A ustedes les consta que SoHo nunca se ha metido en política. Quiero decir: en estas páginas han sido invitados muchísimos políticos, y en ediciones anteriores uno puede encontrar ejemplos memorables: Navarro Wolff alguna vez escribió lo que se sentía vivir sin una pierna; Lucho Garzón recordó los tiempos en que era caddie de golf; el presidente López escribió cómo es la vida a los noventa años; el presidente Turbay hizo un recuento de su colección de corbatines; Gaviria, Samper y Pastrana contaron cómo fue, desde un ángulo humano, su peor día de gobierno; algunos políticos hicieron las veces de apóstoles en la ya célebre recreación de La última cena que la revista publicó en la edición 64; Carlos Gaviria se disfrazó de Papá Noel para hacer una crónica navideña. Y hasta el presidente Uribe escribió en exclusiva para SoHo un poema que increíblemente no alcanzó a afectar su popularidad. Han escrito, y escriben, políticos; pero jamás de política. Es nuestra regla de oro. Inevitablemente mostramos una cierta ideología: no se puede hacer una revista de vanguardias, por ejemplo, y a la vez tener prejuicios sobre el cuerpo humano. Y tampoco podemos negar que hemos dado peleas importantes por la libertad de expresión, el respeto a la diversidad sexual y las libertades individuales, en general, en medio de una sociedad retrógrada. Pero, en términos generales, jamás tomamos partido político.

Esta vez, sin embargo, no pudimos resistirnos a la idea que nos planteó María Fernanda Valencia, una abogada javeriana de 42 años, madre de tres hijos, que alguna vez presentó la sección 1, 2, 3 de CM&, y que una mañana reciente amaneció con el deseo inmodificable de ser representante a la Cámara. Ella misma me llamó cuando comenzábamos a preparar esta edición para plantearme una idea original: dar un golpe de opinión para darse a conocer prometiendo que, de ganar las elecciones, se desnudaría en la edición de marzo. El trato era ofrecerle una portada previa, en la que ella pudiera salir vestida y explicara en una entrevista por qué quiere ser congresista. Acá se la presento. Se lanza a la Cámara de Representantes por Bogotá, por el Partido de la U, y su número en el tarjetón es el 104. Esta es nuestra candidata, con todas sus preguntas y todas sus respuestas.

Arranquemos por lo primero: ¿cómo es su promesa de que saldrá desnuda en la próxima edición de SoHo si queda elegida?

Así como suena. Se me ocurrió esa idea porque aspiro a la Cámara de Representantes por Bogotá. Necesitaba una idea sonora, y se me ocurrió esta, que además de divertida tiene una característica poco común, y es que antes de posesionarme ya habré cumplido con lo que les prometí a los electores.

¿Qué tan desnuda va a salir?

Pues desnuda: ¿no saben acaso ustedes, aquí en SoHo, cómo es una mujer desnuda?

¿Y no teme que no la tomen en serio por hacerlo?

Yo lo veo de dos maneras: una práctica y otra de compatibilidades. La práctica es que aspiran 229 personas a la Cámara. Es un mar de candidatos. Uno debe hacerse notar en menos de ocho semanas. Si no se me hubiera ocurrido lo del desnudo no estaría haciendo ni esta entrevista, ni todas las que ya he dado. Y desnudarse, a mi juicio, no tiene nada de malo. Malo todo lo demás: pactar con caciques, hacer promesas en los barrios del sur, recibir dinero del narcotráfico, hacer pactos con los paras, y tantas cosas que hacen tantos políticos y ante las que nadie se ha escandalizado, al menos no tanto como con mi posible desnudo.

Es decir: ¿lo justifica diciendo que es una forma de hacer una campaña no muy costosa y limpia y ya?

No, y ya, no. Jamás me desnudaría simplemente por llamar la atención, como una loca y de cualquier manera. Este desnudo es el primer paso para desnudar una realidad política, unas propuestas. No quiero sonar irrespetuosa, pero para ser clara no me desnudaría en El Espacio. Y tampoco quiero sonar sapa, pero la verdad es que me identifico con algunos valores de SoHo: me identifico con cierto sentido de la irreverencia, con cierta capacidad para confrontar la pacatería de la sociedad que tiene la revista. Y, claro, con su estética. Yo aprendí en la Javeriana que la ética y la estética van de la mano.

Pero ¿no le parece que es un poco frívolo desnudarse para ganar votos?

No creo que la frivolidad dependa del desnudo en sí. ¿Le pareció frívolo Mockus cuando consiguió que un auditorio estudiantil hiciera silencio bajándose los pantalones? Desnudarse es una manera de llamar la atención, de hacer que vean el mensaje; pero no es el mensaje mismo. Hacer un desnudo no es mi propuesta legislativa, pero sí es una manera de darla a conocer. De ninguna otra manera habría logrado poner tantos reflectores en mí para hacer visibles mis propuestas.

Sí, pero una mujer como usted, que pertenece a una de las mejores familias de Cartagena, ¿no cree que podría hacer política de una manera no tradicional sin necesidad de desnudarse? ¿No cree que esta idea le da prensa, sí, pero la iguala a figuras medio folclóricas en el mundo político, como Aura Cristina Geithner, o el celador que se lanzó al Senado, o el Tino Asprilla?

Precisamente por eso, por haber tenido la oportunidad de crecer dentro de una familia que me enseñó el respeto por la libertad y los verdaderos valores y, sobre todo, la importancia del servicio social, fue que se me ocurrió esta idea. Si se me hubiera ocurrido otra, la habría hecho. A Íngrid, en su momento, se le ocurrió regalar condones. A mí se me ocurrió esto. Por lo demás, tengo claro que soy una mujer profesional, ejecutiva, seria, que pienso que la única manera de hacer política no es subiéndose a una tarima para echar un discurso.

¿Y lo de hacer parte del grupo de candidatos chistosos no le angustia?

Si se trata de hablar de candidatos folclóricos, los prefiero a muchos tradicionales que si uno ve los resultados serán muy serios, pero han hecho mucho daño.

Le leo algunos mensajes que han dejado diferentes foristas cuando publicamos la noticia de su posible desnudo: "Qué horror, esta es la Cicciolina, cambiando votos por tetas"; "cuál es el mensaje a la juventud, ¿que hay que prostituirse para llegar al poder?"; "qué pesar pensar en lo bajo que hemos caído. Lo que hacía falta era esto": ¿no le parece que le está saliendo muy cara la idea?

La verdad, poco me importan esas críticas: ¿dónde están esas personas para protestar por asuntos de la política que sí son graves? Se están lanzando los parientes de todos los parapolíticos presos; se lanza el hijo de 'la Gata': ¿qué se hicieron esas personas que están aterradas por mi desnudo para protestar por todas esas cosas que de verdad son inmorales? Las personas que se escandalizan porque yo salga en SoHo de todos modos no habrían votado por mí. No creo que yo sea la indicada para representarlas.

¿Y esos mensajes no le duelen, en el fondo del corazón?

Vi algunos. Eran muy hirientes. Casi todos eran firmados por hombres y la verdad no me extraña: hay hombres que viven señalando a las mujeres por lo que piensan, por lo que sienten, por cómo se visten y porque se desvisten… Pero yo me siento muy fuerte para enfrentar ese tipo de machismo.

Este es un país en el que abunda la doble moral. Pero, justamente, ¿no cree que por culpa de esa doble moral puede salir sacrificada?

Le digo la verdad: si me toca enfrentar la doble moral de esta sociedad, lo hago con gusto. Y es un honor que personas que se escandalizan con un desnudo, pero no con asuntos terribles que día a día pasan por sus narices, no voten por mí.

Usted dice que su propuesta es un atajo publicitario que le permite saltarse esa forma tradicional de hacer política, que es tan sucia. Pero en La U, el partido por el que se inscribió, no es que haya muchos angelitos…

Ni en el resto de partidos. Aquí la política no la han hecho los angelitos, para nuestro pesar. Y así como hay gente en La U que no me gusta, creo que lo mismo encontraría en el Polo, en el Partido Liberal, en el Conservador: en todos. Como sea, no se preocupe por las opciones de La U que no le gustan sino por las que le gustan.

Algunas feministas la han acusado de banalizarse, de convertirse en un objeto sexual con tal de ganar algo de popularidad, lo cual, según ellas, les hace mucho daño a las conquistas que ha conseguido la mujer: ¿qué opina?

Es que a veces hay pocas cosas menos liberales que una feminista ortodoxa. Se lo respondo así: lo importante es que yo no me siento como un objeto sexual. No me molesta tener empaque bonito si eso ayuda. Ahora: nunca le he reclamado a una feminista férrea que no se haya desnudado en una campaña, como para que ella me reclame a mí por hacerlo. Soy una mujer libre. Sería igual o peor de objeto si me dicen "no lo haga" y yo no lo hiciera por miedo o por obedecer.

A veces es más fácil saber cómo es una persona por sus opositores que por sus amigos. Dígame con quiénes sueña que no voten por usted…

Pues esos que creen que el mal mensaje a la juventud es desnudarse, y no comprar votos o hacer alianzas macabras. Los que aún se escandalizan con una teta pero no por la desigualdad social, las masacres o las malas prácticas de los políticos.

Le digo nombres y usted me dice si le gustaría que votaran por usted.

A ver...

Su marido.

Es mi principal elector.

¿Y no se pone celoso?

¿De qué? ¿Es que voy a hacer algo malo? Llevamos juntos 22 años. Creo que le molestaría más que mis propuestas fueran malas, a darlas a conocer de manera polémica.

Sus hijos.

No pueden votar, pero votarían por mí.

¿No teme que se la monten sus compañeros en el colegio porque su mamá salió empelota?

Siempre podrán mirar de frente a quien quieran porque su mamá no hizo nada malo: no pactó con políticos macabros ni se ensució para llegar al Congreso. Salió desnuda, pero ellos fueron educados por mí y sabrán el contexto y la causa del desnudo, y entenderán el mensaje. Y si salgo, recuerdo que esta revista es para adultos; espero que los compañeros de ellos no la vean y que si alguien se la muestra cuando crezcan no sean tan godos, o tan bobos, como para no entenderlo.

Ya que habla de godos: ¿quiere que el procurador vote por usted?

No me interesa el apoyo de todo aquel que se escandalice más con los pechos que con los cohechos.

¿Florence Thomas?

Ojalá votara por mí, pero sin regaños. Alguna vez me regañó por esta idea de desnudarme. Me dijo que ella lo había hecho pero a los sesenta. Yo le dije que prefería hacerlo a los cuarenta.

¿Nicolás Uribe?

Ya ve usted que no me choca: me parece un tipo joven pero con carácter. Aunque con algunas posiciones suyas no estoy de acuerdo, me parece refrescante y honesto.

¿Armando Benedetti?

Tampoco me choca. Está en una línea moderna del uribismo que me gusta.

¿Dilian Francisca?

Desde que hizo su campaña contra el cáncer de seno me cayó bien.

¿Monseñor Rubiano?

Ja, ja: ese sí le aseguro que vota por mí.

¿Amparo Grisales?

Bienvenidísimo su voto.

¿José Galat?

Dios lo libre de votar por mí.

¿Enrique Gómez?

Mejor que vote por Miguel Gómez.

Voy a hacerle preguntas que miden su ideología. ¿Qué piensa de la despenalización de la dosis mínima?

Estoy de acuerdo por varios motivos. Primero, filosóficos, porque cada quién verá qué hace con su salud; segundo, prácticos, porque la única manera de acabar con el narcotráfico es la legalización. Por lo pronto, penalizar el consumo mínimo me parece perseguir a la víctima de la droga y atentar contra la libertad individual.

¿Qué opina del matrimonio gay?

Si dos personas del mismo sexo se quieren casar, pues que se casen. Cada quién verá con quién se casa. No entiendo cuál es el problema ni en qué nos afecta a los demás.

¿Y del aborto?

De acuerdo, en los casos que la ley lo indica. Por principio filosófico, creo que las mujeres deben decidir sobre su cuerpo: no la Iglesia, ni un procurador, ni nadie más. Si fueran los hombres los que quedaran embarazados hace rato sería legal.

¿Y de la pena de muerte?

Como leí alguna vez que decía Antonio Caballero citando al mayordomo de la finca de su papá: yo sí estoy de acuerdo con que la quiten.

Perdóneme, pero ¿qué diablos hace usted en La U?

¿Por qué?

Porque usted es liberal…

Mire: yo creo en las libertades individuales, en la libre empresa, en la libre expresión. Pero también creo en un principio de autoridad que se había perdido y que Uribe trajo de regreso. Creo en endurecer ciertas penas, creo que es fundamental poner orden; creo que es clave no dejarse "mamar gallo" de la guerrilla. Y creo que todo eso también lo representa Uribe.



¿No le parece en todo caso que tiene más puntos de unión con partidos más amplios de mente que con La U, que es tan de derecha?

Cero. Hay un uribismo agropecuario, muy religioso y bastante conservador con cuya estética, con cuyos juicios morales, no suelo identificarme. Pero creo que represento a un uribismo moderno, urbano, curado de espantos, que entiende que no se necesita ser del Opus Dei para apoyar con vehemencia al presidente Uribe y sus buenas políticas de seguridad.

¿De verdad cree que al presidente Uribe, con lo godo que es, no le molesta su propuesta?

Eso se lo tendría que preguntar a él, pero espero que no. No creo que la única manera de ser uribista sea parecerse al ministro de Transporte… Uno puede ser moderno y ser uribista; leer SoHo y ser uribista. Incluso salir en SoHo y ser uribista.

¿Por qué se alió con Jairo Clopatofsky y no con otro candidato al Senado?

Porque es el que más me gusta. Trabaja en temas de responsabilidad social como pocos, y eso me encanta. Es honesto, es transparente. Y será un honor apoyarlo en los otros temas que le interesan, como no hacer una ciudad excluyente con los discapacitados.

¿Está de acuerdo con la reelección?

Sí: apoyo al presidente. Me parece que este país es uno antes de él, y otro después de su presidencia, y que su política de seguridad marcha por buen camino y es clave para empezar a componer nuestros problemas. Imagínese este país sin guerrilla. Ya estamos cerca. Por eso no podemos dar ningún tipo de timonazo.

¿Pero no le parece que una nueva reelección destroza las instituciones?

Es que si se da la tercera reelección es sin violentar ninguna institución. Téngalo por seguro que el presidente no va a forzar la institucionalidad o a violar la ley para quedarse en el poder. Si los tiempos se dan, y se dan las circunstancias (la ley, dios y el pueblo), perfecto; de lo contrario, él se va.

¿Y si se va?

Pues ahí sí seguiremos con su legado en manos del mejor líder que lo pueda llevar a cabo.

No me diga que Uribito…

No. Yo soy de La U.

¿Entonces?

Juan Manuel Santos. Me parece que es el hombre cuando el presidente no siga.

¿Y entre Uribe y Juan Manuel?

Es una pregunta muy difícil. Confieso que, aunque quiero mucho al presidente, con Juan Manuel me es más fácil identificarme en algunas cosas. Es más moderno. Pero una de las cosas que nos unen a ambos es nuestra profunda admiración por el presidente.

Bueno, ya más allá del desnudo, díganos qué nos espera si votamos por usted: ¿qué nos ofrece?

Muchas cosas, pero empecemos por mi talante. A mí me preocupa cierto brote oscurantista que está apareciendo en la sociedad últimamente. Mire nada más lo que le ha pasado a esta revista: el actual procurador los demandó por una parodia de La última cena; hay una congresista, Claudia Castellanos, que en lugar de dedicarse a temas importantes, está gestionando una ley para que revistas como esta vayan tapadas en el punto de venta. Este tipo de cosas uno sabe cómo empiezan pero no cómo acaban. Cuando la gente trata de imponerle su propia moral a la sociedad en cualquier momento caemos en un Estado totalitario. Esto es un viaje al pasado. Yo quiero representar a los que se oponen a eso, a los que se oponen a que volvamos a una sociedad tan oscurantista como muchos quieren. Hundiré con todas mis fuerzas toda ley que recorte las libertades individuales. Cuanta ley haya que atente contra la libertad de expresión, será atacada por mí con mucha vehemencia. Toda ley que confunda moral con ética, o religión con Estado, encontrará en mí a su peor enemiga.

Vamos a ideas concretas. Hablaba usted en algunas entrevistas de sus ideas para proteger a las mujeres. ¿Cuáles son esas ideas?

Cosas muy concretas: para empezar, doblar la licencia de maternidad; que las mamás puedan quedarse con sus bebés al menos seis meses, hasta que ya la lactancia los haya fortalecido. Lo mismo con los papás: ahora, por la Ley María, pueden quedarse una semana. Mi idea es que puedan ayudar en la casa al menos un mes. Y para proteger a las mujeres del abuso cotidiano, quiero importar la exitosa idea de los taxis y articulados rosas que hay en México: medios de transporte exclusivos para las mujeres, lo que representa, sobre todo a determinadas horas de la noche, una tranquilidad para ellas.

¿No le parece que eso es una discriminación al revés?

Pero es práctico. Usted no sabe qué es ser mujer. Nosotras padecemos un abuso cotidiano inaceptable. En Colombia existe con plena impunidad una cultura del manoseo, y el primer paso es abrir espacios seguros para las mujeres. ¿Puedo seguir con las demás ideas?

Por favor…

Bien: también pienso pasar una ley contra el maltrato intrafamiliar, que es mucho más común de lo que uno cree: ante el caso de un marido que le pegue a su mujer, el Estado debe hacer que ese marido pague penas verdaderas, indemnice económicamente a su esposa y le otorgue a ella el divorcio de manera expedita.

Hago de abogado del diablo dos veces. Va la primera: ¿no cree que por tratar de ayudar a las mujeres duplicando la licencia de maternidad, las termine afectando sin querer porque ahora ningún empresario quiera contratarlas?

Esa manera de pensar es inaceptable. ¿Qué tipo de sociedad queremos hacer, una en la que prime qué? Si el criterio económico es el que vale, entonces reduzcamos la licencia de maternidad a un mes, para que los empresarios puedan ganar más plata. Hay cosas que deben estar por encima de los intereses económicos, como esta. Somos diferentes a los hombres. Tenemos hijos. Los criamos. Necesitamos fortalecerlos y darles la lactancia necesaria para que, entre otras, cuando crezcan, y sean empresarios, tengan el corazón suficiente como para no ser empresarios machistas que no entiendan que una mujer que cuide a su bebé más tiempo es una mejor ciudadana, una mejor empleada, y su hijo, un mejor ser humano.

Y la segunda vez que hago de abogado del diablo: ¿no le parece contradictorio defender a las mujeres y a la vez desnudarse en SoHo?

Buena pregunta. No faltará el retrógrado que piense eso, que piense que si violan a una mujer con minifalda es culpa de la mujer, por ponerse la minifalda. Mire: yo me desnudo porque quiero. Soy una madre de tres hijos, tengo 42 años y me siento orgullosa de mi cuerpo y segura de mí misma. No creo que por el hecho de salir desnuda alguien tenga el derecho de irrespetarme. Creo que si el que se desnudara fuera un hombre, a nadie se le ocurriría pensar que es una cosificación del género masculino: ¿o ha oído que le digan "perro", "zorro" o "zángano", como me han dicho a mí en algunos foros, a Scott Brown, el senador de Massachussets que salió desnudo en una revista?

Vamos con sus propuestas ecológicas, que me dice que son centrales.

Sí. No le voy a echar carreta de por qué es tan importante la ecología porque creo que eso ya lo sabe. Le digo mis ideas concretas: voy a apoyar la construcción de un parque lineal que atraviese los cerros. Es un gran corredor ecológico para que los bogotanos salgan en familia y se apropien de los cerros. Los cerros deben ser el mar de Bogotá.

¿Y no cree que construir un parque es el primer paso para que terminen construyendo todos los cerros?

A eso voy: me comprometo a proteger los cerros; a blindarlos para que los constructores no nos dejen sin ellos. El corredor ambiental es una manera de hacerlo. Me lo imagino con corredores para trotar, con ciclorrutas destapadas; con lagos; con puntos para hacer deportes extremos; con estaciones. Además, creo que a través del parque y sus estaciones uno puede ir desarrollando sistemas tipo Metrocable para que además ayuden al sistema de transporte bogotano. Todo esto con una legislación que impida por encima de todo la construcción. La ciudad no puede crecer hacia los cerros. Es matarlos. Y los cerros son lo mejor que tiene la ciudad.

¿Qué pasa si pierde las elecciones?

Pues, entre otras cosas, que no salgo en la revista. No me parece mal, pero tampoco es que tenga todas las ganas del mundo.

Hagamos algo: así no gane, la invitamos a que sea la portada de nuestra siguiente edición…

No, mi querido Daniel: te lo agradezco, pero no. No creo que desnudarse sea un delito. Pero ya he dicho que prefiero ser yo quien utilice a la revista, a que sea la revista la que me utilice a mí.

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