La etapa de transición que dio inicio a la semana final del Tour de Francia rasguñó el guion de la carrera. El equipo Sunweb, de Michael Mattews, se negó a permitir que el final en embalaje terminara como estaba previsto en el papel. Esta vez no hubo llegada masiva en pelotón completo; esta vez regresó el viento que parecía haber sido desterrado de Francia y esta vez el ritmo del grupo no bajó de los 45 kilómetros por hora, provocando cortes de principio a fin. (El ciclista borracho del Tour de Francia)

La jornada partía abandonando el macizo central francés, con una despedida que incluía la ascensión a un puerto de tercera categoría, empinando como el Alto de Patios, pero con dos kilómetros menos de extensión. Allí se quedó Kittel, sembrado entre los rezagados. Y desde entonces aceleró el Sunweb, que sueña con llevarse la camiseta verde y cerrar el Tour con un doblete: Barguil como líder de montaña y Mattews, como el de la regularidad. De lograrlo, se convertiría en el equipo sensación del año, pues ya tiene en su palmarés la victoria final del Giro de Italia con Tom Dumolin.

Pero hay que volver al Tour, a los kilómetros finales en territorio plano, donde el grupo restante de ciclistas chocaba contra el viento. En este tipo de etapas, rápidas y ventosas, suele ser costumbre que un grupo de pedalistas acelere a fondo para que quienes los siguen pierdan el ritmo de carrera y les resulte imposible seguir el paso. Es una prueba de fuerza para combatir el viento y resistencia para no desfallecer, como si se tratara de correr dentro de una piscina. El primero en arrancar tiene la ventaja. Para ello, sin embargo, debe estar en la punta del pelotón. Y llegar hasta ahí es similar a caminar en medio de la maleza y la hierba alta del monte. Cuesta energía. Se paga con desgaste, pero se cobra con segundos y, algunas veces, minutos de diferencia.

Cuando el Trek de Contador lo intentó, los del Sky tuvieron que tirar las mochilas de alimentación a la cuneta; olvidarse del estómago y concentrarse en las piernas. Aventajaron a los demás en un par de metros, pero fueron neutralizados. Después de ello, a 20 kilómetros de meta, la punta del grupo cambiaba siempre de color: verde limón Cannondale, azul Movistar, albiceleste Ag2R, aguamarina Astana, azul Orica o blanco Sky. Cada resplandor del arco iris producía una disminución del grupo, que de 100 pasó a 50 y, finalmente, se redujo a una veintena de corredores. Ya no habría neutralización de tiempos ni finales insignificantes. La etapa, aunque plana, estaba sentenciada a marcar mínimas diferencias. (Por qué Nairo no ataca aún)

Tiró Froome, ya sin gregarios, y cayó Pantano en la retaguardia. El vallecaucano arribaría a meta con un dolor en la muñeca y 10 minutos de retraso. Pero en ese acelerón, Contador, su compañero, se descolgó del grupo. También Daniel Martin, el irlandés que marchaba quinto en la general y a quien la tercera semana del Tour suele tratarlo mal. El juvenil Meintjes también se metió en la lista de los retrasados. “¿Y por qué estos nombres son importantes?”, se preguntará usted, querido lector: porque cedieron segundos con respecto a Nairo, quien vuelve a meterse en el Top 10 de la clasificación general.

Rigo y Nairo, de hecho, arribaron a la meta con el mismo tiempo de Froome y de Mattews, ganador de la etapa. También lo hicieron Aru y Bardet, por lo que todavía no hay cambios en el podio. Sin embargo, la pelea por el título se cierra, de momento, entre los cuatro primeros, colombiano incluido, justo antes de que la caravana entre al escenario que, desde hace más de cien años, se incluyó para definir cada Tour: las montañas alpinas. La travesía por ese territorio tendrá solo dos etapas que se correrán estos miércoles y jueves. (Muchas razones para admirar a Rigoberto Urán)

La de mañana incluye cuatro premios de montaña, pero no tendrá meta en el Col Du Galibier, sino después de un descenso de 28 kilómetros, una vez coronado ese puerto. Es un buen día para protagonizar fugas históricas y darle la vuelta a una competencia que se creía definida desde el primero de julio. Y puede ser una jornada peligrosa porque tendrá como final un descenso cardiaco y aventurado.

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