Vine a Fucking porque me obsesionan los pueblos pequeños. No sabía que existía hasta que una amiga a la que estaba visitando en Viena —soy australiana— me habló de un sitio muy popular por cuenta de su anuncio en la entrada. Cuando me dijo el nombre no pude evitar la risa, y a la semana tomé un carro para ir. Al llegar, comprobé que mi amiga no mentía. A Fucking viajan personas todo el día para tomarse fotos frente a ese letrero. Se bajan del carro, posan en el anuncio y vuelven a irse. No se quedan en el lugar, porque en realidad en Fucking no hay nada para hacer.

Es el típico pueblito rural europeo de paso. Les sonará a cliché, pero es un campo muy parecido a los que se ven en películas como La novicia rebelde o Heidi, aunque no quede justamente en la punta de los Alpes y no sea tan tradicional. Está ubicado en el límite de Austria con Alemania, en la zona de Baviera, y solo se puede llegar en carro. Fucking pertenece a la administración de otro pueblo pequeño, Tarsdorf, a 45 minutos de Salzburgo, la ciudad más cercana. Desde Viena, uno se demora tres horas y media.

Es una aldea que no tiene más de 200 habitantes y en la que solo hay cuatro calles muy cortas. Más que un pueblo, es un conjunto de viviendas a la orilla de la vía principal de doble sentido que viene desde Tarsdorf. Eso es todo: no hay ni siquiera un parque. En carro, por ejemplo, uno atraviesa “el pueblo”, de la entrada a la salida, en máximo tres minutos. No podría decir que hay granjas, porque no se dedican a la agricultura, pero sí hay algunas casas que tienen tractores y renos.

A la gente de Fucking se le dice fuckingers, pero los extranjeros, aprovechando el chiste, les decimos “fuckers”, como la familia de la película de Ben Stiller. La única “fucker” nativa que conozco —si es que eso se puede llamar conocer— es la dueña de la granja que está al lado del letrero de la entrada de la aldea. A ella no le gustó mucho cuando le pregunté por qué el lugar se llama así y, antes de irse, me hizo mala cara. Creo que debe estar cansada de ver turistas todos los días que vienen a preguntar lo mismo.

En la estación de gasolina más cercana, que está a cinco minutos, me explican que no saben mucho, pero que seguramente fue bautizado Fucking porque, como pasa con los nombres de muchas cosas en alemán, hace referencia a algún personaje importante. En este caso específico se debía llamar Fuck —antiguamente se escribía Foco— y debía ser un caballero medieval de la zona. ¿Y el resto del nombre? Para completarlo, se le agregó la vieja terminación alemana ing, que significa gente. Así las cosas, Fucking significaría algo como “la gente de Foco” o “el lugar de Foco”. Y, por lo que me dicen en la alcaldía de Tarsdorf, Fucking se llama así desde hace 800 años.

Según esa misma alcaldía, desde que la palabra fucking, en inglés, se volvió popular en Europa, adolescentes alemanes y austriacos han llegado hasta el lugar para robarse el letrero. En 2005, se convirtió en una de las señales de tránsito más robadas en Austria (tal vez la única). Por eso, la reforzaron con cemento y la dejaron a prueba de ladrones.

Hay otro chiste con el aviso, pues al reverso también reza Fucking, pero una línea roja atraviesa la palabra en diagonal, lo que indica que uno está saliendo del lugar. Es un juego de “Fucking / No Fucking”; como quien dice: de aquí en adelante se puede tirar y de aquí en adelante está prohibido.

Otro mito que quise comprobar es el origen de una cerveza que se llama Fucking Hell. El nombre es otro juego de palabras que en inglés significa “puto infierno” y en alemán, “puta rubia”, porque la cerveza es rubia, no piensen mal. La gente cree que es fabricada en el pueblo, pero no, en el diminuto Fucking no hay ni una cervecería. Fucking Hell se hace en el sur de Alemania y es una cerveza muy popular, valga decirlo.

En todo caso, si quieren ir a Fucking, deben saber que no encontrarán nada, ni siquiera un lugar para tomar café, porque no hay más que casas y campo. Lo que todo el mundo hace, como yo, es coger el carro y hacer un paseo por Burghausen y Altötting, dos pueblos cercanos que están a menos de 15 minutos y tienen todo lo que busca un turista. Ya en esas, pueden pasarse por Fucking, pero seguro no se quedarán más de cinco minutos, porque visitar Fucking es visitar un letrero… un letrero que, para mí, vale la pena ver.

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