Debo empezar esta nota con una confesión vergonzosa: hasta este fin de semana no había ido al restaurante Club Colombia. Estercita sí había estado, una vez desayunando y otra tomando la merienda de la tarde, lo que en este país llaman primorosamente "algo" u "onces". A mí me daba un poco de aprehensión cenar allí, no fuera que me antojara de una fritanga o de una cazuela de fríjoles y las viera negras esa noche con la digestión. Nunca se me ocurrió ir a almorzar, no me pregunten por qué. En fin: este domingo me dije no más e invité a mi señora y a su hermana, costeñas las dos, al restaurante que abrieron Leo Katz y Harry Sasson hace cuatro años largos. Como dicen por ahí, más vale tarde que más tarde.

La locación es soberbia: patios y salones decorados con elegancia, terrazas divinas y ventiladas, baños cómodos y modernos, unas barras bien surtidas distribuidas por la casa. La comida le hace honor a tan bien puesta locación, y puede decirse que todas las regiones de Colombia están representadas al menos con un ingrediente o una preparación: empanadas del altiplano cundiboyacense, de la costa y de Popayán; carimañolas costeñas; puerquitas vallunas (uno de los mejores inventos culinarios de este país que me adoptó); morcilla y chunchullo; pastel de arracacha; arepas; ceviches y pinchos. Y no he pasado de las entradas, que van de los 7900 pesos hasta los 36.000. En los principales están el ajiaco, la cazuela de fríjoles y la bandeja paisa, el arroz con pollo y arveja, el de camarón y leche de coco, el sancocho del Valle y de la costa Caribe y el puchero bogotano, la sobrebarriga chorreada, la cazuela de mariscos cartagenera, la posta negra, las pechugas de pollo y el pescado ambos en mantequilla de cilantro. Y hay más. Los precios de los principales, que se llaman "Del diario", van de los 19.000 a los 42.000.

Comenzamos con unas empanadas bogotanas y unas carimañolas. Las empanadas perfectas, así como el ají. Las carimañolas, de queso y de carne, tenían su lado bueno y su lado no tanto. El bueno, el queso, la carne guisada y el suero, deliciosos todos aunque este último más suave que el que se come en Sinú y Córdoba (uno quisiera el sabor intenso del incomparable atollabuey). Lo no tan bueno fue la masa de yuca: por quererla tostada la dejaron muy delgada, y de pronto la mezclaron con alguna fécula. En el fuerte nos ganó mi cuñada: eligió un arroz con camarones y leche de coco, que estaba absolutamente arrollador. Húmedo, dulce por el coco y a la vez intenso por el achiote, era todo un risotto nacional. Estercita pidió una posta negra cartagenera, que estaba rica pero más dulce de lo que manda la receta clásica, que pide apenas un poco de panela para darle color y endulzarla un pelín. Viene acompañada de arroz con coco y patacón: todo un postre, como quien dice. Por mi lado, me faltó tener unas calzonarias para pasar mis pulgares por debajo de ellas y decir de mi sobrebarriga chorreada: "¡Fantástica, ala!". Con sus papas chalequeadas y su salsa a base de tomate, cebolla y queso, estaba muy rica, de las mejores que he comido desde que vivo en Bogotá, donde son expertos en este plato.

Aunque queríamos probar varios postres apenas teníamos espacio para compartir uno, y nos decidimos por la torta de almojábanas con melao y crema de leche. Hace rato no me comía un postre tan rico, tan original y tan completo.

Mis temores eran infundados, uno puede ir a cualquier hora a Club Colombia: la variedad de platos permite ir a desayunar, a almorzar, a pasar la tarde o a cenar: a cualquier hora encuentra uno comida colombiana deliciosa, preparada sin mayores estridencias ni originalidades pírricas. Y servida según los rasgos más notables de la casa: elegancia y sobriedad.


Tentempiés sobre club colombia
Recomendado: las empanadas bogotanas, el arroz con camarones y leche de coco, la sobrebarriga chorreada.
Para olvidar: nada.
Dirección: Av. 82 N.o 9-11 / Teléfono: 321 07 04
Precio promedio por persona: $50.000

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