Nuevamente, la corporación agroalimentaria Monsanto aparece en el ojo del huracán. No había terminado el presidente Juan Manuel Santos de firmar la ley que legaliza la producción, distribución y consumo de marihuana, cuando esta ya anunciaba que comenzaría operaciones en el país introduciendo en el mercado marihuana genéticamente modificada.

“Queremos que la marihuana salga de ese círculo de gente o consumidores que están estigmatizados por el no consumidor”, afirma Frank Chang, su representante para la Región Andina.

“Tenemos una variedad que logró dar una hoja de 100 veces su tamaño normal, con lo cual se podrían entretener unas 20 personas en seis meses. También está la antimonchi, que elimina el hambre o la necesidad de comer después de haber perdido el efecto de la fumada; la emo 200, que ocasiona llanto en lugar de risa; la performance 700, especial para deportistas de alto rendimiento que no deja huella en el organismo, y, por último, la marihuana con sabores que van desde frutos rojos hasta chicharrón de cola”.

Pero lo que para muchos consumidores puede ser un gran avance, para pequeños cultivadores puede ser su hecatombe. Estos aseguran estar ante una jugada rastrera de las grandes corporaciones que quieren sacar la tajada de un mercado prohibido durante mucho tiempo.

“Podemos garantizar toda la calidad y experiencia de más de un siglo brindando nutrición y bienestar a la humanidad. Estamos seguros de que no habrá ningún efecto secundario después de consumirlo”, asegura Chang.

Quienes más se han opuesto han sido los miembros de la Comunidad Cannábica Colombiana con una carta radicada en el Invima. “Sabemos que hacen pruebas de sus productos en simios que terminan deformes y también sabemos que sus crías están naciendo con dos cabezas y hasta cinco brazos”, cuenta uno de los voceros de la Comunidad que se hace llamar Kalimán. “Varios activistas en Estados Unidos nos han informado que han desarrollado plantas de tal tamaño que hasta han mordido a sus cultivadores. Luego de fumar, claro está”.

Consultadas, fuentes del Invima aseguraron que por los caprichos atávicos de unos cuantos nostálgicos de la bonanza marimbera no se le iba a cerrar las puertas a la posibilidad de que las trabas de los colombianos estén a la altura de las de los países desarrollados, requisito fundamental si el país quiere ingresar a la Ocde.

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