El 20 julio de 1969 la humanidad entera, excepto tres personas, estaba pendiente de la llegada del hombre a la Luna. Sólo Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins no tenían tiempo de ver el espectáculo por televisión. Estaban demasiado atareados en el alunizaje como para verse convertidos en historia. Lo que sí miraban con insistencia eran sus relojes Omega Speedmaster que, con su precisión absoluta, contribuyeron a lo que realmente los tres querían por sobre todas las cosas: regresar vivos.





El mérito del Speedmaster no es accidental: fue escogido para la misión después de ser sometido a pruebas de resistencia en bajas y altas temperaturas, grandes oscilaciones térmicas en vacío, humedad extrema, atmósfera saturada de oxígeno, violentos impactos, aceleraciones repentinas, descompresión, superpresión, vibraciones y ruido.

Treinta años después, para celebrar aquel trascendental acontecimiento, Omega presenta una serie limitada a 9.999 ejemplares (grabados respectivamente de 0001/9999 a 9999/9999). Se trata de réplicas exactas del célebre Moon watch, diferentes de los originales tan sólo en el pulso, pues el de los astronautas es de velcro y la nueva lo ofrece en acero integrado.

Hay dos formas de obtener el reloj: pagando US$4.120 antes de que se agote o volviéndose astronauta, porque la Nasa, desde esa época en que el hombre dio el gran salto disfrazado de pequeño paso, confía la vida de sus hombres al Speedmaster.

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