La historia

Hace una década, los maestros relojeros Robert Greubel y Stephen Forsey se pusieron una meta bastante complicada: crear el reloj más exacto del planeta, el que nunca se le atrasa o se le adelanta ni medio segundo. Para lograrlo, construyeron un edificio inteligente de once millones y medio de dólares, con talleres herméticos a los que no entra ni una partícula de polvo. Y les funcionó: ahora tienen un Gran Premio de Ginebra, el reconocimiento más importante en materia relojera, y un primer puesto en la Competencia Internacional de Cronometría, que es la pesadilla de los fabricantes, porque los jurados prácticamente destruyen los relojes a punta de golpes y cambios de temperatura para probar que sí son finos y precisos de verdad. (Los 5 relojes más caros del mundo)

100 relojes máximo fabrica Greubel Forsey cada año.

¿Por qué son tan precisos?

El tourbillón es un mecanismo inventado hace más de 200 años para que la fuerza de gravedad no descuadre la hora. Pero Greubel y Forsey fueron más allá y descubrieron que el tourbillón es todavía más efectivo si se instala con 30 grados de inclinación. Así, no sufre ni un poquito por la gravedad o por la imprecisión que puede causar cada movimiento de la muñeca. Ahora, para más seguridad, a estos relojes les metieron cuatro tourbillones, y patentaron la idea.

Pídalo con tiempo

Si no le asusta el precio y quiere el suyo, le toca contactar al distribuidor, que está en Barbados. Luego, una persona viaja desde allá, va hasta su casa y, una vez cerrado el negocio, manda a fabricar su reloj desde cero. Acá le pasamos, por si acaso, el correo de Gilles Schneider, el hombre que se lo manda a fabricar: gilles@baydistributors.com. (El reloj análogo más complejo del mundo)

El billete

La perfección tiene su precio. Por eso, un Greubel Forsey cuesta, en promedio, 500.000 dólares… sí, leyó bien, seis cifras. Pero si necesita ahorrar, no se preocupe, la gente de Greubel Forsey va a estar en WatchBo, la feria de relojes de Bogotá, entre el 1 y el 4 de octubre.

120 horas continuas de marcha autónoma tiene un relojito de estos. Acuérdese de que es automático, o sea, que se va cargando con el movimiento natural de su mano. Los más lujosos tienen microesculturas hechas a mano por Willard Wigan, un británico que tarda doce meses en terminar cada pieza que cabe en el ojal de una aguja. Usted puede elegir qué quiere en la corona de su reloj; pero, no pida que le hagan el escudo del Nacional, eso déjelo para un tatuaje bien escondido.

250 partes, entre ruedas, tornillos, rubíes, resortes y platinas, tiene como mínimo cada reloj. El maestro relojero que fabrica cada pieza a mano tarda alrededor de diez meses en cada uno. Y si quiere hacerle una limpieza, una lubricación o una reparación, ellos mismos se la hacen, y directamente en Suiza. (El reloj inteligente de cuero ideal para la oficina)

Algunos Greubel Forsey traen una esfera con la forma de la tierra, que gira y muestra en qué lugares del mundo está amaneciendo y en cuáles, anocheciendo. No está de más recordarle que todos los relojes de esta marca tienen partes en platino y oro de 18 kilates. El quadruple tourbillon asymétrique platino. Precio: us$724.000 (más de 1800 millones de pesos). (El reloj de 1700 millones de pesos)

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