Érase una vez en Colombia, la obra más reciente del escritor bogotano Ricardo Silva, sorprende, de entrada, porque es un díptico formado por las novelas El Espantapájaros y Comedia romántica. Ambas están integradas en un solo libro, como siamesas, y son como la cara y cruz de las monedas o, en este caso, de la realidad colombiana. El Espantapájaros es una historia macabra contada en un tono lírico. El relato de una masacre, del país rural en el que las deudas de sangre nunca terminan de pagarse, de bandidos que se vuelven leyenda, de los expropiadores de siempre, de los victimarios, de las víctimas, de la eterna violencia. Comedia romántica es el anverso de esta realidad. Una historia urbana, de una pareja joven, Benjamín Estrada y Martina Villa, dignos hijos de la mejor clase media nacional, que se cuentan una y otra vez su vida juntos hasta darle forma y realidad en un futuro cercano, un poco aterrador. El autor dice que estas dos novelas se complementan “porque son la buena y la mala noticia. Porque, juntas, la tragedia y la comedia dan cuenta del drama. Porque ambos mundos se necesitan. Porque ambos mundos se definen mirándose a la cara. Porque ambos mundos se niegan. Porque ambos mundos se dan la espalda. Porque el optimismo viene de la constatación del horror y el horror espera en la paz de la vida. Porque la una es el pero de la otra”. Es una apuesta: ¡doble o nada!

Érase una vez en Colombia
Díptico de novelas
El Espantapájaros,
151 páginas
Comedia Romántica, 266 páginas
Ricardo Silva
Alfaguara, $50.000

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