Sinfónico único
Serrat sinfónico
Joan Manuel Serrat
BMG
Todo pasa y todo queda pero lo de Serrat es quedar. Nunca ha perseguido la gloria ni dejar en la memoria de los hombres su cançó; ama los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón. Le gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse.
¿Hay mejor manera de hablar de Serrat que con sus palabras, las que nos ha enseñado durante cuarenta y no pocos años? Porque Serrat se ha pasado la vida pariendo música. Y cantándola con ese particular estilo que no permite imitaciones, acaso homenajes. Se habla de Serrat con palabras de Serrat; se hacen los mejores homenajes a Serrat, entonces, con Serrat. Sin nadie más, pues a pesar del apoyo generoso de 80 músicos que lo respaldan en Sinfónico, Serrat sigue estando solo, sin poder tener siquiera la compañía de quien al otro lado del disco escucha las 16 canciones con la seguridad de que a Serrat le puede suceder cualquier cosa en la vida menos morir. Cierto es que la vida nos va matando a todos, pero no a Serrat, que hace veinte años dijo que hace veinte años que tiene veinte años y que quiere y quiere y quiere cantar hoy que aún tiene voz, y que duda si podrá hacerlo mañana porque tiene voz para cantar pero le falta oído para escuchar lo que decimos todos: que Tarrés estará dispuesto a cumplir por Serrat su cita con la muerte o que la muerte no podrá matarlo si es que llega a pisar su huerto. Jamás tendremos que cuidar su perro, pagar su entierro, usar su abrigo, hacer pan de su trigo o una cualquiera de aquellas pequeñas cosas que se acostumbran cuando morimos los que podemos hacerlo. No es asunto de Serrat; él es perpetuo.

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