Aquí estamos, respondiendo una pregunta, excusados por el objetivo de cazar clics, a falta de una mejor historia que contar porque se acabó una de las etapas más aburridas e intrascendentes de este Tour de Francia y porque es difícil competir con las fotos de mujeres desnudas que rodean los titulares de este artículo, que unas veces es crónica, otras es análisis y otras –las mejores– solo carreta. (Muchas razones para admirar a Rigoberto Urán)

 Hoy ganó Edvald Boasson Hagen porque, cuando la etapa es plana y no está Kittel, la fuga arriba a la meta con 10 minutos de ventaja, cualquiera tiene opciones de ganar, la clasificación verde está definida y Mattews puede descansar en el lote. Su trabajo está hecho. Solo necesita cruzar la meta de París y pasar por el podio para cobrar su premio. Igual para Barguil, el campeón de la montaña.

¿Pero qué tan definido está el Tour? ¿Qué tan imbatible es Froome en lo que queda de competencia, es decir, en una prueba contrarreloj de 22 kilómetros y medio por las calles de Marsella?

Froome, que es líder del Tour, pero no ha ganado ninguna etapa –cosa normal en el ciclismo– es un deportista a quien le gusta competir. Le gusta pelear el embalaje final de las etapas y acumular victorias parciales; por eso intentará ganar la prueba de mañana. (El ciclista borrachos del Tour de Francia)

Fue tercero en el crono de los Juegos Olímpicos de Río (2016), donde solo lo superaron Fabián Cancellara, una leyenda en este tipo de pruebas, y el viejo y conocido Tom Dumoulin que jamás podremos olvidar.

Rigoberto Urán, en la otra esquina, partirá arropado con las esperanzas de un país que sueña con traer el maillot amarillo que hace décadas merece. Está a 29 segundos de Froome, un tiempo que es posible descontar en una contrarreloj, aunque dependiendo del rival. Contra Froome resultará difícil.

El británico, además, está tan confiado que renunció a atacar en las montañas. Jugó a la defensiva, pensando en que este sábado aumentará las diferencias. Para Froome, el Tour está ganado, como lo está perdido para los otros nueve de la clasificación general, salvando las probabilidades a favor de Rigo que son solo eso: probabilidades.

El margen que tiene Froome es mínimo y quien estuvo atento a estas crónicas desde el comienzo recordará que la contrarreloj de mañana tiene una pequeña trampa: una ascensión de 1,2 kilómetros con una inclinación de 9,5%. Para que nos entendamos, un kilómetro igual de empinado a las últimas curvas del Alto de la Línea, pero corto y, por ende, explosivo. Está ubicado un poco más allá de la mitad del recorrido, puede jugar a favor de los escaladores y equilibrar las diferencias.

Y siendo así, la extrema confianza de Froome también lo obliga a tener un día perfecto, sin pinchazos ni resbalones. De todas formas, vale decir que el Sky es un equipo que prevé todos los riesgos, como también vale resaltar que, mañana, cualquier error puede costar un Tour de Francia. (10 Cosas que usted no sabía del Tour de Francia)

Rigo, a su vez, necesita hacer la mejor prueba contra el cronómetro de su vida, evitar cualquier riesgo y volver a ser el corredor que ya brilló como contrarrelojista en 2014. Ese año en el que sorprendió ganando la contrarreloj de Barolo en el Girto de Italia, para convertirse en el primer colombiano en vestirse de rosa.

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