Hice una excepción y vi la final del semestre pasado que ganó Nacional, solo porque me invitaron unos amigos hinchas de Santa Fe y quería verlos amargados. Nada, ni mi propia alegría, me hace más feliz que ver personas tristes por huevonadas como un partido de fútbol.

El punto es que viendo el juego por televisión me llamó la atención un joven de afro que iba y venía por el carril derecho de Nacional. Hacía de todo: quitaba balones, incomodaba al rival, pedía la pelota, se lanzaba al ataque, tiraba centros, hacía diagonales hacia el área rival. Pregunte quién era y me dijeron que se llamaba Stefan Medina. La última vez que un lateral novato me llamó la atención fue el lunes 1 de octubre de 2007, fecha de un Tottenham Hotspur 4 – Aston Villa 4. ¿El nombre del joven? Gareth Bale.

Está claro que Stefan Medina no es Bale, y que a este paso ni va a jugar en el Real Madrid ni van a pagar 100 millones de euros por él. Malo no es, no me parece, pero lo mostrado en partido y medio con la Selección Colombia es para el olvido. No recuerda uno, ni en ese limbo de 16 años sin Mundial, un jugador tan discreto en el equipo.

Hay quien dice que no hay que darle tan duro, que Medina es casi un niño y que el debut internacional siempre es difícil. Para empezar, el mismo día que debutó Medina lo hizo en Uruguay el defensor José María Giménez, tres años menor que el de Nacional, y con apenas 18 años anuló a Falcao, el llamado ‘Mejor 9 del mundo’. No solo lo marcó durante todo el partido, sino que le habló para desconcentrarlo. Además, a la edad de Medina Simón Bolívar era viudo y Mark Zuckerberg ya había inventado Facebook.

Y nada que hacer, hay jugadores de clubes y jugadores de selección, y Medina parece ser lo primero. Me hace recordar a Bonner Mosquera, un volante de marca del Millonarios de los años noventa (cuando todavía miraba yo fútbol colombiano). Era uno de los capos del equipo y tenía a la hinchada en el bolsillo, pero cada vez que lo convocaban a la Selección jugaba por debajo de su nivel. Es que, como en el sexo, el fútbol está en la cabeza. Coja usted a los peruanos, los holandeses, los checos, los serbios, los portugueses; todos unos cracks que fallan en los momentos difíciles (en especial los checos, nunca en mi vida he visto un equipo con tanto comemierda junto).

Quizá Stefan Medina es eso, un cagón. Y lo digo con todo respeto, sin ánimo de ofender. Yo mismo soy un cagón y no le veo nada de malo. Una vez, una vieja que me gustaba mucho me dijo que quería que me la comiera toda la noche y del susto no se me paró en una semana. Otro cagón: Arjen Robben. Pocos tipos más habilidosos que él, pero en 2010 tuvo dos oportunidades para darle a Holanda su primera Copa del Mundo, y en ambas falló. Así son las cosas, hay personas a las que pones bajo presión y sacan lo mejor de sí (Maradona); a otras les pones grandes citas y se quiebran (Medina, Robben y yo).

Pocos días después del desastre de Medina contra Chile, otro joven de 21 años, Santiago Arias, debutó como lateral derecho de Colombia y lo hizo de maravilla. Ese puesto es de Camilo Zúñiga; si él no está, bueno es Arias. Y en últimas que pongan a Cuadrado, que ya ha jugado en esa posición y seguro lo haría bien. Colombia no necesita entonces cuatro laterales derechos. Lo mejor es que por ahora, mientras coge peso en el culo, Medina juegue en Nacional y punto. Que no se preocupe, que no es para nada un mal futbolista, solo lo traiciona el temperamento. Para que no se caiga tiene que entender que en este país nos encanta coger a un personaje y darle hasta con el tarro del azúcar: Carolina Cruz, Natalia París, los Nule, Laura Moreno y Jessi Quintero, el concejal de Chía. En Colombia, tarde o temprano todos tenemos nuestro cuarto de hora de desgracia.

Por ahí decían que Pékerman lo convocaba a la Selección porque necesitaban venderlo a Italia. Yo digo que para eso no hay que ponerlo a vestir la camiseta de Colombia, basta con nacionalizarlo argentino, que esa gente vende cualquier paquete. Vean si no: Al Barcelona le clavaron a Maxi López; encartaron al Inter con Pascualito Rambert; a nosotros nos engrupieron a Marcelo Dos Santos y Shakira casi se casa con el inútil de Antonio de la Rúa.

Señores del jurado, no me crean a mí, créanles a las estadísticas, que contra las matemáticas no se pelea. Si sumamos los juegos contra Chile y Uruguay en los que ha estado Medina, el resultado es el siguiente: con Medina en la cancha, Colombia 0 - rivales 5. Sin Medina en la cancha, Colombia 3 – rivales 0. Les aseguro que no van a encontrar ustedes argumento más contundente que ese.

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