No es precisamente una delicadeza de la ingeniería automotriz norteamericana —quien sube a una Ford F-150 siente que sube a un camión—, pero sí uno de los mejores exponentes de su dilatada historia, y sin duda uno de los más vendidos. Sus casi seis metros de largo y dos y medio de ancho podrían tumbar una pared y salir ilesos, aunque la idea al comprar esta joya no es destruir todo a su paso.

Pero esta fortaleza de cuatro llantas (el eslogan en Estados Unidos es "Like a rock") tiene también detalles de fina coquetería como ajuste eléctrico para el asiento del conductor, volante forrado en cuero y un escalón para que los mas bajitos —y los más flojos también— accedan al platón.

Mecánica a un lado, en el juego de palabras hay algún parecido con el F-16, uno de los aviones de guerra más famosos. Sin embargo, ya quisieran los señores de la fuerza aérea norteamericana tener entre su flotilla una máquina como la F-150.

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