¿En qué momento quiso ser caricaturista?

Desde el bachillerato, cuando empecé a dibujar a mis compañeros y profesores, y veía que a todo el mundo le causaban gracia las cosas que yo hacía.

 

¿Cuándo se dio cuenta de que podía vivir de hacer caricaturas?

Cuando empecé a publicar en varios periódicos simultáneamente y vi que al reunir lo que me ganaba me alcanzaba para pagar arriendo y las cuentas de los servicios.

 

¿Recuerda la primera caricatura que publicó? 

Salió en la página 4A (editorial) de La República, el miércoles 14 de marzo de 1986. Era un dibujo horrible, donde salía Virgilio Barco, que acababa de ganar la convención del Partido Liberal, donde lo escogieron como candidato de ese partido para las elecciones presidenciales. Iba arrastrando el carro de la victoria, al que se habían subido Julio César Turbay Ayala, Ernesto Samper y Alberto Santofimio. Y caminando cerca, Luis Carlos Galán. Me da pena ver hoy esa caricatura.

 

¿Se arrepiente de haber publicado alguna caricatura? 

En marzo de 1990, el ministro de Gobierno, Carlos Lemos Simmonds —un conservador muy radical, pese a que era del Partido Liberal— dijo un montón de cosas contra la Unión Patriótica, a la que permanentemente asociaba a las Farc. Dos días después, el candidato de la UP, Bernardo Jaramillo, quien era amigo mío, fue asesinado en el Puente Aéreo, en Bogotá. A raíz de eso, y en medio del dolor que sentía por la muerte de Bernardo, dibujé a Lemos con la lengua en forma de pistola humeante, cosa que después vi que había sido excesiva de mi parte. Desde entonces aprendí que uno no debe dibujar con la cabeza caliente ni con la sangre hirviendo.

 

¿Cuál es el personaje que ha dibujado que más se ha molestado con usted?

En Semana, yo dibujaba al general Manuel José Bonnet Locarno con los dientes salidos, inmensos, y con las gafas oscuras que él usaba, estilo dictador del Cono Sur. A raíz de esas caricaturas, él se hizo un tratamiento de ortodoncia y cambió de gafas, pero yo lo seguí pintando igual. Un día me lo encontré en una entrega de premios de periodismo y me hizo el reclamo: “Eche, tú me tienes jodido, me sigues pintando igual...”. Yo le respondí: “Esa platica se perdió, general”. 

 

¿Lo llaman a insultarlo los personajes que dibuja? 

Los implicados no suelen llamar, pero sus perros falderos sí suelen despotricar de uno. Hace poco, José Obdulio Gaviria dijo, en un panfleto televisivo que tiene, que yo era “uno de los hombres que más daño le han hecho a este país”. Sin embargo, el hecho de que alguien como José Obdulio Gaviria hable mal de uno, habla muy bien de uno.

 

¿Quién es el personaje más difícil del pintar?

Por lo general, las mujeres no son tan sencillas de dibujar. Y hay otros que parecen fáciles y son complicados, como George W. Bush, Rafael Pardo o Juan Camilo Restrepo.

 

¿En qué momento nació Aleida?

Aleida nació como un recreo, pues yo quería tener un personaje que no tuviera nada que ver con la coyuntura noticiosa. Fue un largo proceso que empezó en 1992 y culminó en 1997, después de tomar y dejar el proyecto y de darle muchas vueltas al nombre, el aspecto, etcétera.

 

¿Cómo está el género de la caricatura en Colombia comparado con otros países?

En Colombia el trabajo del caricaturista, salvo contadas excepciones, es muy ‘pordebajeado’ por los propios medios. Son pocas las publicaciones como Semana o El Espectador, donde los caricaturistas tienen un espacio fijo asignado y con total autonomía para desarrollar su trabajo. En muchas otras publicaciones —incluso de gran circulación—, debido a que son sometidos a filtros y controles, los caricaturistas terminan haciendo dibujos para darles gusto a los editores y no para comunicarse con los lectores.

 

¿A qué caricaturista colombiano admira?

A Héctor Osuna, el mejor caricaturista de la historia en este país. Por su disciplina, por su trazo, por su buen juicio y, sobre todo, por su independencia, ha sido mi gran maestro y amigo; alguien digno de seguir.

 

¿Y extranjero?

Hay tantos. Hermenegildo Sábat y Fontanarrosa, de Argentina; Rogelio Naranjo, de México; Jean Plantu, de Francia; Pedro León Zapata, de Venezuela; David Levine, de Estados Unidos, y Saúl Steinberg, un rumano que se radicó en Nueva York, donde murió hace poco, después de trabajar muchos años para The New Yorker. 

 

A lo largo de estos 25 años, ¿cuál considera su peor caricatura y cuál su favorita?

La peor, yo creo que la primera, de la cual hablamos al comienzo. La favorita, la que hice para conmemorar el primer año del asesinato de don Guillermo Cano, director de El Espectador, asesinado hace 25 años (en diciembre de 1986). Tiene un gran significado, porque gracias a ella obtuve mi primer premio nacional de periodismo (del CPB), a los 24 años.

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