En tiempos de crisis económica (así como de guerras y de llamados a la salvación de patrias y razas) el medio ambiente es uno de los primeros damnificados. Cuando llegan épocas difíciles el tema sale de la de por sí muy exigua agenda que le ofrecen los medios de comunicación masivos. La razón es muy simple. Lo urgente no deja tiempo para lo importante. La tragedia cotidiana (secuestro, asesinatos, desplazamiento forzado) no deja tiempo para pensar en cómo salvar los ríos, los bosques, las selvas, la fauna. Tiempos aún peores cuando el medio ambiente es un obstáculo para quienes gobiernan un país a punta de glifosato, bala y proyectos agroindustriales y mineros que obligan a los campesinos y pequeños propietarios rurales a convertirse en jornaleros.

Pero eso no significa que el tema esté del todo olvidado. En Colombia, además del trabajo abnegado de funcionarios de entidades ambientales que luchan contra los recortes del presupuesto y la voracidad de la politiquería, los ciudadanos se movilizan. Aunque los medios poco o nada se interesan en esos asuntos, en Colombia han ocurrido hechos significativos. El año pasado se realizó un referendo por el agua que obtuvo 2.100.000 firmas, sin necesidad de violar los topes establecidos por la Ley y sin contar con los millonarios aportes de contratistas del actual gobierno.

Varios de los músicos que apoyaron con sus canciones la edición de un CD de apoyo a la recolección de firmas y otros más se subieron a la tarima el pasado domingo 22 de marzo en el parque Simón Bolívar y participaron en el Concierto del Agua. Alrededor de 20.000 personas, casi todas jóvenes, soportaron un tenaz aguacero para oír mensajes y reflexiones en defensa de la naturaleza y las canciones de Aterciopelados, Malalma, Dr. Krápula, Choc Quib Town, Jorge Velosa y los Carrangueros, Sidestepper y Nawal, entre otros. Varios de estos artistas se han tomado muy en serio el tema ambiental.

Jorge Velosa desde hace muchos años les compone canciones al agua, a los bosques, y ha encontrado en los temas para niños un filón muy importante.

Dr. Krápula no solo defiende el medio ambiente en varios de los textos de sus canciones sino que sus integrantes lideran grupos de acción ecológica en barrios de Bogotá y también en la Sierra Nevada de Santa Marta.

Aterciopelados también han aportado varios granotes de arena a la causa. Su canción La pipa de la paz, de hace más de diez años, es un canto a los tiempos anteriores a la llegada de los españoles, cuando los indígenas convivían de manera armónica con la naturaleza. En Caribe atómico apelaron al humor y la hipérbole para denunciar la destrucción de los océanos. Río, el álbum que acaban de lanzar en Colombia, está dedicado a salvar el río Bogotá.

Con sus canciones y sus actos estos artistas ayudan a fortalecer el trabajo silencioso y persistente de ciudadanos que, fieles al principio "piensa global, actúa local", han logrado movilizarse para defender sus derechos.

Por no ir muy lejos, en Bogotá existen gran cantidad de grupos organizados que han logrado o al menos intentan salvar varios de los ecosistemas que sobreviven al crecimiento desordenado y muchas veces criminal de la ciudad. Por solo citar algunos, las distintas fundaciones que trabajan para la defensa y recuperación de humedales como Córdoba, La Conejera y Jaboque. También están el grupo Cerros Orientales, el grupo Pro Defensa del Bosque San Carlos, el Comité Pro Árbol, Comité Pro Defensa de los Árboles del Río Fucha, el Comité Pro Mejora del Río Arzobispo, así como las agrupaciones Territorio Sur y Asamblea Sur.

Es una lucha silenciosa y difícil que evoca el título del nuevo CD de Nawal: Resistencia. Una resistencia que ha dado frutos. Casi todos en el ámbito de lo local. Pero esa suma de miles, de millones de actos locales de resistencia en el mundo entero, en el peor de los casos han ayudado a retrasar un poco la catástrofe ambiental que le espera a este planeta si sigue condenado a la avidez de la cultura del acaparamiento y el derroche.

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