En SoHo ha tomado las fotos de las mujeres más bellas del país, pero su trabajo también se ha visto en publicaciones como Vogue Paris, Elle, Marie Claire, y también con prestigiosas marcas del mundo. Ha expuesto en Nueva York y Toronto y lo acaban de invitar a hacer un libro de fotografía con Ilex Press en el Reino Unido, donde solo estarán presentes 15 fotógrafos del mundo. Su éxito se extiende a las mujeres, y por eso le propusimos este experimento, apenas para complacernos. 
 
Por qué hice estas fotos
Por Raúl Higuera

Esta es una gran oportunidad que me ha dado la revista para proponer libremente conceptos artísticos y por eso recopilé varias estéticas y temas vanguardistas. Reuní varias de mis conclusiones sobre lo que está pasando en el mundo del arte, la fotografía, de mi propia experiencia en cada segundo de la vida, de los viajes, de la oportunidad de conocer personas y situaciones muy diferentes para, a través de SoHo, compartir este experimento conmigo mismo.

Me interesa, modestamente, generar inspiración: es lo más grande que un artista puede aspirar. Quiero que se valore el ejercicio de desnudarme por primera vez ante un medio como provocación al riesgo, a la libertad; en honor, como mi madre dice, al maravilloso regalo de Dios que es el cuerpo, y a la seguridad que debe experimentar cada quien al momento de la creatividad, para soltarse sin medida y sorprenderse con el resultado. A mis 29 años, esquivé el momento histórico en que se cortaron los penes y huevos de las esculturas romanas y les pusieron hojitas de parra, y quise volver al comienzo del arte donde los griegos rendían homenaje al cuerpo como la maquinaria más perfecta, porque la desnudez fue siempre natural. ¿Por qué no? Ojalá hiciéramos como Andy Warhol, que hizo una gran exposición de desnudos de todos sus amigos.

También pensé estas fotos en reconocimiento a las personas que he retratado en mis casi 10 años de carrera empírica, que se han dejado desnudar y que han sido vulnerables, pero que a la vez se han logrado sentir seguras para dejarnos crear.

Y en especial, porque a diferencia de los hombres, las mujeres tienen una manera de ser seducidas, menos básica: son más sutiles y sensibles, muy profundas y curiosas. Quise que cada imagen fuera un viaje diferente y que cada página se convirtiera en una nueva aventura con el misterio de descubrir detalles.

Fue un delicioso experimento. El modelo mira al fotógrafo y se entrega, el fotógrafo mira al modelo y encuentra algo que sacarle. Fotógrafo y modelo establecieron un diálogo con conocimiento mutuo. Me revelo con toda sensatez, con toda humildad y naturalidad, con nobleza y, al tiempo, con intensidad.

Tuve que dividir mi conciencia en dos y jugar al espejo, tan de moda ahora en la cultura que ha empezado a observarse a sí misma, a tener nuevos hábitos de vida, a meditar y ser más saludable física, mental, espiritual y emocionalmente.

Lo más duro fue liberarme de la idea de que todo era un gracioso juego del narcisismo, me costaba mucho atreverme a ser yo quien fuera retratado por mí, muy nuevo, muy extraño, pero poco a poco fui dejando que el Narciso que me atormentaba se ahogara en su reflejo y comencé a entenderme como la herramienta con la que haría el performance, y era yo el instrumento a la mano. Comencé a crear desde la portada inspirada en la foto que hizo Andy Warhol a Mike Jagger de su bulto en el jean, como punto de partida de sutileza y sorpresa.

Como dice un arzobispo y pensador inglés, la manzana no tiene sabor, la lengua no tiene sabor, el sabor pasa cuando se juntan la lengua y la manzana. Aquí están mis fotos más íntimas y aquí esta usted. Veamos qué pasa cuando usted se encuentre con mi ofrenda.

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