La gente que vive en este diminuto pueblo de Galicia, en el norte de España, tiene un problema: su gentilicio (villapeniense) la obliga a hablar de sexo todo el tiempo, aunque no quiera. La primera persona en incomodarse es la mujer que atiende el café-mesón O Xugo, que, aunque feliz ante un nuevo cliente, acaba harta ante la misma pregunta de siempre:

—¿Dónde está Villapene?

—Empieza justo en la casa de al lado.

—Y entonces, ¿aquí qué es?

—A Feira do Monte.

—¿Qué le parece la gente que viene a sacarse la foto con el letrero?

—Ya estamos acostumbrados.

A María, una campesina que vive en Villapene, el trabajo no la deja pensar en tonterías. Y Gisela, de Huila, Colombia, quien vive en A Feira do Monte, dice que no sabe nada de eso ni le interesa saber.

El pueblo de Villapene, objeto de deseo de muchas tuiteras españolas que quieren celebrar allí sus despedidas de solteras, no existe para Google Maps. Pero sí existe, y según varios vecinos, comienza precisamente en O Xugo, en algún punto de la carretera LU-P-1702 Estrada-Villalba, en la comunidad autónoma (departamento) de Galicia.

La fama de Villapene no ha parado de crecer desde que el año pasado un vecino robó el cartel con el nombre del pueblo para llevarlo a una boda. La foto con el aviso y unos novios recién casados apareció en un perfil de Facebook y todavía va de boca en boca, provocando las carcajadas de muchos, excepto las de sus habitantes.

Poco después de entrar a Villapene, localizado al sureste de Santiago de Compostela, la capital de Galicia, la carcajada calenturienta que provoca su nombre se transforma en risa incrédula: en Santa María de Villapene (nombre oficial), los vecinos disienten sobre las fronteras; sobre el origen del nombre (quizá fue un tal Pennius… o quizá fue el cura); sobre el número de habitantes (entre 200 y 300, según la época del año); sobre el gentilicio (villapeniense o villapeniano).

Esta aldea de casas dispersas, al lado de un terreno boscoso, vive aún de la agricultura, aunque la emigración causada por la crisis económica la ha dejado medio vacía, convertida en un lugar de paso para turistas y granjeros. En cualquier caso, el sexo no ha sido precisamente el motor de un crecimiento poblacional: actualmente en Galicia mueren dos personas por cada nacimiento. Por eso, y por la cantidad de villapenienses que se han ido, el número de niños se ha reducido a la mitad.

Así como el Camino de Santiago es paso obligado de creyentes católicos, Villapene lo es ahora de fervorosas mujeres y hombres que lo visitan en pos de la foto con el ansiado letrero. O, como dirían los gallegos, de facerse unha palla (hacerse una paja) con el celular para colgarla en Facebook. En esa red social existen grupos cerrados como Villapene jajaja, o Yo también tengo una foto en el cartel “Villapene”. Y en Twitter se pueden ver mensajes del tipo: “un pueblo con dos huevos”, “destino de ninfómanas” o “debe ser la verga vivir allá”.

Pero al volver al O Xugo, ni a la camarera ni a los cuatro parroquianos que beben de pie les hace gracia tanto ruido mediático. Y se hace silencio, hasta que llega un hombre llamado Cándido a comerse un chuletón. Cándido —61 años, camisa verde, bigotes blancos— bebe un sorbo de tinto frío y ante la pregunta mil veces repetida sobre el nombre del pueblo, suelta una risita y dice: “Las mujeres gallegas son más frías. Las latinas, cómo decirte… sienten más las palabras. Es que, verás: yo soy poeta”.

Los parroquianos y el personal del O Xugo lo miran con recelo. Una mesera anciana va y viene con la bandeja llena de platos vacíos, como esperando a que pida la cuenta, pero el poeta sigue en lo suyo: “Las colombianas, las argentinas, las mexicanas lo sienten, lo dicen; las gallegas se lo guardan”.

¿Habrá puesto hostiles a los villapenienses tanta reflexión relacionada con lo genital? Por si las dudas, el hombre, que tantas veces había comido en el O Xugo sin mencionar su vocación secreta de poeta, paga, se levanta y se va. Por lo menos ahora Villapene ganó a un poeta que escribió el Homenaje al pene:

“El pene es carne, más no pellejo, hay penes gordos, también delgados, los hay muy fuertes, también aguados…”.

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