La tarea más difícil que puede tener el ser humano es llevar una sonda espacial a que sobrevuele el planeta Plutón. La segunda, comprar un carro que de verdad le sirva.

Suele pasar que quienes se dejan llevar por los demás se compran tremenda camioneta, porque como está de moda, entonces habrá que seguir a Vicente. El asunto es que Vicente casi nunca aparece para pagar las cuentas del combustible y la rentica de echarla a andar cada mañana. Y entre los trancones urbanos, una 4x4, por ejemplo, se puede comer una buena cantidad de billete.

Además, no siempre el presupuesto aguanta para una camioneta o un carro nuevo, sino que, por el contrario, hay que aterrizar en el cacharrito que el bolsillo aguante. Al fin y al cabo, tener carro dejó de ser un lujo, sí, pero de todas formas es un elemento que demuestra el éxito económico, el ascenso social y, depende de cómo se luzca, el arribismo de su propietario. Porque, ¿quién no siente un fresquito al sacar a pasear a la novia en un carrito simpático, mientras al vecino le toca tirárselas de hippie, de 'valehuevista', y echar pata hasta el Parque de los Novios cogido de la mano?

Pero más allá de las consideraciones socioeconómicas, el aspirante incauto a comprar carro debe estar siempre alerta a los tiburones en potencia que en cada sala de ventas o cada aviso clasificado están al acecho de una víctima; una víctima como usted, señor lector: un comprador de a pie, un incauto, un tipo noble de los que no saben ni dónde queda la tapa de la gasolina… un ignorante, con todo respeto.

Y con el regaño de antemano, lo invitamos a leer los siguientes consejos con atención de nerd y actitud de mecánico. Así que límpiese la grasa de las manos con un trapo también grasiento, chupe la punta del lápiz que carga detrás de la oreja, tome nota en una libreta doblada y, por último, repase una y otra vez las siguientes preguntas y respuestas.

Últimamente todo el mundo anda comprando camioneta. ¿Mejor me compro una para no desentonar?

La respuesta a esta pregunta no debería depender principalmente del presupuesto que tenga sino, más bien, de sus necesidades. Es decir: si usted es una persona soltera y sin hijos, si solo necesita el carro para ir de la casa al trabajo y, eventualmente, sale los fines de semana con acompañante del sexo opuesto a los alrededores de la ciudad, pues no vale la pena meterse en un carro muy grande; en ese caso, más bien cómprese un automóvil compacto, con una cilindrada menor a 1,5 litros (si al leer “1,5 litros” pensó inmediatamente en una gaseosa familiar, fresco: más adelante le explicaremos la relación entre litros y carros). Ahora, seguramente sí vale la pena que empiece a pensar en la todoterreno si usted: a) Ya tiene chinos y necesita un baúl inmenso para meter hasta la mica y el corral. b) Además del transporte diario, necesita viajar los fines de semana a lugares alejados y por carretera montañosa. c) Es un finquero de bota de caucho, sombrero de ala ancha y quemado color rojo ardiente en el cuello y los cachetes.

Aclarado eso, ¿es mejor comprar siempre carro nuevo?

Los nuevos tienen a su favor que no han recibido el inclemente paso del tiempo, de los kilómetros y de los patabrava que les dieron como a violín prestado. Pero hay una contracara: por lo nuevo hay que pagar, y eso significa que tiene que estar listo a asumir —¿a botar?— alrededor del 15 % de depreciación. Eso sí, nuevo es nuevo…

¿Qué hay que revisarle a un carro usado antes de comprarlo?

Los fraudes en el comercio de los usados son tristemente más comunes de lo que uno cree. De ahí la obligación de que el vendedor le demuestre claridad en los documentos del carro antes de cualquier cosa. O sea: más allá de las palabras y las sonrisitas envolvedoras, debe pasarle el Certificado de Tradición y Libertad con no más de un mes de antigüedad, en el que le advierta la presencia de embargos o prendas, por ejemplo, o atrasos en el pago de impuestos. Ah, y exija un peritaje en un taller de buena reputación.

¿Y para qué sirve ese bendito peritaje?

El peritaje, en general, es la valoración que hace un perito, o sea, un experto, un entendido, un versado en alguna materia. En temas de carros, en particular, ese perito es un duro de la mecánica que le va a revisar el estado del cacharro. Vivir la desilusión de haber comprado un carro lleno de fallas mecánicas y, peor, pagar una millonada para arreglarlas, solo es comparable con invitar a rumbear a un prospecto para descubrir que está más comprometida que voto en pueblo donde reparten tamales.

¿Qué cosas del peritaje me deberían sacar de la cabeza la idea de comprar un carro?

Pregunte por las fugas: las de aceite, las de motor, las de caja, las de diferencial. Que nada se le escape al carrito. Y, aunque no es necesariamente del peritaje, póngase pilas con ruidos muy sonoros que sienta dentro del carro al pasar por policías acostados, reductores de velocidad o huecos; esa es una señal inequívoca de un vehículo en pésimo estado.

¿Debo saber algo más?

Sí: seguro le van a ofrecer la famosa e inútil prueba de compresión; cuando eso pase, usted levante una ceja, haga cara de dueño de taller y pida que le hagan, mejor, la prueba de fugas de compresión (apréndase bien las tres palabritas: “fugas-de-compresión”), que compara la estanqueidad de los cilindros. Y fresco: no tiene que entender sobre cilindros ni sobre estanqueidad, pero sí tiene que estar preparado: si en los resultados ve que aparecen diferencias entre los cilindros de más del 25 %, siga su camino o alístese para pagar una costosa reparación semanas después.

¿Cómo puedo ver eso del 25 %?

Esto no es una clase de mecánica para dummies, no pretendemos enredarlo con temas técnicos. Eso sí, le damos un ejemplo: en un motor de cuatro cilindros, una lectura normal en la prueba de fugas de compresión puede ser de 120 psi para cada uno de esos cilindros; en ese orden de ideas, si alguno resulta con 80 psi, ese vergajo carro seguramente pedirá reparación y, claro, que desocupe su cuenta de ahorros en los arreglos.

¿Dónde puedo hacer un peritaje sin miedo a que me tumben?

Los mejores peritajes los hacen en los talleres autorizados por las marcas de cada carro —pregunte antes de entrar, no sea flojo— o en los CDA (Centros de Diagnóstico Automotor) que hayan habilitado ese servicio. En esos sitios, por una platica (entre 100.000 y 200.000, pesos más, pesos menos), los técnicos ofrecen una visión desinteresada del estado mecánico del carro en cuestión y pueden establecer tanto las reparaciones que deberá realizar en el futuro como su costo.

¿Y si el vendedor me dice que me tiene un mecánico buenísimo para el peritaje?

¡¿Usted es pendejo?! Por nada del mundo acepte llevar el carro al mecánico de confianza del vendedor, porque puede esperar ‘acertados’ diagnósticos como: “Uy, ese carro está una chimba y anda como el putas…”. Acuérdese de que estamos en Colombia, papito, no sea ingenuo.

Entonces comprar un 0 kilómetros, además de evitarme un estrés con eso del peritaje, sí puede ser buen negocio…

La época en que comprar carro era negocio terminó con la apertura económica, hace 20 años. Así que si alguien le aconseja que “invierta” en un carro nuevo, mándelo al carajo sin dudarlo. Piense, más bien, que los automóviles son bienes de consumo que, como los artículos electrónicos, pierden valor desde que se adquieren. Ahora, estrenar siempre será una delicia, ¿o no le gusta el olor a nuevo cuando se monta?

¿Todos los carros se desvalorizan igual?

No. La depreciación oscila entre el 10 y el 20 %. Y pilas: los carros de esas marcas demasiado nuevas que comenzaron a verse hace unos pocos años se deprecian más.

¿Pero cuáles carros son los que más bajan el precio con los años?

Algunas camionetas tienen la mala reputación de haber sido usadas por escoltas o agentes del Estado, lo cual les castiga el precio por el maltrato y el dudoso mantenimiento. ¿Acaso le gustaría manejar la camionetota de un guardaespaldas bien brocha o, peor, en la que se transportaba Petro?
Ya que volvimos a las camionetas, ¿con los cráteres que hay en Bogotá mejor compro una todoterreno?

La realidad de las calles prehistóricas de Bogotá es diferente a las de Medellín, las de Cali o las de cualquier otra ciudad. Sin embargo, para las troneras de Bogotá se necesitan vehículos fuertes, con suspensiones, rines y llantas recios que soporten el maltrato. Las camionetas son una buena opción, aunque, si las cosas siguen como van, puede ir considerando más bien un tractor. En todo caso, tanto hueco o reductor de velocidad siempre tiene un efecto perro en cualquier tipo de carro: el siempre inmamable desajuste interior.

¿De verdad sirve la doble tracción de los 4x4 y SUV?

Cuando se trata de pasar por un barrial ni el macho, la doble tracción es indispensable para no quedar ahí atorado. Así mismo, cuando la doble tracción es permanente o AWD (all wheel drive, o sea que todas las ruedas están conectadas al motor recibiendo fuerza), también sirve en calzadas resbalosas. Pero para el tránsito regular, a baja velocidad, por calles pavimentadas, lo único que se logra con un vehículo 4x4 es que consuma más combustible, porque ese mecanismo aumenta el peso del carro y, por más desconectable que sea, el 4x4 siempre está allí instalado sumando kilos.

¿Para qué sirve una ficha técnica?

Una ficha técnica básica tiene varios datos importantes para el conocedor y otros no tanto para el comprador buñuelo. En general, las mejores fichas técnicas son las de las marcas alemanas porque, en lugar de esconder, informan. Así sean vigiladas por la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), me consta que algunas marcas manipulan datos de sus modelos para salir por encima de su competencia. Tanto que recuerdo que en un comité de mercadeo de hace muchos años un carro llegó con una potencia de 147 caballos y salió con 150… Así las cosas, lo mejor para ir a la fija en cuanto a información técnica del vehículo es acudir por internet al mercado de la casa matriz y mirar allí las fichas originales.

Pero estoy leyendo una y no entiendo nada…

Para comenzar, en la jerga automotriz hay chochomil siglas y abreviaturas. Las siglas normalmente se refieren a sistemas del carro (no sea perezoso y lea el glosario que le hicimos, por favor). En cuanto a las abreviaturas de las unidades de medida, no se puede ocultar que en Colombia tenemos un revuelto bastante serio entre el sistema internacional y el sistema inglés, lo cual nos lleva a medir la distancia en kilómetros o el peso en kilogramos, pero a tanquear el carro con galones. De hecho, vivimos en un país tan raro que acá pedimos una hamburguesa cuarto de libra, cuando en rigor, con el sistema de medidas oficial del país (que es el internacional), deberíamos ordenar una impensable cientotrece-gramos… Frondio, como dirían las abuelas de la capital.
¿Qué hago entonces si me dicen que a un carro le caben X o Y litros, pero me toca tanquear en galones?

Como la costumbre es ley, hay que tener claro que por cada galón se cuentan 3,875 litros. Ya las matemáticas le corresponden a usted.

¿Por qué hay motores de carros que se miden en centímetros cúbicos y otros que se miden en litros?

Lo primero que le dicen los vendedores es que tiene motor de 2 litros o 2000 centímetros cúbicos (cc), que es lo mismo: 1 litro = 1000 cc; 2,5 litros = 2500 cc; 3 litros = 3000 cc… Eso, en realidad, no significa mucho, porque así como hay motores con esa cilindrada que generan 150 hp, hay otros que logran 250 hp y más.

¿Hp?

Primero, no haga el chiste flojo que ya hizo todo el mundo con la abreviatura. Segundo, aprenda que, en términos automovilísticos (equinoautomovilísticos, mejor), hp significa horse power o caballos de potencia (no caballos de fuerza, eso está mal dicho). Estos, los hp, indican la posibilidad de lograr altas velocidades. Sepa, sin embargo, que hoy en día los hp son una unidad de medida obsoleta y es mejor medir la potencia en kilovatios (kW) o caballos de vapor (cv, por la sigla cheval vapeur, disculpe usted el francés). Como quien dice, diga que hp es una medida secundaria y el vendedor pensará que usted es un experto y ni a bala se atreverá a tumbarlo.

¿Qué carajos es el torque? Eso tiene que ver con la potencia, ¿cierto?

El torque o par motor es lo que verdaderamente siente el automovilista al manejar: es la fuerza que pone a acelerar el carro y es clave para adelantar tanta tortuga que puebla las carreteras colombianas. Ese torque se mide en newton por metro (N/m), en kilogramo por metro (kg/m) o en libra por pie (lb/f), según el sistema de medición. Pero cuidado, que esos datos por sí solos no significan mucho si no se comparan con el peso del carro (en kg, kilogramos); obviamente, cuanto más liviano, mejor.

Ando en onda verde y quiero un carro que no contamine tanto. ¿Cómo hago para ver eso?

Todos los carros echan humo por el tubo de escape, que viene siendo el popularísimo exhosto (extranjerismo, adoptado con otras palabras gringas como clutch, que en los talleres usan sin problemas). Uno de los gases que más contribuyen al calentamiento global es el CO2 o dióxido de carbono, como usted aprendió en el colegio. Entonces, mientras menos gramos de CO2 por kilómetro recorrido produzca el carro, mejor. Tampoco tiene que hacer un máster en Ciencias Ambientales para entender esto; solo tiene que comparar carros de características similares: compacto con compacto, sedán con sedán, todoterreno con todoterreno… y nunca de la misma manera y en el sentido contrario.

¿Es verdad que un carro con turbo corre más o es lora de las marcas para descrestar calentanos?

Funciona, créalas. Los famosos turbocargadores son, como su nombre lo indica, unas turbinas instaladas en el exhosto que soplan aire fresco del ambiente al motor para aumentar el torque y la potencia. Por eso, un motor de 2000 cc sin turbo apenas logra 150 hp, pero otro con turbo puede llegar a los 250 hp.

Pero me han dicho que el turbo vuelve nada el motor…

No crea todo lo que le dicen por ahí. El turbo se ha venido perfeccionando desde hace muchos años: es carreta que los motores se desgasten más rápido o que pidan más mantenimiento. Como diría mi amigo Barack Obama: bull shit.
¿Vale la pena esperar una feria de carros para comprar?

Es cierto que en las ferias de carros puede haber buenas ofertas. Lo que no nos han contado es que a principios de año, las marcas suben los precios un porcentaje que luego, a medida que corren los meses y llegan las ferias, soportan los descuentos. De manera que no siempre resulta el gran negocio. En otras palabras, si no compra en enero, puede esperar una feria. Pero ojo: vale la pena mirar con detenimiento cada oferta, porque una marca puede quedarse con un inventario poderoso y, en consecuencia, puede preferir castigar sus utilidades feriando los carros —nunca mejor usado el verbo feriar— que quedarse envainada perdiendo plata.
Vea el glosario de siglas automovilísticas para que no se pierda con la ficha técnica.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.