1. Estar cómodo en la silla:

A menos que usted duerma en una garita o sea un contorsionista profesional, tenga por seguro que nunca va a estar cómodo. Las sillas de los aviones están hechas para tener poca espuma, tornillos salidos y una mesita que se caerá constantemente sobre sus piernas, despertándolo cuando creyó haber logrado conciliar el sueño.

2. Lidiar con su vecino:

Viajar largas distancia con un desconocido al lado puede ser todo un desafío, pues usted tendrá que luchar sutilmente por conquistar el territorio de al menos uno de los 4 apoyabrazos que están disponibles para las 6 extremidades de quienes van sentados en la fila. Si no quiere hacer enemigos ni untarse del brazo sudoroso de su vecino, aproveche cualquier distracción para conquistar el terreno.

3. Comer:

Vamos a ser lo más directos posibles; a menos que usted viaje en primera clase, le tocará comer poco y mal. En todo caso tenga cuidado al abrir esa latica que recubre los platos, puede terminar cortándose o ampollándose, debido al infernal vapor que sale de su interior. Al tomar su bebida, dosifique bien sus sorbos. Una vez las azafatas hayan pasado por su lado no volverán sino hasta dentro de 40 minutos y bajarse unas achiras a punta de babas es todo un reto.

4. Los bebés:

Sentimos desilusionarlo, pero si le llega un fuerte aroma una vez recogida la comida –sin que de inmediato pueda definir si es de su agrado o no-, probablemente sea un pañal listo para cambiar. Si logra identificar al bebé ayúdele a la madre lo más rápido posible para evitar que al infante le dé pañalitis y llore el resto del vuelo.

5. Ver la película:

Justo cuando los televisores bajen del techo sonando como un robot oxidado y en cada una de las pantallas expuestas esté la película un poco más descolorida que en la anterior, usted recordará sus viajes en flota. Trate de hacer un esfuerzo por entender los diálogos, pues los audífonos que le darán no son muy buenos. Si está sentado al lado de la turbina se sentirá viendo una película de Charles Chaplin.

6. La turbulencia:

Los pilotos dicen que no hay que preocuparse cuando el avión se sacude, hay que hacer de cuenta que es como cuando un carro coge un hueco. Sólo se les olvida que están a 10 mil pies de altura. Aunque es cierto que la mayoría de los accidentes ocurren al despegar y al aterrizar, cuando usted menos lo note y atemorizado después de una sacudida súbita, usted podrá estar clavándole las uñas al vecino, un ex Marine norteamericano entrenado para matar.

7. El baño:

Si usted mide menos de 1.70, es esbelto y flexible, entrar al baño no será ningún problema. Pero si usted es una persona promedio se sentirá entrando al baño de Barbie cada vez que ingrese a esos diminutos cubículos sin ventilación donde más de un centenar de personas hace del cuerpo. El inodoro tiene secciones que el agua no alcanza a lavar, y lo más probable es que su antecesor le haya dejado un regalo aterrador. Trate de mirar para otro lado, no respirar, y lograr salir con los zapatos secos ante las agitaciones de la aeronave.

8. Entenderle al piloto:

No lo va a lograr. Si le va bien alcanzará a entender que están próximos a llegar, pero sin asegurarse a dónde ni dentro de cuánto. El piloto primero hablará en el idioma de la aerolínea, luego en inglés, seguido de cualquier otro lenguaje, pero usted no podrá diferenciar uno del otro. No pierda la cabeza tratando de entender lo que dijo y no le pida que lo repita más claro; los pilotos no tienen que ser buenos oradores, deben ser expertos en aterrizar.


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