Soy un cineasta empedernido y trato de no perderme ninguna película de ciencia ficción, y menos del espacio. Pienso que es fantástico que el género atraiga tanto alos directores, porque eso nos conviene a los científicos, que vivimos profesionalmente del espacio y de la física. Entre los filmes más recientes, Arrival (La llegada), Interestelar y El marciano están entre mis favoritos. También me gustó Gravity, pero detesté 2012 con el alma. (Qué se siente... cagar en el espacio)

Gravity

De todas las experiencias que puede tener uno como astronauta, la caminata espacial es la más impresionante y la más peligrosa. Es una actividad en la que se sienten al mismo tiempo claustrofobia (miedo incontrolable a los espacios cerrados) y agorafobia (miedo incontrolable a los espacios exteriores). Esta especie de contradicción se debe a que uno está flotando en medio del universo, pero dentro de un traje encerrado, que, a propósito, cuesta un millón de dólares.

Por eso, una de las escenas que me causaron risa es aquella en la que Sandra Bullock —que se ve preciosa en su camiseta ajustada, prenda que nosotros jamás nos pondríamos bajo el traje— usa un extinguidor de incendios a manera de jet para moverse en el vacío. En principio, la teoría es correcta. Pero en la práctica, lo más probable es que, de haber usado ese ‘extinguidor’, habría simplemente dado vueltas sobre su propio eje. Para que el truco funcione, el aparato tendría que estar milimétricamente situado en el centro de masa de Sandra. Además, las naves espaciales estadounidenses no usan este tipo de ‘extinguidores’.

Pero Gravity acierta en otros detalles de ciencia, como que las estaciones espaciales se salen fuera de órbita y que un satélite destruido puede formar una nube catastrófica de desechos espaciales. Por eso mismo, uno de los proyectos de la Nasa y de otras agencias es intentar atrapar algunos de los trozos más grandes y peligrosos de ‘chatarra’ que andan por ahí. Esto se puede hacer, quizá, con redes magnéticas, aunque por ahí hay otras ideas creativas. 

Arrival

Esta cinta me gustó bastante. Todo el concepto de las comunicaciones y el lenguaje es genial. Por si acaso, Arrival cuenta la historia de unos alienígenas que llegan a la Tierra, por lo que el gobierno de Estados Unidos contrata a una lingüista para que trate de descifrar lo que quieren decir. No soy lingüista, pero tiene mucho sentido que la profesional trate de entender los pequeños trozos de la gramática antes de saltar a querer comprender el mensaje completo, porque el potencial de malos entendidos es enorme. Dentro de mi campo profesional, me llamó la atención lo de la “gravedad artificial” que los alienígenas crearon dentro de su nave espacial para poder conversar con los humanos. Es una lástima que la película no explique la tecnología, que es uno de los grandes problemas que enfrentaremos en la exploración tripulada del espacio a largo plazo.

Aún no tenemos gravedad artificial, porque para crearla necesitamos generar una fuerza centrípeta que nos “pegue” al piso de la nave en movimiento. Para eso, tenemos que poner a rotar la nave entera o al menos parte de ella. Y eso es complicado en un vehículo grande, como los que irían a Marte. Por otro lado, sería sumamente desorientador para un astronauta como yo, que mira por la ventana todo el tiempo. Star Trek lo resolvió al poner “placas de gravedad” bajo los puentes de la nave. Pero nosotros aún no hemos llegado allí. (5 lugares turísticos que parecen de otro planeta y que debe conocer)

Interstellar

Otra de mis favoritas, Interstellar, es de las pocas películas con el coraje suficiente para explorar de forma intensa las misteriosas propiedades de los hoyos negros y los agujeros de gusano, el espacio-tiempo curvo y cómo la gravedad dobla la luz. Aquí, la ciencia manda en todo el filme, porque el respetado astrofísico Kip Thorne, uno de los gurús mundiales en agujeros negros, fue el asesor desde el principio.

Recuerdo haber leído en la revista Wired una entrevista con Thorne en la que él observa la simulación de un agujero negro que inventaron sus ecuaciones y exclama que tiene una exactitud sin precedentes. Tanto, que podría incluso dar luces a la ciencia. Asombroso. 

El marciano

Después está El marciano. Tengo que confesar que cuando leí el libro me gustó mucho. Después de todo, lo escribió un programador de computadores. Pero pensé que la película iba a ser otra más entre tantas que no llegan a ninguna parte. Sin embargo, resultó ser un filme bastante exacto en varios aspectos, especialmente porque el director le pidió a la Nasa que chequeara las escenas para garantizar que fueran realistas.

Para mí, lo más exacto fue el haber destacado los ocho meses que toma viajar entre Marte y la Tierra. También es posible tener plantas en Marte. Además, el “rover” (ese vehículo que se usa en la película para recorrer Marte) es justo en lo que la Nasa está trabajando ahora.

De todas maneras, la película no es perfecta. La escena de la tormenta de polvo no es científicamente correcta, pues la presión atmosférica de Marte es tan bajita y la atmósfera tan delgada que una tormenta de 100 k/h allá es equivalente a un viento de 18 k/h aquí en la Tierra. Además, la escena del despegue de Marte por ahora es imposible. Simplemente no sabemos la logística de un despegue desde ese planeta, que tiene apenas el 30 % de la gravedad del nuestro. De hecho, este es uno de los mayores problemas que tiene la Nasa para las futuras misiones tripuladas a Marte. (Crean en Rusia el verdadero robot de Terminator)

2012

A diferencia de todas las anteriores, creo que todos en la comunidad espacial mundial odiamos 2012. El argumento central de la película es que los neutrinos que llegan a la Tierra provenientes del Sol están cocinando el núcleo terrestre y esto causa terremotos y huracanes. Pero sucede que los neutrinos son partículas neutras —como su nombre lo indica— que no interactúan con nada físico. Es decir, que todo es totalmente imposible. Por eso, la Nasa tildó la película de “absurda” y la criticó por asustar y desinformar a la gente.

¿Y Life?

Ahora ando preguntándome cómo será Life, que todavía no he visto. Esta película cuenta la historia de una muestra de suelo marciano, recogida por una misión espacial, que contiene un microbio capaz de tragarse a todo el mundo en la nave, o algo por el estilo. Ojalá no sea un monstruo de caucho sino un organismo microscópico, que sería lo más realista. Tengo entendido que Life también usó asesores biomédicos que han entrenado con la agencia espacial. Habrá que ver.

Esta cinta me interesa especialmente porque la Nasa está trabajando activamente en traer a la Tierra muestras de material no solo de Marte, sino de algún asteroide. Y la posibilidad de contaminación es algo que llevamos estudiando desde hace décadas. De hecho, el presidente Donald Trump incluyó en marzo, dentro de una ley que detalla el camino que la Nasa debe seguir a largo plazo, la misión de traer muestras marcianas. Y eso le tocará muy de cerca a Catharine Conley, la encargada de la “protección planetaria”, es decir, la persona que debe garantizar que los microbios de otros mundos no lleguen a la Tierra y viceversa. Ese trabajo es casi tan emocionante como el mío. (Cuánto gana...Un astronauta)

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