La carta de La Fragata ofrece sopas, entradas frías y calientes, arroces, pescados, langostinos y langostas, carnes y postres, todo entre 18 y 93.000 pesos. Comenzamos con una picada St. Marteen para dos personas. Muelas y palitos de cangrejo, camarones y pulpo en mantequilla de ajo, acompañados de unas hojuelas de papa muy sabrosas. Todo en La Fragata es una puesta en escena, desde que usted llega al edificio hasta que sale —hay que recordar que es giratorio, algo único en la ciudad—. Un camarero de chaqueta con botones dorados dispuso cerca de nuestra mesa un carro con un infiernillo, y ahí preparó la entrada con mucha pompa. Estaba buena aunque nada del otro mundo, y nos pareció pequeña para dos personas. Además, la gran cantidad de mantequilla ahoga la frescura de los mariscos.

Pero pronto llegaron los fuertes y las molestias se esfumaron. Estercita se decidió por unos langostinos a la criolla y yo pedí unos tres fragatas. A la criolla quiere decir con un guiso suave a base de tomate, cebolla, pimientos y ajo: clásico y delicioso. Los acompañan con arroz blanco y un patacón que parecía hecho con oro: dorado, tostado, glorioso. Tristes los países que no tienen plátanos. Los langostinos tres fragatas se componen de tres langostinos medianos en salsa de cangrejo y vino blanco, otros tres en una salsa a base de curry, vino blanco y estragón -es la salsa "Fragata"—y dos gigantes apanados con coco. Vienen con arroz de coco, espinacas al vapor y puré de papa con queso. Por tamaño, variedad y sabor es un plato completo para un goloso, pero todos los aplausos se los llevaron los langostinos apanados con coco: perfectos. De postre pedimos el emblema de la casa, praliné con nido de caramelo: una obra de arte de la repostería y la arquitectura, pues su sabor es incomparable y su presentación, hermosa.

La comida de La Fragata es exquisita aunque algo demodé: salsas gruesas, presentaciones abundantes, poco equilibrio entre nutrientes. Cuidado, no estoy diciendo que está mal, solo que conviene conocer ese estilo de comida e ir con el estómago fuerte. Pensaría uno que con la billetera también fortalecida, pero no: al final la cuenta exhibe un precio más que justo para lo que ofrece este sitio: excelsa atención y comida rica. Nada más ni nada menos.
 
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