Pasaron 14 etapas para que Michael Mattews consiguiera una victoria de etapa. Había sido borrado del embalaje final en Longwy, hace 13 días, cuando Sagan se vistió de verde. Lo intentó en todas las llegadas planas, donde no recibió más que el viento y el polvo que levantaban las ruedas de Kittel en los remates finales. Trató las fugas, pero el lote no dio treguas. (Muchas razones para admirar a Rigoberto Urán)

Hoy, sin embargo, era su día: una etapa de media montaña, de las que más odia Kittel porque le obligan a subir puertos que castigan el peso de sus músculos y lo eliminan de los embalajes; un lote libre de equipos que lo capitanearan, apenas propicio para que el BMC de Greg Van Avermaet –favorito del día– y el Sunweb del propio Mattews impusieran el ritmo. El guion, por supuesto, fue el de siempre: un puñado de fugados que se exhiben durante una aburrida de etapa de transición hasta que el grupo decide apurar el paso. Y el remate final que dispara el estrés y los instintos de los ciclistas.

Pero esta vez la llegada tenía una subida empinada, dura como la rampa que sale de cualquier parqueadero subterráneo de las ciudades colombianas, de 570 metros de largo. La subida pedía un remate que los ciclistas llaman explosivo y que consta de pedaleos de potencia y fuerza bruta, más que de resistencia; un final que imita la batida al pulso de dos fortachones que sientan sus codos sobre la mesa y chocan sus manos dominantes; Ese tipo de remate que es conveniente para los ciclistas que ganan las clásicas de un día. Y en esa lista están Mattews, Greg Van Avermaet o Philippe Gilbert. Pero el día era para el australiano que se cansó de intentarlo en este Tour y que por fin consigue recortarle camino a Marcel Kittel en la clasificación verde de la regularidad. (Rigoberto Urán, bicicleta al hombro)

La sorpresa, sin embargo, fue el corte que produjo el remate final. Fabio Aru cedió segundos importantes que le arrebataron la camiseta amarilla. Entró detrás de Nairo Quintana, quien también cedió dos suspiros. De este modo el amarillo vuelve a Cristopher Froome. El inglés remató con la firme intención de descolgar al italiano y exhibir la mayor debilidad de su rival: la carencia de estrategia y fortaleza de equipo.

Y a rueda del británico entró Rigo, mostrando su verde brillante y ese característico apretón de dientes que, cada día, lo acerca más al podio. El de Urrao queda a 6 segundos de Bardet, tercero, a 11 de Aru, segundo y a 29 segundos del líder del Tour. Es un tiempo tan corto que apenas alcanza para leerse la mitad de esta crónica, pero tan difícil de sumar en una pugna tan igualada como la de 2017. Sin embargo, los mejores días del Tour están por venir y, con Rigo a 29 segundos y Nairo a dos minutos con veinte, hay vida para los sueños amarillos de Colombia y Latinoamérica.

 

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