Guardia Nacional de Chávez.

Averiguar para dónde va Rodrigo Pardo.

Aplicarle la antirrábica al presidente Ahmadineyad.

O no aplicársela…

Comprobar si debajo del sombrero de Zelaya hay pelo.

Vigilar estrictamente las dietas de Jaime Bayly y Alan García… con prohibición expresa de que coman papa a la huancaína.

Entender qué es lo que hace Antonio de la Rúa. O entender qué es lo que le hace Antonio de la Rúa.

Seguir por fuera de Facebook y Twitter.

Tratar de que José Gabriel le meta menos Diletto a las entrevistas.

Posesionar a Andrés Uriel.

Insistir en que algún día Uribe se lea las columnas de Coronell.

Extrañar mucho al mejor embajador que ha tenido Cuba en Colombia: José Antonio Pérez Novoa. Raúl: ¡mándate otro como este!?

No comprar, ni recibir de regalo, un retrato de Michael Jackson pintado por Gordillo.

Pedirle, eso sí, a Gordillo que le pinte uno de sus célebres gamincitos al presidente Uribe.

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