No sé si al público en general le parezca increíble, pero debo decir que los procesos que se muestran en los casos de CSI son muy parecidos a los que uno como criminalista hace en su día a día. A pesar de las diferencias entre los avances tecnológicos de países como Estados Unidos y Colombia, la mayoría de los artefactos, marañas y trucos que hacen los detectives de esa serie para resolver los crímenes no son tan alejados de la realidad. Por el contrario, las cosas en las que la serie se diferencia de la vida real son minucias que a mí me parecen de sentido común y poco tienen que ver con lo tecnológico.

Por ejemplo, cada episodio de CSI, por lo general, comienza con una breve muestra del crimen cometido y, luego de los títulos, los detectives entran en la escena para ver el cadáver. No sé por qué lo harán, pero los detectives siempre van vestidos como si acabaran de salir de sus casas o si fueran a un coctel. Eso me causa mucha risa.

Para empezar, las mujeres de la serie —ya sea en CSI: Miami, CSI: Nueva York o CSI: Las Vegas—, llegan entaconadas y atraviesan matorrales y playas sin ningún problema hasta llegar al lugar de los hechos. En la vida real no es así.

Uno siempre debe acercarse al cuerpo cubierto con trajes aislantes blancos, conocidos como trajes NQB. La idea es mantener la asepsia de la escena para no alterarla accidentalmente con material biológico o ADN propio, también para no contagiarse de algún agente tóxico que pueda haber ahí.

En los detalles que vienen después, la serie es muy acertada. Se nota que los guionistas se han esmerado mucho en este aspecto. Por ejemplo, los análisis de muestras biológicas son muy similares a los reales. Es verdad que una uña, una muestra de sangre o un residuo de piel pueden llevar a dar con un perfil genético de un sospechoso. De hecho, en Colombia también se usa el sistema Codis —como en la serie—, que funciona como una enorme base de datos de análisis de ADN para hacer cotejos de muestras genéticas. La diferencia es que en CSI ese análisis aparece en una pantalla con foto y datos del sospechoso, y por lo general, en la vida real uno obtiene solo una descripción de los rasgos de este.

En casos como los de las huellas dactilares, la representación es real. En la serie usan el cianocrilato, un compuesto químico que ayuda a descubrir y extraer huellas dactilares dejadas en superficies en las que, de otra manera, sería difícil registrar una copia. Las luces forenses con las que detectan fluidos corporales como sangre o semen también existen en la vida real, al igual que los escáneres 3D que registran escenas del crimen con medidas y proporciones exactas. También me gusta que muestren el uso del sistema Afis, que se emplea tanto en Estados Unidos como en Colombia y que sirve para cotejar las huellas con las que están archivadas en la Registraduría, por ejemplo, lo cual ayuda a dar con los sospechosos.

Sin embargo, luego aparecen nuevas diferencias. No pongo en duda que haya gente muy profesional con las capacidades de los detectives de CSI, pero es muy raro que haya personas que dominen todos esos conocimientos. Para cada parte del proceso real se tiene un especialista encargado de aportar evidencias al investigador del caso para dar con un sospechoso. El investigador cumple una parte muy importante para hacer justicia y es armar el rompecabezas con las pistas y pruebas que le dan los criminalistas. Él no hace necesariamente el trabajo de criminalística ni se la pasa recogiendo pruebas o analizando cadáveres. Son trabajos en equipo, que se hacen así para mayor rigor.

Otra cosa que no pasa todavía en la vida real son los acercamientos que hacen las cámaras de seguridad: como por arte de magia, tienen resoluciones muy nítidas y un zoom exageradísimo. Esas tecnologías sí existen y se usan en algunos casos, pero en realidad no son tan efectivas como para mirar la placa de un carro o casi que meterse dentro de un edificio. Créanme que si fuera así, nos ahorraríamos mucho trabajo.

También nos ahorraríamos mucho tiempo si los crímenes se pudieran resolver con la rapidez que lo hacen los detectives de CSI. En eso la diferencia es radical. Ellos cierran un caso en un mes máximo. Puede que en Estados Unidos sea así, porque allá la gente tiene la cultura de colaborar con la justicia, pero en Colombia, como se imaginarán, desafortunadamente no. Además de que no hay cómo cubrir la cantidad de delitos que se cometen a diario, los procesos toman muchísimo más tiempo. La mayoría duran años. Por eso, si hicieran una versión de CSI Bogotá, la serie sería muy pero muy diferente.

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