Poco de nuevo se puede decir sobre el iPad: ya las revistas especializadas y los semanarios de todo el mundo masticaron el aparato desde su salida en Estados Unidos, y siguen las discusiones: hay adoradores y detractores, comentaristas mesurados y sanguíneos, como sucede cada que sale cualquier aparatico por el estilo. Así que, antes que hacer una lista de minucias técnicas o discutir ventajas y desventajas, voy a contar mi experiencia como cualquier mortal con la tableta de Apple.

Antes, debo decir que no soy un fanático de los gadgets: tengo, como tanta gente, un portátil —que este año cambié a Mac, para alegría infinita de mi sistema nervioso—; mi celular es un flecha que solo sirve para gestionar llamadas y mensajes de texto; no pasé por Nintendo ni por Palm. Tuve un iPod que murió al año de comprado, víctima de una grave afección —gratuita— en su disco duro. Desde entonces oigo música en un reproductor pirata, al que le digo con cariño "emepatrás". Apenas este año cambié mi pesado y cuadrado TV por un LCD. No soy pues un gadget victim, más bien tiendo a la indiferencia en cuestiones tecnológicas.

Entonces viene la gente de Apple Colombia y me entrega un iPad para que lo pruebe. De 32 gigas y con conexión 3G. Desde el encendido uno comprueba que se trata de un dispositivo altamente intuitivo. Es decir, que toda su configuración inicial y posterior es a prueba de bobos. Ponga unas cuantas claves, abra una cuenta y listo: arranque a usar su tableta.

Empecé, claro, por los libros, que son lo mío. Ahí vi que uno no puede comprarlos en la tienda de Apple, habrá que esperar. Mientras, se pueden bajar gratis unos cuantos clásicos. Luego de un par de horas de lectura la pantalla no me cansa, puedo marcar el punto donde voy, puedo buscar palabras en un diccionario con solo dejar mi dedo en la palabra que ignoro. Puedo subrayar y tomar algunas notas: la delicia del lector.

Pero creo que los diseñadores de Apple en lo último que pensaron fue en los libros, pues las aplicaciones son infinitas. Encontré el futuro de las revistas: las posibilidades para diseñadores, escritores, fotógrafos y editores pueden cambiar la manera en que se hacen y leen las revistas. Luego llegué a los juegos, que tienen a mi novia prendada. Y ahí, con la gran resolución de la pantalla, con los speakers de nitidez cristalina puede uno quedarse las diez horas que dura la batería sin problemas jugando, buscando, moviendo.

Me hace falta la multitarea: al abrir un enlace en Twitter, por ejemplo, o un video que me envían, se cierran Twitter y el correo. Ya el iPhone 4 lo tiene: no debería demorarse mucho esta tableta para implementarlo. Toda la versatilidad del iPad creo que se despliega en el viaje: es ligero, es rápido, la gestión de correo y demás aplicaciones es más que sencilla. Y el entretenimiento no tiene límites.

Cuando supe que existía el iPad pensé que me demoraría buen tiempo para comprar uno. Ahora creo que es imprescindible: tuve que arrebatárselo a mi novia para escribir esta nota.

C. J.

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