En el primer día de Los Alpes, trabajó en conjunto con Froome y Bardet para distanciar a Fabio Aru, cuando el italiano sufrió en la subida. Luego, en el descenso final, aumentó esa distancia con segundos de ventaja. (El ciclista borracho del Tour de Francia)

En un Tour de poca montaña y muchas bajadas que conducían hacia la meta, las definiciones del podio se han producido en los terrenos veloces, cuando tres o cuatro favoritos acuerdan turnos para tirar del grupo. Se asemeja a una clase de spinning: pedaleo a ritmo, cambio de ritmo, parados, sentados, a fondo y adelante.

Los acuerdos, sin embargo, son incomprensibles. En todos los relevos participa Froome, quien debería ser el enemigo a vencer. Y el objetivo, en cambio, suele ser distanciar a cualquier otro Top 10 que tenga un mal día. Lo sufrió Nairo el fin de semana; Contador, después; pero la víctima de hoy fue Fabio Aru. El italiano no pudo seguir el paso que impuso Bardet en los kilómetros finales de la subida al Galibier y en el descenso los vio irse, cada vez más lejos, al torcer cada curva. (Mario Sabato, el loco del ciclismo)

Vivió el infierno de los ciclistas: pedalear a fondo, con todas las fuerzas, hasta el límite del cuerpo, para no lograr nada más que ver la espalda de quienes van delante. Y los veía más pequeños a medida que avanzaban los kilómetros, hasta que se le borraron del horizonte. Alcanzó a otros rezagados, eso sí, pero nunca volvió a ver a los que competían por el podio.

Rigo, en cambio, protagonizó un cuadro distinto en el mismo tramo. Se puso en punta para acelerar el paso de los favoritos en el descenso, como lo hace un niño alegre cuando está aprendiendo a controlar la bicicleta, pararse en los pedales y soltar la dirección, motivando los relevos que luego lanzaron Froome y Bardet. No es de extrañar, sin embargo, la ayuda de Froome en el descenso. Conoce a Rigo y llevan una buena amistad. De hecho, el inglés fue el primero en felicitarlo en día en que ganó la etapa del Photo Phinish y no ha dudado en anunciar que la disputa final será contra él en la contrarreloj del sábado.

El antioqueño ha pedaleado de forma inteligente, aunque conservadora, durante todo lo que va del Tour. Aguanta el ritmo en las montañas; sigue la rueda de Froome y Bardet, pero evita lanzar ataques desesperados. Reventar las carreras en un ataque temerario no es su estilo. Sus mejores resultados, como los dos podios que se apuntó en el Giro de Italia, han llegado por la vía de la resistencia y los embalajes finales. Además, hoy volvió a morder segundos de bonificación en la llegada porque entró segundo en la etapa, a un minuto y trece segundos del fugado Primoz Roglic; una posición que le sirvió para reducir los segundos con respecto a Froome y Bardet, a quien supera por solo centésimas. (11 Apodos curiosos del ciclismo mundial)

Mañana, no obstante, llegará la etapa más temida del Tour con llegada en alto en la cumbre del Izoard. Era el día planeado para Nairo, pero sus piernas han sentenciado lo contrario y hoy le condenaron a un retraso de casi ocho minutos. Será una subida de aguante en la que Aru y Bardet estarán obligados a cantar todo su repertorio, el día final de los Alpes, que fueron cortos en 2017 y la probable definición del podio del Tour.

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