1. Catadores de axilas
Sí, hay gente que se pasa la vida oliendo la axila sudada del prójimo con una misión muy importante: saber cuál es la fórmula de desodorante más efectiva. A estos héroes universales anónimos no se les hace mucho reconocimiento, pero gracias a su sacrificio de meter las narices donde nadie los ha llamado podemos decir que la humanidad ha avanzado cientos de años para procurar el buen olor ante todo.


El lado bueno: Sería una falta de indecencia no tener una dotación vitalicia de desodorante haciendo este tipo de trabajo. Al menos, los malos olores propios dejarán de ser una preocupación.

2. Operarios de parques de diversiones
¿Podría uno imaginarse que haya alguien realmente aburrido, cansado, o indiferente en un parque de diversiones? Seguro en alguna de esas tres opciones clasifican los tipos que aprietan un botón o halan alguna palanca para que todo cobre vida.

No solo ya deben conocer hasta el hastío cada montaña rusa y cada carrusel, también están las eternas filas de gente emocionada o enojada, los niños que hacen berrinches porque no pueden pasar todavía, y demás gajes del oficio.

El lado bueno: No sería descabellado pensar, como buen colombiano que todo lo quiere gratis, que a algunas boletas tendrá derecho. Y lo más importante, sin filas.

3. Salvavidas de los olímpicos
Uno de los mejores talentos al descubierto que dejó Rio2016 es el de los salvavidas que están a la espera de alguna emergencia en la piscina de unas olimpiadas de natación.

¿Hay necesidad de recalcar el absurdo? Por más protocolario y defendible que sea, no se sabe que es peor: que no pase nada –que en efecto es lo que sucede- o que, de hecho, haya que entrar en acción y, ante la mirada de todo el mundo, a estos inesperados sujetos les toque proceder a salvar del agua a personajes como Michael Phelps, que seguramente algo podrá hacer por su propia cuenta. No hay necesidad, ya lo hemos dicho.


El lado bueno: nunca va a pasar nada y, al menos, ve en puestos de lujo la gloria de las mejores competencias de los Olímpicos.

4. Conductor del carrito de lesionados del estadio
De todos los carros que usted desearía manejar, con toda seguridad, en su lista no se le ha ocurrido incluir ese raro espécimen de la industria automotriz.

¿Qué clase de pase hay que tener para hacerse a uno?, ¿Qué normas extrañas de conducción hay que seguir? Y sobre todo, contrario a la adrenalina que puede producir manejar una ambulancia ¿Qué emoción hay en ese paso lento y desesperante que irrumpe el partido en su mejor momento? Ganarse la mirada y las puteadas de un estadio a reventar por hacer lo correcto no debe ser cosa fácil.


El lado bueno: En caso de que no haya que entrar en acción, al menos se ve el partido en un buen lugar.

5. Guardia presidencial
Se requiere mucho amor a la patria para estar de pie y sin mover un dedo ante una puerta que nadie puede tocar y de la que tampoco nadie va a salir. Ya se sabe que ahí vive el presidente, o la reina, o el primer ministro, o el que sea que mande en el país pero, ¿en verdad necesitan que un par de pelaos se pasen todo el día haciendo un maniqui challenge que no va a verse en redes sociales? ¿Los ha saludado alguna vez el presidente, al menos?

El lado bueno: seguimos buscándolo.

6. Aseador de zoológicos
Ame o deteste los zoológicos, es importante saber que hay alguien literalmente detrás de cada animal limpiándole las suciedades. Conocer el reino animal debe ser fascinante, siempre y cuando no sea el lado oscuro del reino: su retaguardia. Por más vocación de cazador de cocodrilos que tenga, no debe ser nada emocionante recoger, día y noche, los excrementos de cada especie, por más diversos que sean. Y ni hablar de los olores.


El lado bueno: debe haber alguna clase de conexión especial que se desarrolle con los animales de tanto limpiarles el culo.

7. Los cobradores de los peajes
Está parado o sentado todo el día en un cubículo de 2 por 2. Ve carros que nunca va a manejar todo el día y, claro, soporta el humo que dejan al pasar. La conversación más larga que tiene es un “buenos días, tardes, noches”, según la hora, cada minuto. Y claro, recibe y cuenta cantidades de plata anormales durante todo el día que, por supuesto, no va a ser suya.

A la hora del almuerzo, no hay otro lugar donde comer más que ese puesto en el que ha estado todo el día, porque está en medio de la nada. Con suerte, puede tener señal de celular. ¿Necesita más razones?


El lado bueno: esperamos que, al menos, no les toque pagar el peaje en el que trabajan.

8. Los que sostienen las sombrillas de los famosos
Por último, no hay que olvidarse de esos sujetos que siempre vemos detrás de alguna celebridad de todo calibre, corriendo como una chaperona con sombrilla en mano para proteger a las estrella de la lluvia, sacrificando su propia integridad, sin dar su brazo a torcer. Para algunos es humillante, para otros, innecesario.

Algunos hacen mucho más que sostener la sombrilla (también sostienen las colas de los vestidos largos, abren las puertas de las limusinas, es decir, son sostenedores de sombrillas venidos a menos) pero en el caso de celebridades asquerosamente ricas, son contratados con la única misión de velar por ese importante accesorio. Es excéntrico, pero cobra sentido si se recuerda que no hay oficinista en Bogotá que no se enoje cuando no encuentra la sombrilla en medio del aguacero después del corrientazo. Si pudiéramos, Todos tendríamos a alguien que nos lleve la sombrilla.

Pero, en el mejor de los casos, usted sería el que le lleva la sombrilla a alguien, ya sea su novia o su suegra: elija. Y pensar que hay gente ganando plata por esto.


El lado bueno: Dependiendo de la celebridad, valdría la pena. En cualquier caso, ganan más plata que usted. Y no llueve todos los días.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.